El jefe de la Casa Blanca recibió en Washington a María Corina Machado, pero mandó a Caracas al jefe de la CIA. Delcy Rodríguez y la opción por el neochavismo.
Acaban de vivirse horas decisivas y elocuentes sobre el futuro inmediato que Donald Trump tiene previsto para Venezuela, cosa muchas veces difícil de definir por las idas y vueltas retóricas habituales en el presidente de Estados Unidos. La decisión es clara: además de apropiarse del petróleo y establecer una tutela, evitar la ingobernabilidad. La democracia puede esperar.
Mucha expectativa rodeó el jueves la visita de la líder opositora, María Corina Machado, que vive desde hace 16 meses en una llamativa semiclandestinidad, pero que logró salir de su país el mes pasado. Primero, para hablar en actos vinculados a su premiación con el Nobel de la Paz; luego, para ver a Trump en la Casa Blanca.
La mujer –una histórica antichavista de línea dura, pero que logró perdurar a pesar del encarcelamiento o exilio de casi todas las otras figuras, incluso algunas mucho más moderadas– llegó a Washington con una ofrenda a su anfitrión: un cuadro con la medalla del Nobel y notas de agradecimiento y adulación. Desde ahora, ese premio es un cheque al portador.
La llave del corazón de Donald Trump
«En gratitud por su extraordinario liderazgo en la promoción de la paz mediante la fortaleza, el impulso de la diplomacia y la defensa de la libertad y la prosperidad», dice el mensaje enmarcado y que, a su vez, le dio marco al galardón. «Presentado como un símbolo personal de gratitud en nombre del pueblo venezolano, en reconocimiento a las acciones firmes y basadas en principios del presidente Trump para asegurar una Venezuela libre. El coraje de Estados Unidos, y de su presidente Donald J. Trump, nunca será olvidado por el pueblo venezolano», añadió.
La pleitesía, llave que abre el corazón del jefe de la Casa Blanca, quedó debidamente consumada.
La ofrenda podría mejorar la posición de Machado ante el tutor de facto de Venezuela, autoerigido después del secuestro del dictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Al menos eso espera ella. Tras la abducción, hay que recordar que Trump había definido a la opositora como «una mujer muy agradable», pero que «no cuenta con apoyo ni con respeto dentro del país».
Sin embargo, tras dos horas de reunión, Machado salió sin garantía alguna de respaldo. Al salir, declaró que «creo que seré elegida presidenta de Venezuela en el momento adecuado. Cuando llegue el momento correcto, seré la primera mujer electa presidenta de Venezuela».
La CIA visitó a Delcy Rodríguez
Mientras eso ocurría en Washington, un enviado del republicano visitaba en Caracas a la presidenta interina, la chavista en recuperación Delcy Rodríguez. El delegado no fue un funcionario político, sino nada menos que el director de la CIA, John Ratcliffe. Sí, el hombre encargado antes del bombardeo y la captura de Maduro, encargado públicamente por Trump de desestabilizar al régimen.

John Ratcliffe, director de la CIA.
The New York Times reportó que «durante la reunión, Ratcliffe abordó las oportunidades de colaboración económica y recalcó que Venezuela ya no puede ser un refugio seguro para los adversarios de Estados Unidos, especialmente los narcotraficantes». Asimismo, «transmitió el mensaje de que Estados Unidos espera una mejor relación de trabajo» con el gobierno chavista residual.
El mensaje es claro: en lo que tal vez sea el único rasgo de sentido común en lo que es una cadena larga desatinos, desde el comienzo se dijo que la prioridad era que Venezuela no cayera en el caos. Por eso Trump convierte en su delegada a quien fuera la número dos de un gobierno cuya legitimidad nunca reconoció.
Las tres fases de Donald Trump
Como se sabe, la hoja del secretario de Trump, diseñada por el Estado Marco Rubio, consta de tres fases difíciles de empalmar.
La primera, urgente, «es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos». La segunda será «la recuperación, que consiste en asegurar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa (…). Se comenzará a generar un proceso de reconciliación nacional para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles, o regresar al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil», siguió.»La tercera fase, por supuesto, será de transición. Parte de esto se solapará», cerró en alusión a un proceso electoral libre destinado al cambio del gobierno.
Será una guerra de nervios, en la que la suerte de Trump en las elecciones de mitad de mandato de noviembre resultará decisiva para el neochavismo que intenta Rodríguez. La apuesta de esta es que, dado lo complicadas que vienen las cosas en el frente interno, vuelquen al norteamericano más a la autopreservación que en las aventuras externas.
Mientras, el mensaje es claro. Venezuela será, después de la Argentina de Javier Milei y de Honduras, el tercer Estado vasallo de Estados Unidos en su «patio trasero», «Doctrina Donroe» mediante. Primero fluirá el petróleo. La democracia puede esperar.
(Nota publicada en Letra P).
