La elección del veterano político socialdemócrata Henry Ramos Allup como presidente de la Asamblea Nacional que entrará en funciones mañana en Venezuela marcó un paso trascendente en la organización de una oposición que se mostró capaz de vencer en las urnas al chavismo pero que debe aún debe superar sus divisiones para convertirse en una verdadera alternativa de poder.
Ramos Allup, sucesor del chavista Diosdado Cabello, venció ayer en una votación llevada a cabo por los futuros diputados de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que controlará dos tercios del parlamento unicameral, a Julio Borges, en un resultado que salda, por el momento, una puja de personalidades, estilos y alineamientos.
Tanto Ramos como Borges son miembros del ala legalista de la oposición, que pretende desbancar al chavismo por vías constitucionales y electorales, al revés de radicales como Leopoldo López, que se jugó a una estrategia de tipo insurreccional que llamó “La Salida” y que le valió una polémica condena de casi 14 años de prisión.
VenAmnistíaSin embargo, Ramos y Borges difieren en varios aspectos. Para empezar, en lo generacional. El primero tiene 72 años y el segundo, 46. Este rasgo va de la mano de otra diferencia crucial: la trayectoria.
Ramos Allup es un exponente de la Cuarta República que se hundió en la década que fue del “Caracazo” de 1989 al triunfo de Hugo Chávez en 1998, y nunca dejó de militar en uno de los grandes partidos tradicionales, el hoy empequeñecido Acción Democrática, de tendencia socialdemócrata… sea lo que sea que signifique eso hoy en día.
Borges, en tanto, que quedará ahora a cargo de la bancada opositora, es uno de los principales referentes de otro partido “progresista”, Primero Justicia, que se convirtió en tal en 2000, ya en medio del tsunami bolivariano.
Mientras el primero nunca dejó de exhibir una lengua afilada, bien en el estilo de los viejos políticos entrenados en el arte del debate parlamentario, el segundo fue virando hacia posiciones cada vez más moderadas, al punto que paga el precio de haber adoptado un talante más “gris”. Por esto, en un sentido, la elección de Ramos Allup mediante el voto de los 111 nuevos diputados antichavistas (uno estuvo ausente) parece antes que nada una apuesta a la experiencia en un 2016 que se anuncia de tormenta, con el chavismo empeñado en recortarle los poderes a la nueva AN y dispuesto a resistir la anunciada ley de amnistía que promoverá la oposición para liberar a López y otros opositores presos.
El año, además, será tenso debido a la decisión de la MUD de consensuar en el primer semestre el modo de sacar del poder a Nicolás Maduro antes del fin de su mandato en 2019, con el referendo revocatorio en la mira de los legalistas y la opción por la resistencia callejera en la de los más duros. Ese tránsito será cualquier cosa menos suave.
Pero al optar por la mano supuestamente más firme de Ramos Allup, el antichavismo resigna la bandera de la renovación. La misma había reunido alrededor de la figura de Borges una amplitud de apoyos, desde el moderado gobernador y excandidato presidencial Henrique Capriles, hasta la combativa exdiputada María Corina Machado. Una alianza curiosa que, de cualquier manera, ayer se probó insuficiente.
Capriles, referente del ala más institucional de la oposición (lo que le ha valido recibir injustas acusaciones de “colaboracionista” de parte de los más impacientes) tenía otro motivo para preferir a Borges: como este, milita en Primero Justicia. Más por interés propio que por afinidad con Borges, Capriles le recordó agriamente a Ramos Allup la condición de primera minoría de esa agrupación dentro de la bancada de la MUD (33 diputados contra 25 de AD). Sin embargo, el argumento era insuficiente, ya que la alianza opositora solo realizó primarias para las elecciones de hace un mes en 35 de las 87 circunscripciones de Venezuela… Habiéndose dirimido entonces la mayoría de las candidaturas por consenso, que PJ obtuviera más bancas no fue una prueba de mayor fortaleza, dijeron los aliados de Ramos, que no dejaron de dedicarle a Capriles un nuevo reproche: buscar un posicionamiento personal para el poschavismo.
Ramos Allup puede darle a la nueva AN una impronta más combativa en un año en que la política áspera acaso entregue mejores réditos que la negociación. Pero Venezuela se sigue consumiendo en una lucha de corto plazo. Pese a la economía destrozada, el desabastecimiento y las colas desquiciantes, el futuro sigue siendo apenas una idea difusa.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).