El magnate funda un partido, lo lubrica con millones y amenaza a Donald Trump. Motosierra, tecnoplutocracia y poder global. La capacidad de daño del medio.

Elon Muskícono descollante de la tecnoplutocracia que pretende imponerles a Estados Unidos y al mundo un poder hegemónico de ultraderecha, se ha peleado a muerte con quien era hasta hace poco su mayor aliado, Donald Trump. Sin embargo, el proyecto sigue vivo y sólo cambiará de táctica de acuerdo con el guion seguido por Javier Milei.

Si el hombre más rico del mundo, dueño de empresas como TeslaSpaceXStarlink y la red social X, había iniciado su carrera política como un apéndice de Trump dentro del Partido Conservador, está dispuesto ahora a lanzarse, como el emprendedor que es, con una criatura propia: America Party, el «Partido de Estados Unidos». Para erigirlo, contará con el apoyo de Andrew Yang, un sherpa presuntamente calificado para la creación de sellos políticos por su experiencia con el Forward Party.

Con la nueva estructura, Musk pretende lograr algo muchas veces intentado, pero casi nunca concretado: la inclusión de una cuña decisiva en el tradicional sistema bipartidario del país.

Por haber nacido en Sudáfrica y haberse nacionalizado estadounidense en 2002, Musk no puede ser candidato a presidente sin una más que improbable reforma de la Constitución. Sin embargo, podría postularse a representante –diputado–, senador o gobernador, además de empujar con su inmensa fortuna a un candidato a la Casa Blanca que le responda, así como forzar adhesiones desde el Partido Republicano en base a la mera amenaza de financiar a retadores en los distritos que considere claves.

La última estimación de las mayores fortunas del mundo realizada por Bloomberg confirmó a Elon Musk como la persona más rica del mundo, con activos estimados en 347.000 millones de dólares.

También contará, claro, con el recurso de los algoritmos que viralizan contenidos y mensajes ideológicamente sesgados a través de Xla red social más política del mundo, que compró en 2022.

Elon Musk y Donald Trump: prehistoria de una ruptura

El divorcio, cantado por tener como protagonistas a dos hombres ambiciosos, dotados de enormes recursos de poder y con visiones en varios puntos disímiles, se desencadenó a comienzos de junio debido al impuso que el presidente hizo de un paquete fiscal que describió como «grande y hermoso», pero que aumentaría el déficit a largo plazo. Musk, a quien de pronto le apagaron la motosierra que le había regalado el presidente argentino para que utilizara en su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), sangró por la herida y clamó venganza.

El DOGE fue, desde el inicio, un proyecto destinado al fracaso. Primero, porque estaba llamado a colisionar violentamente con las expectativas de hombres y mujeres encumbrados en el entorno trumpista que no aceptarían recortes violentos e inconsultos de sus propias estructuras. Segundo, porque la propia constitución del «departamento» –ministerio– era ad hoc, a título casi consultivo y dependiente de la voluntad del jefe de la Casa Blanca.

La ruptura entre los dos colosos fue ruidosa.

Trump amenazó con cortar los contratos con dependencias del Estado –la NASA, que el dueño de SpaceX pretendió controlar, entre otras– que enriquecen al paleolibertario de boquilla.

Musk sugirió en que habría pruebas que ligarían al presidente con la trama de prostitución y pederastia de Jeffrey Epstein. Luego, temeroso de lo que había desatado y que incluyó revelaciones desde el corazón del gabinete sobre de sus problemas con las drogas, borró el mensaje.

«Es hora de arrojar la gran bomba: Trump está en los archivos de Epstein. Por eso no se difundieron», posteó Elon Musk en su red X. Más tarde lo borró.

La escuelita política de Donald Trump

Las ideas de derecha dura no son una novedad en Estados Unidos ni nacieron de un huevo en la elección de noviembre de 2016, cuando Trump llegó por primera vez al poder. Al contrario, tienen una larga tradición.

Murray Rothbard (1926-1995) fue el ideólogo que unió los ideales libertarios con los conservadores, creación que llamó «paleolibertarismo». Si la Escuela Austríaca es la inspiración del pensamiento económico de Milei, Rothbard constituye la pata política.

Fundador del Partido Libertario, lo abandonó en 1970 por considerarlo un proyecto condenado a ser una ultraminoría. Así, como recuerda Pablo Stefanoni en su libro ¿La rebeldía se volvió de derecha?, sentó las bases de una estrategia política populista, basada en el principio de «ir al pueblo».

El programa que plasmó en su artículo Populismo de derecha: Una estrategia para el movimiento páleo (!!!) establece ocho principios que cuentan con evidentes puntos de contacto con sectores amplios del Partido Republicano y, más aún, con el sentir de los Estados Unidos profundos largamente desatendidos por la política.

Estos son una «reducción drástica de impuestos»; el desmantelamiento del Estado benefactor; la abolición de las medidas de «discriminación positiva» en universidades, empresas y el aparato del Estado; la recuperación de las calles a través de una liberación de la acción policial que permita «triturar a los criminales», a quienes diferencia de los «delincuentes de cuello blanco»; el deshecho «de los vagos»; el cierre de la Reserva Federal –banco central–; una política económica de America first y la defensa de los valores familiares. Hay tanto allí, tantos eco estadounidenses y también vinculados a la «batalla cultural» que entretiene a la Argentina

El abandono del elitista Partido Libertario para «ir al pueblo» de modo de generar una alianza populista de todas las derechas sugirió la conveniencia de agitar sentimientos antiestablishment ya excitados por el Tea Party entre 2009 y 2010. La tierra estaba abonada y eso hacía posible «cambiar desde adentro» el Partido Republicano para «tomarlo desde abajo».

Lo que Rothbard dijo en términos de doctrina el estratega trumpista de 2016 Steve Bannon lo convirtió en praxis. Hoy, los corcoveos del conservadurismo tradicional que acompañaron el primer mandato de Trump son sólo un recuerdo y todo el Grand Old Party está hoy plenamente guardado en el bolsillo del magnate.

Elon Musk y el espejo de Javier Milei

En la Argentina, Milei no siguió el camino de Trump ni los modelos de Rothbard y Bannon. No intentó, por caso, construir poder desde partidos establecidos como el Justicialista o la UCR, sino que se lanzó a una creación completamente nueva.

Eso respondió a condiciones particulares: el nivel de descrédito de la política tradicional, para la que adoptó la expresión de «la casta» nacida en Italia, era aquí mucho mayor. Desde esa perspectiva, hacer «entrismo» en entidades que se denuncian como irremediablemente podridas no tenía sentido. Milei gritó, los medios le dieron espacio, las redes sociales lo viralizaron y la rabia social hizo el resto.

Musk, en cambio, se apegó inicialmente a la doctrina por doble vía: al Partido Republicano y a través de Trump. El problema para él es que la pelea con el presidente lo dejó pedaleando en el aire.

Así es que se ve obligado a adoptar la «vía Milei». El America Party debe ser, lo quiera o no, una criatura nueva.

Algo más los vincula: la prédica anti-Estado, muy diferente de la nacionalista de Trump, y el gusto por la motosierra, a pesar de que el megamillonario viene de reconocer que haberla esgrimido con prepotencia pudo haber sido «poco empático».

La historia de los terceros partidos es una de fracasos en Estados Unidos… con algún asterisco importante.

Muchas veces se intentó romper el bipartidismo y lo que puede recordarse como la experiencia más exitosa al respecto fue la que encarnó en 1992 Ross Perot, quien financió su propia campaña.

Montado sobre su buen desempeño en las encuestas, Ross Perot fue el primer y único candidato independiente en colarse en un debate presidencial estadounidense en 1992. Así, terció entre Bill Clinton y George Bush padre.

Elon Musk y la esperanza de la vía del medio

El empresario se quedó con casi el 19% de los votos, toda una proeza, caudal que tomó de los dos partidos tradicionales, pero mayormente a expensas del Republicano. Aunque no se impuso en ningún estado y no obtuvo representación en el Colegio Electoral, facilitó claramente que Bill Clinton, quien apenas obtuvo el 43% de los sufragios, se quedara con una holgada mayoría en ese cuerpo.

Elon Musk probablemente busque, con su nuevo emprendimiento y la lubricación infinita de sus millones –infinitamente mayor que la de Perot–, recrear aquella experiencia. Una irrupción relativamente potente del America Party podría resultar letal para los republicanos en los estados y en la Unión debido al sistema electoral uninominal que rige en su país.

Algo, sin embargo, lo diferencia de Milei: si el argentino es acusado por sus detractores de gobernar como delegado de intereses económicos poderosos, para quienes concreta el viejo proyecto de minimizar el Estado y su costo impositivo, el tecnoplutócrata nacido en Sudáfrica estará condenado a buscar su delegado, su propio Milei, a no ser que su poder logre mellar la propia Constitución de James Madison.

(Nota publicada en Letra P).