Un fracaso que pesa, reyertas personales y disputas con fondo doctrinario. La síntesis: obligación y obstáculos. ¿Todos de nuevo bajo un mismo techo?

Entre el triunfo de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en 2019 y la derrota de Sergio Massa en 2023 pasaron sólo cuatro años, pero a la vez un torrente arrasador. Aquel peronismo, que prometía «volver mejor», resultó un fiasco que engendró a Javier Milei, una deflagración de alcances aún desconocidos. La alternativa está ausente, pero también el vacío que debería generarla. ¿Hay revancha posible?

Si algo demostró la reciente reunión del Congreso Nacional del Partido Justicialista (PJ) es una necesidad de volver a ser tan grande como la dificultad de encontrar una síntesis. Las urgencias de gobernadores e intendentes que no saben cómo sobrevivir al vendaval paleolibertario se superponen, confusamente, con las miradas contrapuestas de quienes vienen de tirarse platos por la cabeza.

Al peronismo lo une el espanto del presente, pero hacia el futuro lo separa una monumental crisis de identidad.

Claro, lo que estuvo presente allí no fue todo el panperonismo. Faltaron el Frente Renovador (FR) de Massa y referencias individuales como Miguel Pichetto y algunas más, gente con peso político, pero dudosa relevancia electoral.

De Cristina Kirchner a Sergio Massa

La tarea de recuperar a los votantes que supo tener –parte de los cuales migraron nada menos que a La Libertad Avanza, LLA– obliga al sector darse una plataforma capaz de abordar los dramas del momento –la megainflación, los miniingresos y el extravío del crecimiento– y un armado político creíble, superador de la precariedad que pergeñaron en su momento los Fernández. Esa tarea, claro, es propia de seres humanos concretos; conviene empezar por repasar en qué andan Cristina y Massa. 

El exministro de Economía y excandidato presidencial ha salido –sólo por ahora– del primer plano, incluso formalmente en un FR en el que pretende promover figuras.

Mientras define si la Fundación Encuentro –que lanzará a fines abril– y el libro sobre su paso por Economía que presentará en mayo le alcanzan para influir en lo que viene, o si requiere ser candidato en las legislativas del año próximo, Massa mantiene el diálogo fluido con la exvice.

Según supo Letra P, busca con CFK puntos de encuentro en base a sus lineamientos conocidos: unidad del panperonismo frente a la ultraderecha, atención a la agenda de la seguridad y alivio para la clase media golpeada por Milei, algo clave para recrear la épica de la movilidad social.

En paralelo, busca zanjar con ella diferencias asumidas. Cristina le reconoce haber hecho en el Palacio de Hacienda y en la carrera presidencial «todo lo que había que hacer… e incluso un poco más». ¿Será eso puro reconocimiento o reproche solapado y recuerdo del día en que le advirtió que «es buena la voluntad, pero si hay demasiada voluntad puede devenir en voluntarismo»?

De Sergio Massa a Axel Kicillof

Massa también conversa con Axel Kicillof, principal figura del cristinismo realmente existente, aunque eso no evita ciertos roces por espacios en la provincia de Buenos Aires.

Lo del gobernador es un caso a seguir. Principal personalidad de la izquierda peronista legitimada por el voto, trata de conciliar su condición de presidenciable con la necesidad de sobrevivir todo un mandato en el distrito más difícil de la Argentina en un momento en que el desfinanciamiento crónico deviene en ahogo inducido por el poder central.

A la vez, entiende lo imperioso que resulta componer una «nueva canción» capaz de cautivar a una mayoría, pero recibe rapapolvos de quienes se supone son sus aliados incluso antes de tomar la guitarra.

De Cristina Kirchner a Máximo Kirchner

Las pujas tribales del peronismo tienen mucho de personal, pero en el fondo son doctrinarias, algo dado de modo sensible por la discrepancia entre el modelo de la mayoría cristinista y lo que proponen otros sectores.

La propia exmandataria abrió la puerta a un debate sobre tabúes que ya no son el último 14 de febrero, cuando presentó el documento Argentina en su tercera crisis de deuda. Cuadro de situación. El mismo aborda temas como la necesaria «construcción de un sistema de acuerdo parlamentario», una «ineludible actualización laboral» y un proceso de privatización parcial que apunte a «la creación o transformación de empresas (estatales) bajo la forma de una asociación pública y privada virtuosa».

Esos son esbozos de la nueva canción de la que habló Kicillof, lo que hace que no se entienda tanta resistencia del bajo clero que se referencia en la exmandataria.

Tal vez tenga una respuesta a eso Máximo Kirchner, quien dijo sobre el cierre de la semana en AM 530 que la llegada de Milei al gobierno es «hija de las dos frustraciones» presidenciales anteriores, la de Fernández y la de Mauricio Macri. ¿Nada más? ¿No se puede rastrear al menos hasta 2011 el agotamiento del modelo que reivindica?

De Cristina Kirchner a Javier Milei… ¿nada en el medio?

Un punto sensible del documento de CFK estuvo dado –otra vez– por su concepción del déficit fiscal. Dado que eso se vincula con el problema inflacionario, abre una grieta fundamental en un peronismo que sigue preguntándose por qué fracasó.

«A diferencia de lo que se afirma habitualmente, en cuanto a que el principal problema de la economía argentina es el déficit fiscal y la principal causa de la inflación, la emisión monetaria necesaria para cubrirlo, nosotros sostenemos que la inflación en Argentina se dispara ante la escasez de dólares», escribió. Eso motivó un agudo intercambio con Martín Guzmán y otros protagonistas del pasado reciente, quienes recordaron que el ninguneo de la relevancia del desequilibrio presupuestario en el problema inflacionario explica que funcionarios cristinistas del área de Energía, por ejemplo, hayan boicoteado la racionalización de los subsidios a la luz y al gas y, de paso, al propio Frente de Todos.

Guzmán disparó en una columna que Milei y Cristina encarnan «dos posiciones extremas sobre el rol de la sostenibilidad fiscal para la estabilidad y el desarrollo (y que) ninguna hoy tiene arraigo en la práctica de la política económica de los países avanzados o emergentes, incluyendo aquellos de tamaño similar a Argentina».

Economistas cercanos a Cristina salieron a responderle que ella no obvia el asunto, pero la realidad es que cada vez que lo menciona es para relativizarlo.

Peronismo unido, ¿una misión imposible?

Un dirigente de trato diario con CFK le dijo a Letra P que esta reconoce que las peleas públicas pudieron hacerle daño al espacio, pero que desestima que hayan desestabilizado al gobierno de Fernández. 

«La diferencia la hicieron muchos jóvenes de los grandes centros urbanos y muchos pobres, que no viven consumiendo información política y que tampoco iban a los ‘patios militantes’. Los motivaron los problemas económicos y que la plata no les alcanzaba», relató.

Sobre los límites de la flexibilidad doctrinaria y la vocación por un aggiornamento de la expresidenta, la fuente recordó que ella siempre bendijo, desde 2015, candidaturas ajenas a su círculo, como las de Daniel Scioli, Fernández y Massa. «Con el documento de febrero, Cristina es la única hasta ahora que propuso, en nombre propio, debates innovadores», enfatizó. «Ella sigue teniendo voluntad de ampliar y de unir. En eso sigue una línea de conducta», cerró.

Las voces de los apuntados

Guzmán fue la víctima más notoria del fuego amigo, uno que, en el caso del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) resultó irracional. Si el acuerdo fundacional del Frente de Todos incluyó renegociar y no defaultear la deuda macrista, y si es un hecho que no existe posibilidad estatutaria de eliminar sobretasas ni plantear entendimientos a más de diez años, ¿por qué el camporismo embistió precisamente en base a esos dos argumentos? Tal vez algún día lo explique.

Otro acosado fue Matías Kulfas, quien no deja de plantear en libros, entrevistas y artículos cuáles deberían ser, a su entender, lo ejes de un peronismo que vuelva a enamorar.

En diálogo con Letra P, Kulfas ironizó sobre la sentencia de Máximo Kirchner acerca de que el fenómeno Milei se explica por lo ocurrido en los dos gobiernos precedentes. «¿Y en 2015 contra quién se votó?», interrogó retóricamente.

El exministro de Desarrollo Productivo piensa que «Cristina no ha hecho autocríticas, pero a su manera, en su último documento, habilitó discusiones que estaban prohibidas», como la de una actualización de los marcos laborales, «algo que propuse durante mi paso por el gobierno e incluso en mi renuncia».

Para Kulfas, el peronismo no puede seguir ajeno a la necesidad de avanzar hacia una macroeconomía sana, sin déficit fiscal, algo que lamentó que no se haya hecho en 2011, «cuando los ajustes que hacían falta eran mínimos».

En segundo lugar, debe darse «un plan productivo y energético» diferente del extremo de Milei, «pero que brinde los incentivos suficientes para la inversión y la producción». 

Tercero, como se dijo, «es necesario actualizar el marco laboral en función de las nuevas tecnologías y de las necesidades de las pymes. Suscribo lo que planteó Cristina, lo que debe diferenciarse del conservadurismo de ciertos sectores del peronismo y de la flexibilización que plantea Milei», finalizó Kulfas.

¿Estará el cristinismo dispuesto a modificar su visión sobre el problema fiscal, a cambiar su enfoque hacia el empresariado y la necesidad de potenciar la inversión, así como a superar tabúes en lo laboral?

Si la Argentina necesita una alternativa a la ultraderecha gobernante, la misma no podrá prescindir del peronismo. Sin embargo, ¿ese peronismo es posible?

(Nota publicada en Letra P).