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Entre la incertidumbre y las dudas sobre la gobernabilidad. ¿Juntos o UP? ¿Por cuánto? ¿Larreta o Bullrich? El mercado y el dólar aguardan agazapados.

Puede ser enorme el privilegio de quienes logren abrirse camino, machete en mano, en ese monte abigarrado que conforman las encuestas: anticipar los resultados de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del próximo domingo les daría, por lo menos, el beneficio de calmar la ansiedad y, en un extremo, el de adelantarse al humor del mercado financiero y ganar mucho dinero. Numerosos factores juegan en contra de la posibilidad de que la incertidumbre política se despeje, pero, aun si eso ocurriera, la misma solo cambiaría de ropa, convirtiéndose en una pregunta punzante sobre la gobernabilidad de la Argentina de 2024.

Si el 13-A se repitiera el escenario de hace cuatro años, en la misma noche del domingo quedaría virtualmente definido el nombre del próximo presidente o de la próxima presidenta de la nación. Esa instancia, recordemos, le puso fin al «gobierno económico» de Mauricio Macri, según dijera él mismo. ¿Hay condiciones esta vez para que ocurra lo mismo?

Condiciones económicas –inflación, atraso de los ingresos– sobran; políticas –frustración, sobre todo–, también. Sin embargo, la dureza del ajuste que prometen las opciones que se alzan frente a Unión por la Patria (UP) y, sobre todo, la dispersión difícil de conciliar dentro de cada uno de los campamentos complica formular vaticinios tajantes.

Si se trata exclusivamente de lo nacional, en el oficialismo conviven fuerzas opuestas. Por un lado, el optimismo a toda prueba de Sergio Massa, su objetivo de emerger como el precandidato más votado y que UP se plante en un piso del 30%. Por el otro, el fatalismo de parte del cristinismo, que encuentra en aquellos indicadores aciagos –cuya responsabilidad atribuye, sin autocrítica, solo a la sordera de Alberto Fernández– una doble amenaza: la de su propio encogimiento y la de un voto castigo acaso histórico para el peronismo.

En Juntos, en tanto, la casi convicción de que quien gane las PASO entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich será quien llegue a la Casa Rosada ha encarnizado una puja que mantiene partida a esa alianza. La porfía de ambos sectores ha forzado a las dirigencias de la mayoría de los distritos a elegir entre papá y mamá. Eso hará que quien gane el 13 lo haga a lo grande y que quien pierda se quede con casi nada, pero, a la vez, impostar ordenamiento y reconciliación será una necesidad que redefiniría todo el escenario para lo que viene.

Entre esas dos alianzas principales, Javier Milei ha desteñido como opción de poder, aunque el daño que su sola presencia puede hacerle a la oposición sigue siendo considerable, si logra retener hasta octubre un caudal relevante de votos.

Encuestas: lo que dicen y lo que ocultan

Más allá de su llamativa dispersión, los sondeos de intención de voto coinciden en algunos rasgos, que, a esta altura, se podrían dar por válidos. Uno, que la sumatoria de las precandidaturas presidenciales de Juntos supera –¿levemente?– a la de UP. Dos, que Milei habría encontrado un piso de entre el 15 y el 20%. Tres, que Massa vencerá holgadamente a Juan Grabois. Y no mucho más.

Fuera de eso, hay números para el gusto de –literalmente– cada cliente. En algunos estudios, Bullrich vence a Larreta, incluso por amplio margen. En otros, quien se impone es el jefe de Gobierno porteño. Ese «detalle» hace una diferencia grande en varios sentidos.

Por un lado, claro, por el nombre de quien emergería con el favoritismo para ganar la pelea presidencial. Además, la definición de matices importantes, que excederían el remanido asunto del carácter para asegurar «el cambio». En efecto, salir del cepo y devaluar muy pronto –como plantea Bullrich– o en un año –como dice Larreta–, sin reservas o con un colchón para ponerle techo al overshooting, y apostar al reemplazo secuencial del peso por el dólar en el marco de una economía bimonetaria de jure o a la estabilización de la moneda nacional no son asuntos menores. En la misma línea, si bien los equipos de ambos coinciden en asuntos como la flexibilización laboral y una nueva fórmula de movilidad jubilatoria que «pise» los haberes ni bien la inflación comience a descender, hay que pensar en una posible diferencia de ritmos y de vocación de enfrentar con mayor o menor rigor el conflicto social que resultaría.

Desde el lunes 14, las encuestas sembrarán nueva confusión sobre el sorteo de lotería de los votos huérfanos. Esa será la próxima serie que nos entretendrá.

Si se impusiera Larreta, mucho se especularía desde el lunes 14 sobre su capacidad de retener el voto patricio, evitando que este migre hacia territorio de Milei. Si quien ganara fuera Bullrich, se comentaría otro tanto respecto de la chance de que parte de los votos moderados que acompañarán el 13 al jefe de Gobierno porteño huyan de la perspectiva del «todo o nada» de derecha radicalcon la que aquella amenaza y busquen amparo en Massa.

En el panperonismo, en tanto, será clave cuánto se lleve Juan Grabois, voluntades que, en teoría, también podrían migrar a la izquierda trotskista o a la indiferencia total.

Nada de eso anticipan las encuestas, que desde el lunes 14 sembrarán nueva confusión sobre el sorteo de lotería de los votos huérfanos. Esa será la próxima serie que nos entretendrá.

Las opciones del Círculo Rojo

Si en 2019 la victoria de Fernández alteró el humor de un mercado financiero –que solo se siente feliz cuando se le pavimenta la autopista para la salida de dólares–, el panorama de los favoritos de ese actor no es tan claro.

Rodríguez Larreta, ciertamente, sería la opción preferida por la mayoría. Para esta, Bullrich es confusa en sus planteos, aunque eso no es nada que pueda corregir, por caso, una designación temprana de Carlos Melconian como su eventual ministro de Economía.

Otros, sin embargo, se sentirían más cómodos con la media vuelta de campana que representa Milei.

Por el contrario, la eventual emergencia del peronismo como altamente competitivo –sostenido en la figura de Cristina Fernández de Kirchner– podría desatar una nueva oleada de corridas contra el peso.

Fuera del sector financiero, en la Argentina productiva, Larreta y Massa dividen simpatías frente a Milei ,a quien se considera fatalmente fuera de órbita, y hasta frente a Bullrich, de quien se esperan muestras de mayor consistencia.

La clave para que el proceso eleccionario supere esta incertidumbre pegajosa es que el Círculo Rojo entienda que la Argentina posterior al 10 de diciembre tendría condiciones de gobernabilidad.

¿Por qué Massa, en especial en el mundo del capital productivo y comercial menos concentrado? Porque, a pesar de la caricatura que le traza el cristinismo de paladar negro –ese que es más cristinista que la propia Cristina y se refugia bajo el ala de Grabois–, no es un neoliberal, sino un desarrollista, un hombre más pronegocios que pro libre mercado, y que no resigna visión social, sobre todo en beneficio de la clase media.

¿La incertidumbre se cambia de ropa?

La clave para que el proceso eleccionario supere esta incertidumbre pegajosa es que el Círculo Rojo entienda que la Argentina posterior al 10 de diciembre tendría condiciones de gobernabilidad.

¿Por qué UP sería un artefacto más conducente que el Frente de Todos para la gestión, cuando el cristinismo abandonó a su suerte al gobierno de Fernández?

No hay sobre esto coincidencias, ni siquiera sobre el modo de definirla. Para un sector, bastaría con la perspectiva de mayorías parlamentarias, algo que Juntos podría conseguir con mayor facilidad en alianza con bancadas menores. Para otro grupo, hay anticipar el nivel de conflicto social que desatarían programas de devaluación y ajuste drástico, que harían, en el mejor de los casos, que la inflación empeore primero –llegando a guarismos mensuales de dos dígitos– antes de mejorar. Eso, claro, si las políticas den rápidamente en el clavo.

En lo que respecta a la gobernabilidad con Massa, la clave radicaría en el grado de acompañamiento que, en caso de triunfo de UP, CFK le preste a su gobierno.

En efecto, ¿por qué UP sería un artefacto más conducente que el Frente de Todos para la gestión, cuando el cristinismo abandonó a su suerte al gobierno de Fernández ni bien firmó el año pasado su primer acuerdo con el FMI? ¿Qué haría pensar que a la izquierda del peronismo podría interesarle respaldar una gestión que tendría, inevitablemente, más de ajuste y de devaluación que la actual?

Ocurre que, aunque duela, a veces esos destinos no son electivos, y que lo que le quede a una administración que se asuma popular podría pasar, apenas, por influir en sus cargas, ritmo e intensidad.

(Nota publicada en Letra P).