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Inflación, riesgo cambiario y posible recesión, en el debe. Gobernabilidad y narrativa de que hay 2024, en el haber. La clave del centro en la pelea que viene.

Para bien o para mal de su futuro político, Sergio Massa seguirá al frente del Ministerio de Economía, por ahora sin plazos. Fuentes involucradas en la campaña que se avecina arriesgan una fecha tentativa para esa permanencia, la de las PASO del 13 de agosto; después se verá. Ocurre que los resultados positivos de la gestión –que hay que buscar con lupa– serán parte del acervo que el funcionario deberá cuidar y exhibir; en paralelo, el saldo negativo, la inflación XXL, será carne de crítica de la oposición externa y hasta interna, representada por ese tábano llamado Juan Grabois. La economía es el campo de batalla.

Las estrategias económicas del jefe del Palacio de Hacienda han estado siempre vinculadas a sus objetivos políticos. La primera fase –dada por la búsqueda de la desinflación y, cuando esta resultó imposible, apenas por evitar que las cosas se le fueran de las manos– se relacionó con la pelea por posicionarse en la interna como el candidato que finalmente es. La segunda, que comienza ahora, le impone tareas de ordenamiento urgentes –el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional– y gestos de aproximación a una base cristinista que lo mira con recelo y, peor, con desencanto. Todo en un contexto de aguda restricción para anunciar planes platita, los que aparecerán solo en la medida de lo fiscalmente viable.

Massa se cuida las espaldas a sí mismo en el Palacio de Hacienda mientras hace campaña, desmintiendo dichos de la época en la que se subía a la pelea sin querer queriendo, evoca ahora los ejemplos de Fernando Henrique Cardoso y Emmanuel Macron. Con todo, esos precedentes responden a contextos diferentes.

Primero, Cardoso –un sociólogo de nota– fue el autor del Plan Real, que desde 1993 puso en marcha un programa que estabilizó hasta la actualidad la economía de Brasil, proeza que lo llevó sin escalas al Palacio del Planalto al año siguiente. Argentina espera todavía el «Plan Real» de Massa, quien, al contrario del «rey filósofo» carioca, tiene como gran talón de Aquiles una inflación que viaja a una velocidad interanual del 114% y que, según el mercado, se proyecta en el año hasta la orilla del 150%.

Segundo, Francia. Ese es un mundo directamente ajeno al argentino.

La inflación será uno de los campos de batalla principales de la campaña, en el que el antiperonismo combate cuesta abajo y la UP, remontando una cuesta empinada. Por lo pronto, el IPC le dio una tregua pequeñita en mayo y volvería a hacerlo en junio. Pisar en los próximos meses todo lo pisable –tarifas, regulados, precios sujetos a «acuerdos» de todo tipo… ¿dólar?– será una de las claves de lo que viene.

Los rostros del candidato

Massa es un moderado, capaz de hablarles a los trabajadores y las trabajadoras que son o se autoperciben de clase media. 

Esa ventaja deja en el aire todo lo que había craneado Horacio Rodríguez Larreta, esto es una estrategia en la que se rodeó de cuanto halcón sin bandada pudo cazar en vuelo, desde el ahora durísimo Gerardo Morales hasta José Luis Espert y Cynthia Hotton. Su convicción era que su final anticipada era la que librará con Patricia Bullrich el 13-A. Si una fórmula de UP liderada por el camporista Wado de Pedro le daba la cuasicerteza de que podría ocupar el decisivo centro político cuando le diera la gana, el forzado golpe de timón de un peronismo que es más «pan» que nunca lo encontró, de la noche a la mañana, con ese nicho ocupado por Massa en una medida no desdeñable.

En lo político-narrativo, uno de los principales desafíos del ministro-candidato pasa, como dice el consultor Juan Courel, por aproximarse a la gente «desgarrada» por la bendición –inéditamente forzada– de una Cristina Fernández de Kirchner que ya no lo puede todo, pero sin dejar de se quién es él.

Massa es un hombre proempresa, convencido de que sin negocios no hay crecimiento ni salario. Sin embargo, no es el «neoliberal» que delinean sus enemigos íntimos, toda vez que la propia gestión lo ha mostrado en extremo pragmático para desgravar a los trabajadores y las trabajadoras, imponer controles, cepos, acuerdos de precios, regulaciones sobre lo regulable…

Cuestión de narrativas

El ministro de ufana de haberle despejado a Alberto Fernández el espectro de la Asamblea Legislativa y el helicóptero en julio del año pasado, cuando reemplazó a Martín Guzmán y encontró un país sin reservas, inflación en el mismo nivel que el actual, un acuerdo incumplible con el FMI, una montaña de vencimientos de deuda interna que estaba en la edad del crecimiento y el inicio de una sequía sin precedentes que iba a derrumbar las exportaciones y la disponibilidad de divisas. La papa caliente.

Sus logros, dice, son mantener el empleo y su madre, el crecimiento. Este es magro, pero viene posponiendo con bastante eficacia los pronósticos de recesión de los analistas privados, que oscilan entre el 2 y más del 4% en el año. Parece difícil que el escenario más severamente negativo se concrete cuando, según datos del INDEC, la economía creció 1,3% en el primer trimestre y el consumo popular resiste mejor que lo esperado. Con todo, ojo: la actividad tiende a amesetarse, toda vez que la comparación con el último período del año pasado arroja un dato bastante menor: 0,7%.

Ese, el de la actividad, es uno de los escenarios de batalla que el mariscal Massa –ya se verá si el de la victoria o el de la derrota– librará en la guerra económica. El mismo depende de que la importación de insumos clave para la producción industrial siga trabada por falta de dólares o que comience a normalizarse lentamente, con miras a un fin de año en el que la cosecha cerealera mejore el saldo exportador tras la sequía.

La madre de todas las batallas

¿Llegará en los próximos días el entendimiento con el Fondo, única ancla posible para las expectativas? El jefe de Hacienda confía en que sí: «Eso va bien», dice lacónico. ¿Arribará a cambio de qué compromisos en materia de ajuste silenciado? ¿Traerá, como contrapartida, un replanteo de metas fiscales, monetarias y de acumulación de reservas que lo hagan más cumplible? ¿Supondrá desembolsos suficientes como para que la Argentina no deba enfrentar pagos netos de capital e intereses que en este momento no tiene cómo realizar? ¿Habrá, por último, cierto changüí para que un remanente de billetes verdes se pueda usar para darle estabilidad al tipo de cambio hasta que la cosecha fina reabra la canilla de dólares a partir de la primavera?

El drama cambiario es otra limitación severa: si algo caracteriza las transiciones electorales en la Argentina es la intensa dolarización de carteras y, de hecho, el campo de batalla de la economía que viene se ubica principalmente en el mercado del dólar. Contener corridas será su mayor desafío.

Mientras esos partidos se juegan, Massa encuentra en Agustín Rossi a un buen articulador de la narrativa necesaria. En síntesis, como dice el vice, la etapa de los estragos condicionantes para la economía ya quedó atrás, desde diciembre se empieza a revertir la falta de divisas y el gasoducto reemplazará importaciones y abre la puerta a exportaciones promisorias. Así, el año que viene será de crecimiento y recuperación de los ingresos populares. Ver para creer.

Un dato a resaltar es CFK no haya entregado hasta el cierre de esta columna ni una palabra ni un tuit sobre la oferta electoral a la que se resignó. Curioso: si el gobierno peronista que se va no es suyo, tampoco parece serlo el que podría venir. 

Sea cual sea su estrategia, la vice se ha dado un reaseguro: una integración masiva de gente propia en las listas legislativas. Ella sabe que las diferencias ideológicas con Massa son notables y que la alianza que lo une a él es táctica. Así, una bancada panperonista muy K podría resultar un dique de contención para futuros afanes autonomistas.

Si el candidato es el proyecto, el proyecto será la bancada; he allí la salvaguarda de la pureza.

Pero para eso falta: primero el peronismo tiene que convencerse y convencer a la sociedad de que puede y merece cuatro años más de oportunidades.

(Nota publicada en Letra P).