El pedido de detención de Luiz Inácio Lula da Silva por parte de fiscales del estado de San Pablo debe ser entendido más como una medida política que judicial, antesala de un fin de semana caliente en el que la oposición pretende sellar la suerte del Gobierno del Partido de los Trabajadores.

El mismo, basado en una investigación sobre la propiedad de un lujoso tríplex en Guarujá, supuestamente transferido y acondicionado por la constructora OAS como un “retorno” por favores del expresidente, algo que este niega vehementemente, parece estar flojo de papeles.

Los fiscales federales de Curitiba del caso “Lava Jato”, la megaoperación anticorrupción que tiene en vilo a Brasil, consideran que el pedido de prisión preventiva es excesivo, según pudo averiguar ámbito.com. La cuestión también ha dividido opiniones en el propio Ministerio Público paulista.

Es que los fiscales fundamentaron su pedido de arresto de Lula da Silva en la necesidad de evitar que destruya pruebas del caso, algo difícil cuando se trata de lavado de dinero y ocultación de patrimonio, tales los cargos que se le han levantado. También afirmaron que el exobrero metalúrgico podría movilizar a la militancia petista con fines violentos, algo que no pueden anticipar y que, de hecho, podría justamente a causa de un eventual arresto.

¿Qué se busca entonces? Fuentes políticas, oficialistas e incluso opositoras, con consultadas en Brasilia por ámbito.com coinciden en que el fin es generar un clima de mayor tensión ante las manifestaciones opositoras convocadas para el domingo en todo Brasil. “Si salen ocho millones de personas a la calle el todo el país, tanto el Congreso como el Poder Judicial van a estar presionados para acelerar la destitución de Dilma”, le dijo a este medio el diputado Eduardo Barbosa, una de las principales espadas del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Ir contra Lula da Silva, el gran símbolo del PT, y que su posible arresto encienda pasiones contribuye a polarizar la sociedad y, de ese modo, a persuadir a los moderados a sumarse a un movimiento que se busca presentar como aluvional.

Mientras, militantes de la izquierda organizan vigilias para proteger a su líder y nadie en Brasil asegura que no se produzcan enfrentamientos graves.

Mucho se jugará en el fin de semana caliente que se avecina.

(Nota publicada en ámbito.com).