El Presidente se refugió del Libragate en EE.UU. Extremismo, arenga antiargentina y mordida a la mano que lo alimenta. Groupies aparte, un mundo mira azorado.

Javier Milei, Karina Milei, Santiago Caputo, Manuel Adorni y Toto Caputo, involucrados en el escándalo de las criptomonedas de diversos modos –como presuntos partícipes o cortafuegos– huyeron de la hoguera nacional hacia Estados Unidos. Con todo, el viaje expuso un derrumbe de la imagen de Argentina que, aunque es de larga data, toca hoy un nivel alarmante.

El Presidente recorrió pasillos alfombrados y atiborrados de personas que lo adularon, ya sea por interés, afinidad ideológica, sintonía personal o simple gusto por la extravagancia. Afuera, sin embargo, hay un mundo político, mediático, de inversores y de opinión pública que repara en el severo daño reputacional que le provocaron y le siguen provocando el Libragate, las denuncias de coimas supuestamente recolectadas por entorno, la chapucería de sus relaciones con «hombres de negocios» de CV prontuarial y excentricidades que cada vez causan menos gracia y más dudas sobre el carácter del jefe de un Estado que es miembro del Grupo de los 20.

Milei ya volvió a la Argentina, su hoguera. Su viaje relámpago a Washington dejó la imagen de un presidente seriamente dañado y de un país que, en la opinión de importantes actores del poder global, ya es un caso definitivamente perdido.

Javier Milei en clave Oso Arturo 

El mandatario buscó con desesperación proyectar la imagen de un líder internacional aclamado.

Primero, en un encuentro de antesala, sobreactuó, adulón, su «amistad» con Elon Musk. Es curioso el modo en que los hombres poderosos se consideran «amigos» tras un puñado de cruces breves.

La misma euforia desmedida mostró, en un pasillo, con líder del partido español Vox, el ultra Santiago Abascal.

Luego, vivió otro momento Oso Arturo al regalarle por segunda vez una motosierra al hombre más rico del mundo en el escenario de la ultraderechista Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). Verlo entrar, hacer de partenaire del hombre más rico del mundo, ser ignorado, no saber cómo ni cuándo ni por dónde retirarse, y disimular saludando Dios sabe a quién constituyó un sainete delarruesco del que sus asesores más cercanos debieron haberlo protegido y en lo que, una vez más, fracasaron.

Javier Milei, Donald Trump y la «amenaza a la democracia»

Su participación del sábado como orador en la CPAC lo mostró como un imitador de Donald Trump, a quien defendió vivamente.

El republicano le devolvió gentilezas con una reunión cálida, lo endulzó –»escuché que te está yendo fantástico», le dijo, al parecer no enterado del Libragate– y le extendió una invitación para verse pronto en la Casa Blanca. 

El sonsonete del discurso del mandatario en la CPAC fue el conocido: Estado malo, impuestos caca, zurdos enemigos, batalla cultural. En suma, antiglobalismo y soberanismo libertarios… La explicación de esta ensalada ideológica queda para otra columna.

En medio del show, Milei se dio un momento para respaldar el cese dispuesto por Trump de la USAID, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Esta, aseveró, destinaba «escandalosamente» muchos «millones de dólares de los pagadores de impuestos a financiar desde revistas y canales de televisión, hasta fraudes electorales como en Brasil o a gobiernos con aspiraciones discriminatorias, como el de Sudáfrica». Grave: el «golpe» sería el triunfo legítimo de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Jair Bolsonaro –inhabilitado por la Justicia de su país hasta 2030 justamente por haber perpetrado un intento de golpe el 8 de enero de 2023–; y la «discriminatoria» Sudáfrica actual es la que construyó un país sobre el cementerio del apartheid.

«Dicen que Trump y yo somos un peligro para la democracia, pero en realidad (…) somos un peligro para el ‘partido del Estado’ (…). Somos su peor pesadilla», avisó, sin reparar en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 y en la presión que ya ejerce el republicano para hacerse reelegir en 2028 en violación de la 22a. Enmienda de la Constitución.

Javier Milei, la pared y la CPAC

Allí lo aplaudieron y mucho. ¿Quiénes lo hicieron, qué es la CPAC?

Se trata de un nucleamiento, irradiado desde Estados Unidos, en el que tallan figuras políticas, ideológicas o de influencia social que militan en la llamada «nueva derecha» o, en términos más claros, en un continuo que va de las derechas radicales a las extremas.

En otras palabras, están la derecha moderada y democrática, el conservadurismo tradicional, la pared y, a su derecha, la CPAC.

Tanto es así, que el gesto de Musk del 20 de enero, el día de la jura de Trump, ampliamente interpretado como un saludo nazi, se convirtió en la reunión de esta semana de esa conferencia en una especie de código implícito del foro. Aquello fue un «gesto inocente», dijo entonces Milei en defensa de su amigo, justo antes de prometer «ir a buscar a los zurdos hijos de puta hasta el último rincón del planeta».

Sin embargo, parece que el tecnoplutócrata inauguró un santo y seña

En la CPAC, primero lo hizo el estratega y amigo del presidente de Estados Unidos, Steve Bannon –un leal que se comió cuatro meses de cárcel por negarse a declarar contra el retornado presidente en una investigación del Congreso por el asalto al Capitolio–, lo que motivó que el candidato de la ultraderecha lepenista de Francia, Jordan Bardella –nada menos–, cancelara el discurso que debía pronunciar el viernes en señal de repudio.

Bannon se justificó diciendo que había hecho simplemente «un saludo». 

Más tarde, el actor y productor mexicano Eduardo Verástegui se remitió, desde el estrado, a lo hecho por Musk, reiteró el mantra de Bannon –»¡luchen, luchen, luchen!»– y remató, claro, con el gesto del Sieg Heil. Aplausos de las mismas manitos que luego harían ruido por el presidente argentino.

Con sus razones, la academia politológica se niega a responder a la «batalla cultural» de la nueva derecha con el mote de «fascismo»; tal vez sea hora de aggiornar ciertos conceptos, rever puritos academicistas y pensar si «lo fascista» es un fenómeno puramente histórico o una forma de sensibilidad política que Umberto Eco denominó «ur-fascismo», o «fascismo eterno».

Fenómeno barrial

Si de percepciones, imagen e inversiones se trata, cabe señalar la desfavorable cobertura de la criptoestafa que hizo el grueso de la prensa internacional, la que incluyó a medios especialmente influyentes como Bloomberg, The Economist, el Financial Times, The New York Times, BBC y muchos más.El riesgo país, que ya no se encamina a perforar a la baja los 500 puntos básicos, sino que ha vuelto a instalarse bien por encima de los 700, no es ajeno a esto.

El involucramiento de Javier Milei en el escándalo del memecoin $LIBRA da la vuelta al mundo.

En la misma línea hay que analizar lo ocurrido el viernes, en ocasión del discurso que el anarcocapitalista pronunció en la sede de Washington del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Mientras disertaba, ensayando con su mano izquierda movimientos sobre el diapasón de un violonchelo imaginario, comenzó a sonar su propio teléfono, que no había atinado a apagar o silenciar. Claro, volvieron la conspiración, la mala fe de los «imbéciles malnacidos» y los «tosedores». Es más, explicó a la audiencia extranjera que «Argentina es así: tiene a un montón de cabezas de termo que hacen este tipo de cosas».

Un elefante en el bazar del BID

Una regla no escrita del comportamiento de mandatarios de todo el mundo, de dirigentes sin funciones oficiales y hasta de simples ciudadanos es no difamar a sus propios países y sociedades en el exterior. Milei también rompe esa norma. 

Frente a un incrédulo Ilan Goldfjan, presidente del BID, repitió el rap del «Estado que es una organización criminal», del «robo» de los impuestos», de su preferencia por las organizaciones mafiosas por encima de la autoridad que –se supone– él encarna y de su aversión a la «obra pública (que) si la financio con deuda, son impuestos futuros», esto es robo, y «si la financio con emisión monetaria, castigo a los vulnerables con la inflación», otro robo.

Javier Milei le pidió dinero prestado al titular del BID, el brasileño Ilan Goldfjan, mientras lo castigó con arengas anti-Estado, anti crédito internacional, repudios a la obra pública y elogios a las mafias.

El detalle es que el BID es una entidad formada por los Estados del hemisferio, esto es por «organizaciones criminales». Además, no ha dejado de ayudar a la Argentina ni en sus peores momentos debería formar parte del paquete crediticio que Toto Caputo negocia con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se encarga, justamente, de financiar proyectos de impacto social y obras de infraestructura en países como la Argentina. De hecho, en esta visita se anunció que se trabaja en «financiamientos potenciales en torno a los 1.000 millones de dólares» para este año.

Javier Milei se apoya en sus intervenciones, como la del viernes en el BID, en apuntes de puño y letra. Curioso: sus argumentos siempre son tan parecidos que sorprende que todavía los necesite.

El pozo nacional –anterior a Milei, pero profundizado por este– es cada vez más mayor, pero los procesos de destrucción nunca son irreversibles.

Perder la esperanza no es una opción.

(Nota publicada en Letra P).