Zohran Mamdani restaura el diccionario político malversado en Estados Unidos y Argentina. Estado, justicia social y equidad. La prueba ácida del resultado.
La jura de Zohran Mamdani el primer día del año como alcalde de Nueva York supuso el inicio de un experimento que podría entenderse como contracara de la hegemonía político-cultural que pretenden construir, con bastante éxito, figuras de la ultraderecha internacional como Donald Trump y Javier Milei. El agua del futuro busca suelos bajos para fluir. ¿Será el caso?
Como se sabe, el peronismo –para bien o para mal, la oposición realmente existente en Argentina– se divide entre quienes buscan en el nuevo alcalde socialista y musulmán de la capital financiera del mundo un modelo a seguir y quienes piensan que el camino a 2027 pasa por coparle el centro al Presidente. Mientras esa puja se dirime o se cronifica, vale la pena ir más allá y detectar en su discurso de asunción y en sus primeras medidas indicios de un ensayo político que es la contracara de la derecha extrema en boga en buena parte del mundo.
Todo un diccionario político que ha sido malversado en los últimos años es puesto otra vez con la cabeza arriba y los pies, abajo. Ese podría ser el vocabulario de los Mandani de mañana, eventualidad que, sin dudas, el republicano y el anarcocapitalista argentino se propondrán evitar.
El copy and paste neoyorquino es extremadamente difícil en la Argentina actual, por las diferencias del caso y por tratarse el de Mamdani de un bosquejo que se desarrolla a escala municipal, no nacional. Su tensión con la también demócrata gobernadora del estado de Nueva York, Kathy Hochul, quien deberá pelear en noviembre próximo por su reelección, por la iniciativa de gravar las grandes fortunas aun a riesgo de que estas emigren hacia territorios más market-friendly es una prueba de eso.
Zohran Mamdani y el test de Nueva York
Nueva York, claro, es sólo una ciudad, pero es una muy peculiar. Con sus ocho millones y medio de habitantes, para muchos «capital del mundo» o, cuando menos de Occidente, es la que más milmillonarios cuenta como residentes.
Este dato es clave cuando el nuevo alcalde prepara un aumento del impuesto municipal a las ganancias del actual 3,876% al 5,876% para el 1% de los contribuyentes que obtienen más de un millón de dólares por año –unas 34.000 familias– y cuando presiona para que el estado eleve la tasa máxima del impuesto a las sociedades del 7,25% actual al 11,5%. Con lo primero, el fisco municipal se haría con 4000 millones de dólares extras por año y con lo segundo, con otros 5000 millones.
Así, Nueva York se convertiría en el estado con la mayor presión fiscal de los Estados Unidos y se arriesgaría a un cierto éxodo de superricos, pero la Gran Manzana podría financiar otras promesas como un sistema universal de cuidado infantil, transporte público gratuito, construcción de viviendas baratas y creación de supermercados populares, entre otras. Son dificultades –resistencias poderosas– y posibilidades –riquezas sin paralelo que se podrían distribuir mejor– propias de una ciudad única en su composición socioeconómica.
Resultó toda una novedad escuchar cómo los asistentes a la ceremonia corearon, ante la ratificación de esa promesa realizada por Mamdani, la consigna «Tax the rich!» (graven a los ricos).
Además, Nueva York es sede del principal nodo financiero del mundo –Wall Street– y una de las más densas en poder de lobby, en particular del proisraelí, que se siente amenazado por la emergencia de Mamdani, quien juró sobre un ejemplar del Corán y, como primer acto, anuló los decretos de su antecesor, Eric Adams, que homologaban las críticas al Estado judío con el antisemitismo y que penalizaban las campañas de boicot contra productos israelíes.
El programa, que además incluye el congelamiento de los alquileres y el aumento del salario mínimo, es ambicioso, por decir lo menos.
Donald Trump, Javier Milei y la estrechez del sentido común

Donald Trump y Javier Milei, abanderados del macartismo hemisférico.
Hay mucho en juego, más allá del efecto demostración que Mamdani pueda producir en los propios Estados Unidos, en Argentina o en otros países. De su éxito –cuando menos parcial– depende el ensanchamiento del universo simbólico de lo que las mayorías consideran posible hacer en democracia y sin alterar las bases de una economía estable y próspera.
La ceremonia de su asunción, realizada en la estación City Hall del subte neoyorquino, estuvo llena de elementos tendientes a la generación de una nueva hegemonía político-cultural opuesta a la de la ultraderecha de Trump, Milei y afines.
Para empezar, quien le tomó juramento al electo fue nada menos que Bernie Sanders, veterano senador por Vermont y líder del ala socialista del Partido Demócrata.

Bernie Sanders, figura emblemática de los socialistas democráticos de los Estados Unidos y crítico feroz de Donald Trump, le tomó juramento a Zohran Mamdani. (Foto: AP).
Además de Mamdani, Sanders brindó un discurso, lo mismo que otra referente de ese movimiento, la representante –diputada– Alexandria Ocasio-Cortez.
Por otro lado, el discurso inaugural del alcalde abundó en elementos opuestos a las ideas que la ultraderecha explota con éxito electoral, aunque sin que se sepa por ahora cuál es su penetración real en forma de sentido común.
La construcción conceptual de Zohran Mamdani
Mamdani refutó a Trump, a Milei y a tantos más al fundamentar que el socialismo es una base necesaria de la democracia y no una amenaza para ella. Dijo:
Responderemos ante todos los neoyorquinos, no ante ningún multimillonario u oligarca que crea que puede comprar nuestra democracia (…). Fui elegido como un socialista democrático, y gobernaré como un socialista democrático».
Abjuró del posibilismo que llevó al Partido Demócrata a alejarse de los trabajadores y a diluirse como una de las formas de la derecha.
Pocas veces tenemos una oportunidad como esta de transformar y reinventar. Más raro aun es que sea el propio pueblo el que tenga las manos sobre las palancas del cambio. Con demasiada frecuencia en nuestro pasado, los momentos de gran posibilidad se entregaron rápidamente a una imaginación pequeña y a una ambición aun menor».
En el mismo sentido postuló que el socialismo democrático es la forma más elevada de búsqueda de la verdadera libertad, una que no sea sólo la de los privilegiados para imponer sus condiciones.
Estas políticas no tratan simplemente de los costos que haremos gratuitos, sino de las vidas que llenaremos de libertad. Durante demasiado tiempo en nuestra ciudad, la libertad ha pertenecido solo a quienes pueden permitirse comprarla. Nuestro Ayuntamiento cambiará eso».
Contracultura en estado puro
En su discurso inaugural, Mamdani ratificó el valor del multiculturalismo cuando está en boga en su país una dura campaña antiinmigración, incluso con tintes ilegales.
Esta no será la historia de una ciudad gobernada solo por el 1% ni será la historia de ‘dos ciudades’: los ricos contra los pobres (…). Los autores de esta historia hablarán pastún y mandarín, yidish y creole. Rezarán en mezquitas, en el shul, en la iglesia, en gurdwaras, mandires y templos. Y muchos no rezarán para nada».
También resignificó el concepto de «casta», que no usó pero al que restituyó de hecho su sentido más estricto, vinculado a los privilegios económicos, sociales, políticos y, claro, económicos del 1% de los más ricos.
¿A quién le pertenece Nueva York? Durante gran parte de nuestra historia, la respuesta del Ayuntamiento ha sido sencilla: les pertenece sólo a los ricos y bien conectados. El pueblo trabajador ha lidiado con las consecuencias: aulas abarrotadas y viviendas públicas donde los ascensores no funcionan; calles llenas de baches y colectivos que llegan media hora tarde, si es que llegan; salarios que no suben y corporaciones que estafan tanto a los consumidores como a sus empleados. ¿A quién le pertenece Nueva York? Bueno, amigos míos, Nueva York les pertenece a todos los que viven en ella».
Zohran Mamdani: arriba los de abajo

«Gobernando desde la izquierda», dice el titular del diario que Zohran Mamdani lee en el subte de Nueva York. (Foto: redes).
Refutó también la idea, ampliamente instalada en Estados Unidos al menos desde Ronald Reagan y que en Argentina se encarga de sembrar Milei, de que la prosperidad económica es enemiga de la solidaridad y que solamente surge cuando se beneficia impositivamente a las personas más acaudaladas y capaces de invertir.
Si nuestra campaña demostró que el pueblo de Nueva York anhela solidaridad, dejemos que el gobierno la fomente (…). Serán los neoyorquinos quienes reformen un sistema de impuestos a la propiedad roto desde hace tiempo».
La justicia social, claro, ya no será presentada como una aberración.
Aquí, donde nació el lenguaje del New Deal, devolveremos los vastos recursos de esta ciudad a los trabajadores que la llaman su hogar».
Estableció, de modo contracultural, la necesidad de que exista un Estado fuerte, regulador y sobre todo eficaz para restablecer los equilibrios sociales en contraposición a la primacía del mercado irrestricto.
Aquellos que insisten en que la era del ‘gran gobierno’ ha terminado, escúchenme bien: el Ayuntamiento no dudará en usar su poder para mejorar las vidas de los neoyorquinos. Durante demasiado tiempo hemos recurrido al sector privado en busca de grandeza, mientras aceptamos la mediocridad de quienes sirven al público. Restauraremos la confianza».
Entre la utopía y la revolución conceptual
Las dificultades que encontrará Mamdani para la aplicación de su programa radical son esperables y, con eso, el riesgo de que su experimento confirme las sospechas de los escépticos que lo califican de utópico, cuando no perjudicial en el largo plazo.

Sin embargo, esa plataforma atiende demandas que, por mucho que prometa, las ultraderechas –sobre todo las librecambistas y antiproteccionistas, como la de Milei– son constitutivamente incapaces de satisfacer: elevación de los pobres a la clase media, fortalecimiento de esta, mejora de los servicios públicos, crecimiento equilibrado, desarrollo social y mayor equidad distributiva.
La prueba ácida del experimento serán sus resultados, para empezar como alternativa a quien tome la posta que dejará Trump en las elecciones de 2028, pero también en un hemisferio en el que a Milei se suman Santiago Peña en Paraguay, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador, José Mulino en Panamá, Rodrigo Paz Pereira en Bolivia, José Antonio Kast en Chile, y tras un proceso turbulento el elegido de Trump en Honduras, Nasry «Tito» Asfura.
A esa ola podría sumarse ahora Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro y el proceso incierto que se abre hasta la «transición segura» que puso Trump como condición para dejar de controlar Caracas.
El reloj empezó a correr.
