El jefe de la Casa Blanca abrió el fuego con dibujos de guerra y ONU paralela. Emmanuel Macron habló de defensa y pidió inversión china. ¿Punto de no retorno?

El Foro de Davos, gran punto de encuentro del capitalismo global, fue escenario este martes del estallido de una guerra política que, es evidente, también será económica. Donald Trump llegó desplegando máxima agresividad en torno a su objetivo de apoderarse de Groenlandia; Emmanuel Macron, peso pesado de la Unión Europea (UE), lo desafió en toda la línea.

En verdad, al francés no le quedó más remedio, dada la ofensiva desplegada por el estadounidense, a la vez política y personal.

La publicación en las cuentas en redes sociales del republicano y, más significativo, en las oficiales de la Casa Blanca de un montaje que muestra a aquel clavando la bandera estadounidense en Groenlandia fue sentida como una provocación por la contraparte europea, que defiende la pertenencia de ese territorio a Dinamarca.

La política y sobre todo la verdadera, la internacional –Juan Perón dixit– está hecha, se supone, de intereses nacionales. Sin embargo, la nueva era del auge de la extrema derecha la ha convertido en algo personal en numerosos casos, como el de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva. El diagnóstico también le cabe a Trump y Macron.

Embed – Trump se burla de Macron y Europa en una rueda de prensa: “EEUU es su nación favorita”     

Donald Trump vs. Emmanuel Macron

Días después de haberse burlado en público, con gestos y jadeos llamativos, del presidente francés, y ventilado supuestas genuflexiones de este, Trump publicó este lunes en su red social, Truth, capturas de mensajes privados del mencionado y del secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Mark Rutte. En el atril de Davos olía a azufre.

Según un posteo, Macron elogió al norteamericano por lo hecho en Siria, lo invitó a concretar «grandes cosas en Irán«, le ofreció organizar encuentros multilaterales y le manifestó no entender «qué estás haciendo en Groenlandia».

Donald Trump le agradeció irónicamente a Emmanuel Macron lo dicho en un mensaje privado que difundió en su cuenta de Truth Social.

Donald Trump le agradeció irónicamente a Emmanuel Macron lo dicho en un mensaje privado que difundió en su cuenta de Truth Social.

El mensaje no pareció demasiado comprometedor, pero su difusión fue una traición y una prueba más del hecho más relevante de esta nueva era: Estados Unidos ha dejado de ser –incluso más allá de Trump– una contraparte confiable para sus socios tradicionales.

Lo que le tocó a Rutte fue peor. «Estoy comprometido a buscar una salida sobre Groenlandia», escribió el jefe de la Alianza Atlántica, lo que sugirió una vía de negociación para que Washington se salga con la suya.

Donald Trump dejó mal parado al jefe de la OTAN, Mark Rutte.

Donald Trump dejó mal parado al jefe de la OTAN, Mark Rutte.

Trump es muy proclive a los cambios de rumbo abruptos, ¿pero qué margen se deja, dadas así las cosas, para una marcha atrás?

Donald Trump, Javier Milei… ¿y cuántos más?

Antes de embarcar hacia Suiza, Donald I ya había «atendido» a Macron. Sobre la negativa de este a participar en la reunión de la ONU paralela que organiza en norteamericano, la de la Junta de la Paz, que se celebrará en paralelo a Davos con la presencia de Javier Milei y se verá cuántos líderes más, señaló que «nadie lo quiere porque va a dejar el cargo muy pronto». En realidad se apuró porque eso ocurrirá recién en mayo del año que viene. Además habló de aranceles punitivos del 200% a los vinos franceses.

Sin margen, Macron subió al atril del Foro con unos lentes oscuros. Denunció el «bullying» de Estados Unidos, habló de «brutalidad», defendió la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia y –pecado máximo– le tendió la mano a China, siguiendo el ejemplo reciente de Canadá, al hablar de la necesidad inversiones de la potencia asiática en la UE.

 Trump se está jugando en la ruleta el futuro de los Estados Unidos. Él no inventó el imperialismo norteamericano, aunque lo está llevando a nuevas alturas. Más allá de eso, es indiscutible que –para bien o, más probable, para mal– su país ha sido, al menos desde el final de la II Guerra Mundial y mucho más desde la caída de la Unión Soviética, el pilar de un orden internacional que hoy se demuele a garrotazos.

La Unión Europea, sola contra Vladímir Putin

Trump dilapida la reputación de la hiperpotencia –declinante– como un socio confiable para la UE, dinamita la unidad de la OTAN, estimula el apetito de Vladímir Putin sobre el este de Europa y conduce a China por el sendero que más le conviene: la recolección de heridos en base a alianzas económicas y hasta de seguridad. Un verdadero desorden internacional.

En un sentido, al destruir la reputación internacional de Estados Unidos, el republicano acelera la tendencia bajista de su país en lugar de revertirla.

Hay que pensar cuáles serían las mejores opciones, las más razonables, de los principales jugadores globales en semejante contexto.

Es más, el 20 de enero de 2029 Caballo Loco saldrá para siempre de la Casa Blanca, pero MAGA, el sector de extrema derecha que convirtió en factor político y de poder dentro del Partido Republicano, seguiría al acecho y condicionando la dinámica interna.

La racionalidad de lo peligroso

Así, sin garantías totales de largo plazo, aunque su sucesor prometa zurcir lo desgarrado, para la UE no quedaría otra alternativa que reforzar sus propias capacidades de defensa al margen de unos Estados Unidos que perderían poder de decisión en la arena internacional. ¿Dentro de una OTAN rescatada? Es posible, pero ya no en una que sea Estados Unidos más 31 enanitos.

Para Rusia la tentación de rearmar parte del viejo «patio trasero» soviético quedaría servida, foco de tensión recargado respecto de lo vigente hoy con Europa Occidental.

China tendría todos los incentivos para acelerar la desdolarización del comercio exterior, la profundización el proyecto BRICS, la difusión global del yuan y el desarme de las posiciones del Banco del Pueblo –central– en Bonos del Tesoro norteamericano. En tal caso, la llamada «opción nuclear» de una venta masiva de esas tenencias podría cobrar mayor viabilidad.

Los totalitarismos de Irán y Corea del Norte, por su parte, responderían a las amenazas constantes de ataque con una aceleración de sus programas atómicos y misilísticos.

¿Y América Latina? Será difícil una reacción mientras rija la «Doctrina Donroe», con Trump y incluso después de Trump.

La existencia de Estados vasallos como el argentino de Milei dificultará la puesta en marcha de políticas regionales de defensa, imprescindibles dadas la confesión estadounidense de querer apropiarse de los recursos estratégicos del hemisferio y la debilidad particular de cada país.

Donald Trump pasará, pero no su legado destructivo.

(Nota publicada en Letra P).