El Jefe gobierna con mano… de hierro. ¿Puede sacarse de encima a Santiago Caputo, mago del poder y los secretos? Las Fuerzas del Cielo corcovean, hasta ahí.

La foto que ilustra esta nota siempre resultó intrigante y más aun desde el estallido del «triángulo de hierro». Javier Milei abraza a su hermana, Karina Milei, y al asesor Santiago Caputo, quien hasta hace era una suerte de jefe de Gabinete blue. ¿Ya no?

De la imagen surgen sensaciones personales –hacer afirmaciones sobre terceros sería psicología de alcantarilla–: un presidente cándido e inerme frente a esas compañías que consideraba incondicionales, con la secretaria general como una suerte de apéndice de él –el mundo y su mirada quedan a sus espaldas– y el aspirante a Mago del Kremlin como un elemento adicionado y, en parte, ajeno.

Zoom sobre Caputo: ¿surgirá aquella impresión de una incomodidad del asesor por verse expuesto en público –fuera de su oscura zona de confort– y obligado a posar en ese scrum, puesta en escena de un triángulo que ya intuía que no era equilátero?Z

Su sonrisa –fingida– podría ser considerada efecto de una decisión inicial del Politburó de La Libertad Avanza (LLA), que la mujer comanda. Concretado el traumático cierre de listas en la provincia de Buenos Aires, Caputo queda en un lugar subalterno. Rige la pax Karinae.

Karina Milei, la propia sangre

El miembro no pariente del tridente es un hombre inteligente: siempre debió saber que la sangre tira. Más, entre los hermanos Milei, unidos por un pasado familiar denso y por lazos místicos que el propio mandatario ha expresado en público –totalmente conmovido– con la idea de que, aunque parezca lo contrario, ella es «El Jefe» y él, apenas un comunicador. Moisés y Aarón, comparó en febrero de 2024.

El desinterés del Presidente por los enjuagues de la política y de la administración no económica le dio al asesor la posibilidad de crecer, de extender sus tentáculos y de apropiarse de recursos de poder sensibles: la SIDE, la ARCA, la Unidad de Información Financiera (UIF), la ANSES y resortes decisivos en ministerios como los de Justicia y Salud, entre otros.

El triángulo funcionó mientras los tiempos electorales estaban lejos en el horizonte, mientras se trataba de mantener a flote una balsita precaria en un mar encrespado y mientras funcionó una cierta división del trabajo: Milei fue el cerebro y garante de la motosierra y el plan económico, Karina M., la de un armado partidario que inicialmente implicaba crear una cáscara nacional para LLA y el asesor, encargado general de la política cotidiana.

La llegada del tiempo electoral hizo que ese esquema dejara de funcionar. Si El Jefealter ego del Presidente, decidió que el partido violeta fuera con una propuesta propia en casi todos los distritos, incluso a costa de enardecer a gobernadores de los que depende cierto control defensivo en el Congreso, era imposible que Caputo no percibiera que la gobernabilidad era puesta en jaque.

Karina Milei y Santiago Caputo: un extremismo, dos extremismos

El juego entre Karina M. y Santiago Caputo resulta interesante desde lo ideológico. Podría decirse que comparten una idea del futuro, pero que la realidad los obliga a buscarlo por caminos divergentes.

Cuando se observa el modo en que la primera no ha dudado en poner en pie su criatura partidaria, llenando sus casilleros con un ejército de miembros de la casta y desdeñando en el camino el aporte de la trolera del Ministerio de Odio, podría decirse que se trata de una pragmática. Sin embargo, cuando el segundo aboga por no romper lazos con aliados para no arriesgar la gobernabilidad, es él quien parece un moderado.

La realidad es que en LLA no existen los moderados; sólo dos modos de destruir tanto a los adversarios como a los aliados ocasionales. Estos últimos deberían mejorar su lectocomprensión política.

En el fondo, se trata de un conflicto estructural dado por las diferentes necesidades de dos polos abocados a tareas disímiles, que imponen tácticas también disímiles. Y, en paralelo, la desproporción de un poder –el de Caputo– acumulado a un costado de esa unidad de sangre, amor, pasado doloroso y convicción mística que constituyen los hermanos Milei.

El Jefe vino a ajustar esa anomalía y el triángulo se estrelló contra un suelo aun más duro que el hierro.

Purga en el Politburó de Karina Milei

Este lunes, en el análisis posterior al cierre de las listas bonaerenses, este medio habló de bicoalicionismo de fragmentación, oxímoron con el que pretendió describir la agrupación precaria del sistema político en dos polos –la Alianza La Libertad Avanza Fuerza Patria– tendientes a la polarización de minorías intensas y cruzados por severas contradicciones internas.

El caos que queda del panperonismo exime de mayores explicaciones. Ahora, también la guerra a cielo abierto en el oficialismo.

En medio de una rebelión sorda de la trolera caputista, el Politburó de esa estructura stalinista que es LLA –seguida, insólitamente, por gente que se dice liberal– emitió un durísimo comunicado para defender la incorporación en las listas de peronistas y otros reciclados en paleolibertarios.

«No llegamos hasta acá para adaptarnos ni para negociar con los restos del viejo sistema. Vinimos a destruirlo«, posteó Karina Milei. «La Libertad Avanza (…) es una expresión clara de quiénes están dispuestos a dar la pelea. No por un cargo, sino por una causa«, siguió.

«Acá no se viene a especular. Se viene a defender con uñas y dientes las ideas del Presidente. Y en esa batalla, la lealtad no es una opción: es una condición. Quien cuestione a quienes llevan esa bandera no está criticando un armado; está cuestionando al Presidente mismo y la causa que nos trajo hasta acá», fulminó a la disidencia.

Así avalado, hasta el discreto armador karinista Sebastián Pareja sacó pecho.

En medio de gruesos insultos a Pareja y diatribas contra el ingreso de «la casta», Esteban Glavinich, tuitero del Ministerio de Odio conocido como @TraductorTeAma, se animó a responder que «lealtad no es obsecuencia». Vale señalar que se trata de uno de los más era reposteado por el propio Milei. Mientras, @Mileiemperor arenga desde Twitter a una tropa que debe decidir si acata el ultimátum de corazón, si agacha la cabeza hasta que llegue el momento del contragolpe y, en el fondo, si su visión extremista de la Argentina del futuro es la de Milei o va incluso más allá. La política actúa como si esa cuenta fuera el nuevo criptojuguete virtual de Santiago Caputo, cosa que el asesor no confirma ni desmiente. Es decir que concientemente se deja expresar por esos mensajes, a veces violentos, otras oscuros, muchas infantiles. Algunas apariencias son realidades.

También se deja interpretar por propagandistas del palo como Alejandro Fantino, quien se declaró en su streaming «desilusionado» e «hinchado las bolas» por «Sebastián Pajerta» (sic) y por el destrato que el Politburó karinista hizo de esos «pibes» que «pusieron el cuerpo» desde el anonimato de las redes. Curioso heroísmo de gente que –punto para Karina– tiene derecho a reclamar retribución por los servicios prestados, pero que en lo electoral no aporta ni medio voto.

Según el comunicador partidario –cuyos dichos no valdrían gran cosa si no fuera porque actúa, una vez más, como vocero de un sector del oficialismo, revelando a cuál responde–, Pareja es «un chofer del 60 que se hace el armador» que «me dice que si yo critico estoy en contra del Presidente. ¡¿Quién sos, Pajerta?!». Error, Fantino: no es Pareja –recurso fácil–, es Karina. Por ende, es Javier Milei.

La paz armada de Karina Milei

La inevitable paz armada se expresa en la obediencia que mostró Gordo Dan –alias «Daniel Parisini«– al acudir como orador a La Derecha Fest, al volver a su streaming y al retomar las alabanzas al Javo y los posteos cotidianos.

Milei lo abrazó en Córdoba y, cual emperador, extendió su mano tuitera sobre la cabeza del médico de extrema derecha.

¿Qué sería de ese grupo de ultras sin la tracción política de la figura del jefe de Estado? ¿Qué destino tendrían en campo abierto, bajo la conducción de un comandante que sólo medra en las sombras? No por nada, Caputo se ocupó este jueves de filtrar humildad y subordinación.

En paralelo, ¿puede realmente Karina Milei sacarse de encima a Caputo como si fuera una mosca? ¿Puede darse ese lujo con un hombre que controla resortes de poder tan sensibles, que conoce tantos secretos y que posee las claves de los enjuagues que le encargaron para que manejara con extrema discreción?

(Nota publicada en Letra P).