El economista le garantiza a Javier Milei control total del Palacio San Martín. Full Estados Unidos, Israel y sed inversora. Trato abierto y látigo público.

A casi tres meses de haber asumido como canciller, Pablo Quirno marca, para bien, una diferencia de estilo, dada por una mayor apertura. Sin embargo, consagra la obediencia total de la diplomacia argentina a Javier Milei, el alineamiento acrítico con Estados Unidos y la imposición de la autocensura y la batalla cultural lanzada por la extrema derecha gobernante.

Su principal innovación, cuentan en Cancillería, pasa por los modos.

Quirno «es un hombre correcto y dedicado a la tarea. Llegó sin asesores y se nota que le gusta este trabajo. Es un soldado del equipo económico, pero en lo que hace a política exterior es absolutamente línea Milei«, lo describió una fuente que conversó con Letra P.

«Es más amable que (Gerardo) Werthein y está más preparado que (Diana) Mondino«, agregó.

El anterior ministro de Relaciones Exteriores era más cerrado en el trato con los directores del cuerpo, pero parecía entender mejor cierto pluralismo necesario para el análisis de los temas.

Por ejemplo, llegó a comprender que los trámites para el ingreso de la Argentina a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) suponían un sello de calidad para el Gobierno, pero que eso requería que no se tocaran compromisos vigentes en materia de cambio climático y derechos humanos. Eso hizo que esos asuntos hayan sido dormidos de hecho, pero que no hayan sido alterados en lo estrictamente normativo.

El mismo pedido de consultas y la misma inacción –la salida habría tenido consecuencias crediticias sobre un país que no puede permitirse esos lujos– ocurrió en torno al Acuerdo de París sobre cambio climático. Ese fue un límite a la imitación de los pasos de Donald Trump.

El trauma de Diana Mondino

Aquel relativo pluralismo, sin embargo, no llegó a los extremos que le costaron la cabeza a Diana Mondino, eyectada a fin de octubre de 2024 por haberse allanado a las recomendaciones técnicas de apego a la tradición diplomática nacional en la denuncia declarativa del embargo a Cuba. Eso no podría volver a ocurrir con Quirno.

El actual canciller economista es hombre de su exjefe, Toto Caputo, pero muchos de los temas que debe resolver escapan a la lógica del Palacio de Hacienda. Así, en verdad, Quirno aplica las órdenes que bajan de Presidencia –con la que tiene línea directa– y, aunque se muestra más abierto con el cuerpo profesional, a cuyas cabezas suma más frecuentemente a reuniones y viajes, sería incapaz de cruzar líneas rojas ideológicas por razones de necesidad diplomática.

La Cancillería quedó intervenida plenamente desde el episodio de Mondino. En tiempos normales se espera que ciertos lineamientos de política exterior suban desde el Palacio San Martín hacia la Casa Rosada en forma de recomendaciones que tienen en cuenta la tradición diplomática, aspectos imprescindibles para la persecución del interés nacional y el cumplimiento de tratados internacionales. Ya no. El sentido de la política es estrictamente descendente.

La purga anunciada por el propio Milei tras aquel voto a favor de Cuba se concretó en la apertura de sumarios internos contra todos los funcionarios que intervinieron en esa recomendación, de quien fuera vicecanciller de Mondino, Eduardo Bustamante, hacia abajo.

Esos sumarios, que suponen un congelamiento de carreras y nombramientos, siguen los morosos pasos burocráticos y sirven como escarmiento para cualquier librepensador. «De derechos humanos, género y cambio climático no se habla más», escuchó Letra P.

La autocensura manda y la batalla cultural quedó está saldada.

Las sombras de Santiago Caputo y Karina Milei

Tal vez sea la domesticación del cuerpo diplomático o tal vez la probada disfuncionalidad del esquema que se le había impuesto a Mondino, pero lo cierto es que, al menos por ahora, en La Casa no se percibe la interna entre Santiago Caputo y Karina Milei.

Quien fuera el poderoso delegado del primero, Nahuel Sotelo, dejó la Secretaría de Culto y Civilización para recalar en la Legislatura bonaerense. En tanto, la virtual interventora ubicada por la hermana del jefe de Estado, Úrsula Basset, abandonó el área de Derechos Humanos para instalarse en el Ministerio de Justicia.

Adentro corre el runrún de que Sotelo –abanderado de la batalla cultural, militante de las Fuerzas del Cielo y hombre de armas llevar– podría pegar la vuelta. Lo cierto es que nadie extraña a ninguno de ellos.

En ese contexto, Quirno se muestra cómodo. Quienes lo frecuentan notan que «le gusta el traje», que disfruta ser el canciller. Lo describen como un hombre inteligente, que aprende rápidamente el oficio y que tiene la ductilidad necesaria en el trabajo cotidiano.

La gran novedad que introdujo fue la comunicación. Reclama un esquema ágil, directo, sintético y que no se distraiga ni en los detalles a los que son tan afectos los diplomáticos ni en el agotamiento de las instancias burocráticas. Pide que la Cancillería se anticipe a lo que informan los medios, aun cuando cierta información no haya pasado por todos los filtros tradicionales.

Pablo Quirno, el «picante» impenitente

El trato personal mayormente abierto no le ahorra ciertas salidas de pista que llamaron la atención, marca en el orillo que lo había llevado a ser uno de los Picantes del Ministerio de Economía.

Pablo Quirno, entonces secretario de Finanzas, se plegó al eufórico festejo del equipo económico por el acuerdo con el FMI y la apertura parcial del cepo.

Pablo Quirno, entonces secretario de Finanzas, se plegó al eufórico festejo del equipo económico por el acuerdo con el FMI y la apertura parcial del cepo.

El picante puede diluirse un poco, pero nunca se pierde. Tampoco la compulsión a tuitear, lo que incluyó retos públicos a diplomáticos que internamente son considerados poco profesionales, ajenos a los procedimientos e innecesariamente degradantes.

Esto ocurrió, por ejemplo, a principios de diciembre, cuando cruzó a Héctor Torres, un exdirector argentino en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y miembro del Servicio Exterior, por una crítica de este a la compra de aviones F-16 usados a Dinamarca.

Torres acató la reprimenda.

Poco después, retó a Gustavo Lunazzi, embajador en Suiza, por tener, según él, «la página web desactualizada y totalmente politizada». «Corrija esto de manera URGENTE», lo conminó, gritando en mayúsculas, a la 1 de la madrugada del 2 de enero hora de Suiza.

La agenda del canciller Pablo Quirno

La política exterior del país se ha hecho extremadamente limitada: Estados Unidos, Israel y apertura inversora y comercial. Y los dos primeros términos de la ecuación marcan, de hecho, más seguidismo que acción diplomática proactiva.

Esos temas marcan, a la vez, el trazo grueso de la agenda de encuentros del canciller, así como sus estrecheces.

El alineamiento se plasmó una vez más este jueves con la firma de Milei como miembro fundador, en nombre de la Argentina, de la Junta de la Paz, el invento de Trump que pretende convertirse en una suerte de ONU paralela que responderá a él y sólo a él, encima de modo vitalicio. Al parecer, con una dispensa especial para que el país no deba pagar los 1000 millones de dólares establecidos por la membresía permanente.

Javier Milei y Donald Trump en la ceremonia de firma del ingreso a la Junta de la Paz. ¿Una ONU estadounidense?

Javier Milei y Donald Trump en la ceremonia de firma del ingreso a la Junta de la Paz. ¿Una ONU estadounidense?

Según dijo el jefe de la Casa Blanca, que oficiará como presidente con poder de veto, 59 gobiernos ya anunciaron su adhesión –entre ellos la dictadura bielorrusa de Alexadr Lukashenko–, pero es poco lo que se sabe sobre el futuro. Vladímir Putin, Xi Jinping y Luiz Inácio Lula da Silva, hombres fuertes del grupo BRICS, dicen que están pensando su postura, mientras que Emmanuel Macron hizo punta en el rechazo europeo. Argentina, que no ha dicho si pondrá los 1000 millones de dólares que le darían una membresía definitiva, es dada por descontada.

Dados los cambios políticos recientes en la región, podría esperarse un ascenso de Chile y Bolivia en la atención de la Cancillería. Lo que preocupa al alto personal de carrera es Brasil debido al deterioro de la relación personal entre los respectivos presidentes.

Lo comercial, por su parte, depende más bien de las políticas económicas y con factores ajenos a la Argentina. El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea acaba de tropezar con trabas de un momento internacional muy dado al proteccionismo.

La decisión del Parlamento Europeo –con apoyo transversal de los legisladores de Francia, Polonia, Irlanda y Austria, países especialmente proteccionistas en materia agrícola– de pasarle el tema al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) sigue procrastinando un asunto que ya lleva 26 años de trámite. Curiosamente, el flamante embajador ante la UE Fernando Iglesias se permitió postear un rapapolvo a «gran parte de la dirigencia europea», a la que acusó de no darse cuenta de los presuntos aislamiento y debilidad del bloque. ¿Lo llamará al orden también el canciller

Sin embargo, el rumbo resistente al libre comercio que desea Milei no es privativo del proteccionismo agrícola europeo. ¿Acaso no parece haber quedado también en un limbo el acuerdo marco de comercio e inversiones anunciado en noviembre por Quirno y su homólogo de Estados Unidos Marco Rubio, cuyo texto hasta ahora no se dio a conocer, no se sabe en qué consiste y no contiene certezas de aplicación y plazos?

Malvinas, una piedra en el camino de Milei

Un tema sensible es Malvinas, en el que Quirno está condicionado por posteos del pasado, en los que ninguneaba la importancia de la acción diplomática y el propio reclamo de soberanía.

Viejos posteos muestran a Pablo Quirno como un hombre poco consustanciado con la causa Malvinas. El pasado lo condena, el presente lo encuentra más razonable.

Viejos posteos muestran a Pablo Quirno como un hombre poco consustanciado con la causa Malvinas. El pasado lo condena, el presente lo encuentra más razonable.

En tanto, hoy queda atenazado, por un lado, por lo que le dictan la prudencia y el asesoramiento profesional y, por el otro, por las salidas de pista del Presidente, que viene de insistir en la idea de que las islas serán argentinas cuando los isleños lo deseen, un desastre como precedente.

Lo primero, afortunadamente, tuvo una manifestación práctica esta misma semana con la decisión del embajador argentino en Francia, Ian Sielecki, se pausar una participación ante la Comisión de Asuntos Extranjeros de la Asamblea Nacional de ese país porque, detrás suyo, un mapa señalaba a las Malvinas como pertenecientes al Reino Unido. Hizo que esa referencia se tapara con un papel y luego siguió hablando. ¿Una formalidad? Sí, pero una necesaria.

Ian Sielecki, embajador argentino en Francia, hizo tapar una mención a las Malvinas como territorio británico durante una intervención en la Asamblea Nacional en París. (Captura de video).

Ian Sielecki, embajador argentino en Francia, hizo tapar una mención a las Malvinas como territorio británico durante una intervención en la Asamblea Nacional en París. (Captura de video).

Lo que tiene que ver con la actividad normal de la Cancillería en el plano de los organismos multilaterales, por último, se ha reducido al mínimo indispensable.

Una excepción es el interés oficial en colocar a Rafael Grossi, ex director general de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), en la secretaría general de las Naciones Unidas, toda una curiosidad dado el interés por participar en la ONU paralela de Trump.

Igual, el interesado hace los deberes: ya le prometió a Milei que, si tiene éxito, trabajará para liquidar la «agenda woke» de ese foro.

(Nota publicada en Letra P).