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Saludó su victoria y lo invitó a cooperar. Sin embargo, destacó la corrupción como un problema de la agenda bilateral. Washington sospecha de los lazos del expresidente Cartes, mentor del electo, con negocios oscuros.

El triunfo del economista liberal Santiago Peña en las elecciones del domingo en Paraguay puso en foco el futuro de la relación entre ese país y Estados Unidos, sometida a fuerte tensión por el señalamiento de una corrupción endémica y, en especial, por las acusaciones de Washington al padrino político del presidente electo: el exmandatario Horacio Cartes.

«Felicitamos al presidente electo Santiago Peña por su victoria en elecciones libres y justas», dijo el Departamento de Estado norteamericano en un comunicado. «Esperamos trabajar con el presidente electo y con su gobierno para promover intereses comunes, como combatir la corrupción y la impunidad, y promover la seguridad y el crecimiento económico en beneficio de ambos países», agregó.

La referencia del texto a la limpieza de los comicios es un aval a la legitimidad del economista de 44 años, y la invitación a un trabajo conjunto constituye una mano extendida por parte de la administración de Joe Biden. Sin embargo, hay que resaltar la referencia a la necesidad de «combatir la corrupción y la impunidad» como un elemento que determinará el tenor del vínculo a partir de la asunción, prevista para el 15 de agosto.

«Santi» Peña, de la Asociación Nacional Republicana-Partido Colorado gobernará por cinco años tras haberse derrotado con 42,74% de los votos a Efraín Alegre, candidato del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y de la heterogénea coalición Concertación Nacional nucleada a su alrededor, quien se llevó 27,48%. Como curiosidad, el exarquero José Luis Chilavert se ubicaba séptimo con apenas 0,77%.

Benefició al vencedor el sorprendente desempeño de Paraguayo «Payo» Cubas por el Partido Cruzada Nacional (PCN), un derechista duro y excéntrico que capitalizó el voto bronca y se alzó con 22,92%. Este había sido electo senador en 2018, pero fue destituido por el propio cuerpo tras cometer actos de violencia contra una concejala departamental y un policía. Antes de eso, había golpeado a un juez que lo había citado a prestar declaración, además de defecar en el juzgado.

Antecedentes de la tensión

El Partido Colorado es hegemónico en el socio del Mercosur desde la dictadura de Alfredo Stroessner y su poder solo tambaleó en 2008, cuando se impuso el izquierdista Fernando Lugo.

La relación entre Washington y Asunción se deterioró durante el actual gobierno de Mario Abdo Benítez cuando el Departamento del Tesoro sancionó en julio del año pasado al vicepresidente Hugo Velázquez por presunta corrupción. Con todo, en lo que respecta a Peña, el problema es aun mayor, puesto a que en esa ocasión otro de los sancionados fue el expresidente Horacio Cartes, declarado «significativamente corrupto» e impedido de ingresar a Estados Unidos.

«Estados Unidos señala al expresidente paraguayo Horacio Manuel Cartes Jara por su participación en actos de corrupción significativos. El expresidente obstruyó una importante investigación internacional sobre el crimen transnacional para protegerse a sí mismo y a un asociado criminal de un posible enjuiciamiento y daño político», dijo entonces el Tesoro en un comunicado. El mismo habló de «corrupción sistémica que ha socavado las instituciones democráticas en Paraguay».

Según analistas, la influencia de Cartes sobre Peña es muy fuerte. El exmandatario es el referente del ala liberal del coloradismo, en oposición a la tradicional de Abdo Benítez.

Cartes, amigo de Mauricio Macri, uno de los hombres más ricos de Paraguay y dueño de Tabacalera del Este (Tabesa). Durante su trayectoria ha recibido acusaciones de contrabando de cigarrillos a Brasil y la Argentina y hasta de narcotráfico.

El factor chino

Otro asunto de cuidado para el vínculo entre la futura administración y la Casa Blanca es la relación con China.

En lo que supone un rasgo muy particular de su política exterior, Paraguay no tiene relaciones con Pekín, sino que reconoce a Taiwán como representante del Estado chino. Los lazos estrechos entre Taipei y el Partido Colorado han esterilizado diversos llamamientos a la revisión de esa política –algo que había sido incluso intención de Abdo Benítez–, y Peña deberá tener cuidado en cómo encare la cuestión.

El factor chino fue evocado en la campaña por Alegre, quien prometió dejar de lado a la isla que China considera una isla rebelde.

El poderoso sector rural salió ayer mismo a recordar el enfoque económico y de apertura al comercio y la inversión extranjera de Peña para reclamar un replanteo de esta cuestión.

Por el momento, sin embargo, no parece haber planes de un cambio de rumbo. La presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, se apresuró en saludar al electo, mientras que este ha reivindicado la comunión de «principios y valores democráticos».

En su narrativa, un mayor comercio con Pekín profundizaría el carácter primario de las exportaciones paraguayas, mientras que Taiwán podría ayudar a un desarrollo industrial, algo que hasta el momento nunca ocurrió.

Estados Unidos –que mantiene relaciones con China, pero protege a la isla– no va a cuestionar la actual política, pero revisaría con lupa un posible cambio.

Con Peña, el Mercosur suma un presidente más liberal. Sin embargo, de acuerdo con lo que ha declarado, es improbable que este apoye el reclamo del uruguayo Luis Lacalle Pou para romper la unión aduanera y que cada país firme sus propios tratados de libre comercio, en especial el que el propio oriental desea cerrar con China.

Paraguay ha orbitado tradicionalmente en torno a la influencia de y, en el contexto descripto, un tratado amplio de asociación con China podría terminar de complicar el vínculo con Estados Unidos.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).