¿De qué depende el éxito final de la revolución anarcocapitalista? ¿Qué lo amenaza? Fortalezas y debilidades de la macro. ¿Los años felices serán libertarios?
Javier Milei se esforzó en la cadena nacional con la que hizo el balance de su primer año en insuflar esperanza, el amortiguador que explica su nivel de imagen e impide que el auto del gobierno ultraderecha se clave en los baches que cavan la bicicleta financiera de Toto Caputo, el marasmo del consumo y el empobrecimiento de la clase media.
Dicho discurso describió qué pasos deberían darse para que el presente derive en el milagro económico que promete. Más allá de la necesaria discusión sobre el modelo de país que propone y labra cada día, eso permite analizar si su visión de la Argentina potencia tiene condiciones de realización.

El Presidente exageró las bondades del momento. Reservas, crecimiento, y salarios y jubilaciones no muestran el aspecto brillante que describió, aunque sí puede para exhibir unos cuantos logros. Entre estos se destacan la desaceleración de la inflación, la caída del riesgo país, la reactivación del crédito, la virtual desaparición de la brecha cambiaria y el rebote de la actividad desde el subsuelo. Todo, producto de su decisión pragmática de poner en pausa algunas de sus principales banderas de campaña, que ahora pretende retomar y forman parte de esa visión.
La felicidad, según Javier Milei
«Estamos saliendo del desierto: la recesión terminó y el país finalmente ha comenzado a crecer (…). Se vienen tiempos felices en Argentina«, dijo en el discurso del aniversario.
La salida de la recesión, que probablemente se esté dando con baja sensación térmica, resulta desigual y despareja, aunque los meses venideros decorarán sus números tal vez para acercarlos al 5% pronosticado por el Gobierno. La bajísima base de cálculo que estableció el propio Milei en el inicio megadevaluatorio e hiperajustador de su gestión irá provocando ese prodigio estadístico en enero, febrero, marzo…, escenario al que el mandatario decidió anticiparse hablando, con la desmesura que demanda la construcción política, de un «crecimiento brutal».
La cuestión es si ese crecimiento es sustentable.
Toto Caputo y la trampa del corto plazo
En el corto plazo, las políticas de ajuste permanente, «motosierra profunda» y dólar barato marcarán limitaciones que el modelo debería paliar. La convergencia a la baja de los tipos de cambio paralelos con el oficial –y no lo inverso y habitual, cosa que ponderó el propio jefe de Estado– abona la pregunta por lo que ocurrirá cuando rija un dólar verdaderamente libre de cepos y de las intervenciones oficiales que esa restricción facilita.
Esa inquietud se hace más fuerte en la medida en que el propio Milei vincula el levantamiento de las restricciones cambiarias a un nuevo acuerdo –con fondos frescos– con el FMI o con «inversores privados», opciones que conllevarían el salvavidas de plomo de una segunda megadevaluación. Ni Milei y Caputo pueden pensar en semejante veneno político antes de las elecciones de mitad de mandato.
El blanqueo impositivo, exitoso a fuerza de generosidad extrema con los evasores, aportó el dinero necesario para que el ministro de Economía aplicara una dosis elevada de su máximo expertise: la bicicleta financiera.
Sin embargo, la bicicleta no será el medio de locomoción a sangre que permitirá recorrer el puente al futuro próspero que promete el Presidente.
Javier Milei: mercado hasta que duela
En su discurso en cadena, Milei describió el sendero virtuoso que proyecta, esto es el proyecto de mercado hasta que duela.
«El ahorro (fiscal) realizado durante este año, de 15 puntos del PBI que la política dilapidaba, ha sido devuelto al sector privado, lo que generará un aumento de la inversión y del consumo», señaló.
Si eso favorece la expansión del crédito, el resto de ese camino lo harían la caída del riesgo país y la reducción de la carga impositiva. Surgen en este punto los primeros condicionamientos al experimento paleolibertario.
Que el riesgo país siga bajando –como mínimo– hasta el nivel de 500 puntos que permitiría pensar en un retorno del crédito voluntario no es algo que pueda darse por seguro. Dependerá, más bien, de que el mercado financiero demuestre si está «comprando» realmente el modelo o, simplemente, aprovechando las ventajas de corto plazo que este le regala.
Además, una reducción significativa de la presión tributaria sólo sería posible en la medida en que el Gobierno solidifique e institucionalice un ajuste que, por el momento, no cuenta ni siquiera con un Presupuesto avalado por el Congreso para el año que viene.
Dólar barato: ¿sirve la historia?
Otro aspecto resaltado como positivo por el ultraderechista fue «la convergencia del tipo de cambio paralelo al tipo de cambio oficial», esto es el dólar barato que llenará este verano las playas brasileñas. ¿Pero es sustentable una Argentina de plata dulce sin plata?
Ese tipo de modelo nunca resistió en el pasado.
Por no ir más atrás, duró seis años en la dictadura, financiado por un endeudamiento masivo que haría eclosión en 1982.
Aguantó otro tanto durante el menemismo gracias a las privatizaciones, aunque el apego al «uno a uno» de una ciudadanía entonces endeudada hasta el tuétano estiró el proceso hasta la década, tiempo suplementario que sólo hizo más estridente el estallido económico, político y social con Fernando de la Rúa.
Con Mauricio Macri y la primera presentación de Toto Caputo la alegría se consumió antes, a los dos años, ni bien los fondos de Wall Street le dijeron al «Messi de las finanzas» que no había más hilo en el carretel de la Argentina.
¿Condenan esos antecedentes el ensayo de Milei y el second dance del trader? No necesariamente.
La historia tiende a repetirse, pero a veces cambia y, de hecho, la Argentina se dirige hacia una transformación radical de su matriz productiva, dada por la emergencia de un sector hidrocarburífero potente y el despegue de una minería inexplicablemente larvada durante décadas. Esos sectores –sobre todo el primero– en pocos años competirán con el agroexportador en generación de divisas, capacidad de lobby y condiciones para financiar la política y hasta «hacer presidentes». El Círculo Rojo está mutando velozmente.

La expansión de la explotación de gas en Vaca Muerta promete modificar la matriz productiva de la Argentina.
Javier Milei y el futuro
¿De dónde saldrían los dólares necesarios para financiar el «mientras tanto», el equivalente al endeudamiento del Proceso y a las privatizaciones del menemismo?
Milei lo dijo en su discurso: la ventana de oportunidad que abre el RIGI, que ya generó «más de11.800 millones de dólares (el proyectos de inversión) en infraestructura, minería, siderurgia, energía, automotriz, tecnología, petróleo y gas».
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones presenta una paradoja. Por un lado, tendrá un efecto importante en divisas en sus primeros años, cuando la generación de las instalaciones productivas –sus sedes, infraestructura, necesidad de provisión de insumos y mano de obra– genere una liquidación importante de dólares. Pero por otro, cuando los proyectos maduren en su faceta exportadora, la generosidad extrema de su diseño permitirá que los dólares de las las ventas externas ni siquiera sobrevuelen el cielo de la patria.
Que el efecto de corto plazo del RIGI baste para sostener un tipo de cambio apreciado dependerá de los montos que involucre en su inicio, pero también de lo que pase en el mundo, en especial con las divisas de los países que comercian con la Argentina. En lo más inmediato, esto no entrega buenos augurios.

El futuro ya llegó: Javier Milei y Faustino Oro, el niño de diez años que se convirtió en el maestro internacional de ajedrez más joven de la historia.
El reto de llegar al futuro
Si el esquema resistiera, el grueso de la industria se quejaría crónicamente, al menos hasta su extinción. Un liberal describiría ese proceso como uno de «destrucción creativa» schumpeteriana y como una ganancia de productividad.
La clave es hacer permanente tal futuro. Milei explicó su receta en la mencionada cadena: libre competencia de monedas –dolarización silvestre y paulatina–, cierre del Banco Central y libre comercio con Estados Unidos. Con ese trípode, sus viejas obsesiones, el modelo ya no tendría marcha atrás.
Lo primero puede ser efectivamente estimulado por el Gobierno, simplemente dejando de considerar el carácter bimonetario de la economía como un problema y pasando a estimularlo.
Lo segundo sería verdaderamente polémico y supondría un paso complicado por el Congreso y hasta por los tribunales.
Lo tercero implicaría una reforma del Mercosur al filo de la destrucción, algo que Brasil no aceptará y que también debería pasar por el Legislativo, donde tallaría fuerte la expresión de intereses que, sin el mercado regional, no tendrían destino.
Hay, finalmente, un actor que no se ha mencionado a lo largo de toda esta columna: la sociedad o, mejor dicho, los argentinos de carne y hueso.
¿Resistiría una mayoría de ellos la motosierra permanente; la desregulación brutal de las relaciones económicas en beneficio de los poderosos; la consolidación de niveles salariales modestos en poder de compra; la pobreza rebelde; el nuevo piso de desempleo, y el duradero deterioro de la educación, la salud y otros servicios públicos?
Las negras también juegan.
