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El Gobierno de Dilma Rousseff aparentó ayer haber retomado en parte la iniciativa perdida, al reunirse con los líderes del Congreso para impulsar sus nuevas medidas de ajuste y al gestionar un esperado respaldo de referentes de los partidos que componen la base aliada contra cualquier aventura destituyente.
Al recibir a los jefes del Poder Legislativo, la Presidenta aseguró que estará “atenta a todos los intentos de provocar inestabilidad”.
En tanto, legisladores pertenecientes a seis partidos de la base que, se supone, la respalda, incluidos el de los Trabajadores (PT) y el del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), declararon su “firme y decidido apoyo al mandato legítimo de la presidenta Rousseff, que se extinguirá solo el 31 de diciembre de 2018”. Una forma de saber cuándo uno está en problemas es cuando tiene necesidad de salir a afirmar lo obvio.
Toda esa gestualidad apuntó, por lo pronto, a que el Congreso vote las disposiciones del nuevo paquete de ajuste, valuado en 17.000 millones de dólares y destinado a forzar un superávit fiscal primario de 0,7% del PBI en 2016. ¿Forzar? Claro. ¿A quién le gustan los ajustes? Los empresarios no quieren saber nada con la recreación del impuesto al cheque (con una alícuota del 0,2%), los sindicatos rechazan el congelamiento de salarios y nombramientos en el Estado, los políticos profesionales se espantan ante el cierre de diez ministerios y las bases del PT no pueden creer que el plan incluya recortes a programas sociales en vivienda, salud y educación.
“La situación es peor cada día por la incapacidad del Gobierno para  generar hechos positivos o dar respuestas convincentes a los problemas”, le dijo a Ámbito Financiero por teléfono Thiago de Aragão, analista de riesgo político y socio de Arko Advice.
“De hecho, Brasil no vive una crisis sino cuatro, que son paralelas. Una, de credibilidad por la corrupción en Petrobras. Otra, económica, causada por la irresponsabilidad fiscal del primer mandato de Dilma. Otra más, dentro de la base aliada, con un PT y un PMDB que tienen visiones muy diferentes del mundo y que no concuerdan en el modo de hacer el ajuste. Y, por último, una dentro del propio PT, dividido entre los que culpan a la Presidenta por la caída del partido y otros que le reprochan falta de diálogo”, añadió.
Aquellos contactos políticos al más alto nivel, sin embargo, buscan algo más que apurar la nueva vuelta de tuerca del ajuste. La idea, la necesidad imperiosa, es comenzar a “contar los porotos” ante una ofensiva por el juicio político que no tardará mucho en desatarse.
Los responsables de esa tarea son el ministro jefe de la Casa Civil, Aloizio Mercadante, y el asesor especial de la Presidencia Giles Azevedo. Ambos se alarman ante la creciente lejanía que muestra el vicepresidente, Michel Temer (PMDB), sospechado por el palacio del Planalto de haber comenzado el “desacople” para convertirse en presidente de transición tras un eventual impeachment.
Una fuente vinculada al Vicepresidente le dijo ayer a Ámbito Financiero desde Brasilia que “no se lo puede acusar de conspirar. Él no tiene interés en forzar un impeachment, porque eso lo convertiría en presidente en un ambiente político caótico. Ahora, si el impeachment se da naturalmente, desde ya que tendrá que cumplir su papel constitucional”, añadió.
Thiago de Aragão explicó el dilema de Temer: “Él debe ser muy cuidadoso en sus gestos, porque por un lado debe mostrarse leal con una presidenta completamente errática en su comportamiento y, por el otro, tiene que mostrarse también leal con su partido, que se muestra cada vez más en contra de Dilma en el Congreso. Solo podrá lidiar con ese desafío calculando muy bien sus comentarios y actuando en beneficio de la gobernabilidad de Brasil, no de A o de B”.
Pero el “factor Temer” no es el único tormento para Dilma. El presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien ya se ha desligado del oficialismo, es el encargado de aceptar o rechazar los pedidos de juicio político. La propia Dilma buscó tranquilizarlo al asegurarle que las denuncias que lo vinculan con una coima de 5 millones de dólares en el “Petrolão” no estarían sustentadas con pruebas y al reunirse más de una vez con el presidente del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski.
Pero aun si, considerando suficientes las garantías de “blindaje”, Cunha rechazara esos pedidos, los diputados destituyentes podrían presentarse directamente ante el pleno de la cámara, en el que bastaría la mayoría absoluta para iniciar el proceso de acusación contra la Presidenta, cuya formalización requerirá en segunda instancia dos tercios. Por eso Mercadante y Azevedo cuentan votos. El diario O Estado de Sao Paulo calculó ayer que el Gobierno considera leales solo a 200 diputados dentro de una cámara de 513.
Los opositores, mientras, planean avanzar con el pedido del jurista Hélio Bicudo, uno de los fundadores del PT, buscando fisurar la base de Dilma.
En el Congreso brasileño se afirma que los próximos sesenta o noventa días serán cruciales para que se sepa si prosperará o no la ofensiva anunciada por cinco partidos de la oposición en pos del juicio político.
“En ese plazo habrá nuevas evidencias de la operación ‘Lava Jato’, sobre todo contra Lula. También veremos si el Congreso aprueba el nuevo paquete económico. Por otro lado, la Cámara de Diputados deberá definir si considera o no el pedido de impeachment de Bicudo por las ‘pedaladas’ fiscales. Además, el Tribunal de Cuentas de la Unión deberá definir si, como se espera, rechaza las cuentas públicas de 2014, lo que daría más base a ese pedido de impeachment. Por último, y muy importante, en noviembre se realizará el Congreso del PMDB que definirá si se mantiene o no dentro de la base aliada. Eso será crucial para Dilma”, explicó De Aragão.
En tanto, en reacción al ajuste, la Central Única de Trabajadores (CUT), ligada al PT, se dispone a protestar y el ala izquierda del partido habla de un “paquete de maldades”. El senador Lindbergh Farias advirtió ayer: “Dilma está disparando contra quienes deberían salir a las calles a defender su mandato”.
Los tiempos se aceleran.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).