El Presidente en campaña sumó a Paolo Rocca al paredón de la casta. Las mañas de un titular que nunca pierde y los pliegues de una guerra sin sangre.
Lanzado a una prematura campaña por su reelección, Javier Milei se planta frente a una coalición opositora que, inconexa en la realidad, cobra vida en los diseños de sus estrategas. En esa alianza del mal brilla, como flamante incorporación, la figura de Paolo Rocca.
El Presidente lo definió como «Don Chatarrín» en las redes y como «una ‘piedra’ en el camino» en el Derecha Fest, sin nombrarlo, acaso por desdén, acaso por cierto temor. Este jueves subió la apuesta: replicó un mensaje en el que acusan al empresario de conspirar contra el Gobierno.

Lo elevó, así, a la categoría de emblema del «empresario prebendario», que «hace negociados» con funcionarios y reparte «toneladas de plata en los medios y a los periodistas». Un enemigo y miembro de la entente de «zurdos, kukas, medios y periodistas ensobrados» que, según los designios de diseño de sus ingenieros del caos, parece reforzarse.
El Presidente toma un riesgo al ponerse en contra a un representante tan importante del Círculo Rojo tradicional, con terminales poderosas en otros segmentos, incluso comunicacionales. Sin embargo, se lo permite por vivir días de euforia.
Los indicadores financieros por fin responden a sus deseos y, aunque la economía real no levanta, una ciudadanía por ahora más atenta a los dramas del pasado no se lo demanda en las urnas ni mayormente en las encuestas. Así, ya en campaña para las presidenciales de 2027, cantó y coqueteó en un teatro con su expareja –¿también oportunamente futura?– Fátima Florez y animó el nuevo encuentro de la fiesta facha.

Fátima Florez y Javier Milei: Rock del gato en el teatro.
La derrota del Grupo Techint ante el gigante indio Welspun para la provisión de caños para un gasoducto clave para la exportación de gas natural licuado (GNL), que llegaría de Vaca Muerta para su industrialización en Río Negro, encendió la polémica y le cayó justo al Presidente para redefinir un concepto de «casta» cada vez menos verosímil en su boca.
Las razones encontradas de Javier Milei
En la saga de Techint se juegan dos realidades paralelas.
Una, los problemas de competitividad de un sector industrial que al Gobierno no le interesa. «Los empresarios que quieran hacer negocios turbios con el Estado deben desaparecer e ir a la quiebra», se desgañitó en el Derecha Fest.
Dos, los hábitos de un sector que el mandatario no erra al calificar como prebendario y muchas veces probadamente propenso a la oscuridad del lobby, ineficiencias que, en efecto, paga la sociedad.
Sobre los primero, cabe decir que es necesario que la industria nacional –al menos en sectores con potencial de creación de riqueza y empleo– tenga un destino, sin que eso implique que se le deban tolerar niveles de protección excesivos y eternos. También, que se le dé alguna vez la oportunidad de competir en condiciones macro, crediticias e impositivas equivalentes a las de sus competidores externos. Hoy, el mandato es otro: «Compitan o mueran».
Sobre lo segundo, el hecho de que Techint haya bajado en una segunda instancia el excedente de su oferta inicial por los caños para el gasoducto lleva a preguntarse si planeaba obtener ganancias desmesuradas o terminó aceptando proveer ese material a precio de dumping, la misma cosa que le reprocha a su competidora india, que se provee en China. Como sea, queda en una posición poco defendible, sobre todo si se piensa la diferencia de las respectivas ofertas –de casi 300 y 200 millones de dólares, respectivamente– en términos de ganancias y de amortización del capital invertido por parte de una empresa controlada por el Estado pero de capital mixto y cotizante en bolsa como YPF, y socias privadas.
Paolo Rocca y la genealogía de una guerra
La guerra por la provisión de los tubos de acero incluyó una aparición en su momento estratégica de Rocca. Fue en octubre del año pasado, en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), rodeado de 200 estudiantes y hasta sentándose en el suelo como uno más.

Paolo Rocca, ceo de Techint, en la UBA.
«Un país necesita visión de desarrollo industrial. También, empatía con el trabajo que hacen muchas pequeñas y medianas empresas, que hoy son nuestros proveedores o nuestros clientes y también tienen que transformar sus empresas, modernizar e introducir tecnología avanzada. Ahora, para poder fortalecer una estructura industrial hace falta diálogo, un entendimiento», dijo. Su visión y la de Milei parecieron el día y la noche.
Un mes después, «dejó en claro que apoya las reformas de Milei, pero marcó distancia en un punto clave: pidió una política industrial activa, capaz de proteger a los sectores estratégicos y generar competitividad en un escenario global cada vez más desafiante», escribió entonces Lorena Hak en Letra P.
Otro mes pasó hasta que Esteban Rafele contó en Los Perfiles del Poder, su newsletter semanal de Economía –suscripción gratis, acá– el doble juego entre Techint y el Gobierno, con coincidencia en las reformas laboral y tributaria en ciernes y con diferencias respecto de las importaciones de China. El modelo de negocios del Welspun puso en negro sobre blanco ese anticipo.
El capital nacional, ¿un unicornio azul?
Intérprete fiel de ese sector del «capital nacional», un concepto que habría que rediscutir en la era de la globalización, las mamushkas societarias y los paraísos fiscales, Miguel Ángel Pichetto terció en la disputa al postear que «el excedente de la producción de acero en China, producto de las restricciones y los aranceles del 50% que fijó Estados Unidos, determina que ese país vuelque su stock a precios bajos. China practica una política de dumping en alianza con la empresa india». ¿Mintió? No. Sin embargo…
Techint negó que la diferencia de las propuestas haya sido de más del 40%, como trascendió, pero quedó en una mala posición al igualar la del consorcio ganador una vez que el resultado de la licitación estuvo sellado. Eso puede hacerse, pero cuando las diferencias no son abismales, lo que no habría ocurrido en este caso. Si podía proveer el material más barato, ¿por qué no lo hizo de entrada?
En un hilo interesante, el economista Federico Machado llegó a la conclusión de que «la derrota de Techint sugiere que el problema hoy es estructural. Si a pesar de la caída en los precios relativos, la industria nacional sigue fuera de mercado, la causa ya no es solo el margen de ganancia, sino un país que sigue siendo caro para producir».

Si de costos se habla, vale destacar que el laboral está en niveles históricamente bajos, lo que no impide que la ofensiva parlamentaria del Gobierno se centre hoy en aplastarlo aun más. De logística en el país sin obra pública, de crédito en el país de la bicicleta financiera y de consumo en el país de las paritarias congeladas no se habla.
Todo arde en el altar de la desinflación forzada y, de hecho, estancada.
Cambia, todo cambia en la Argentina de Javier Milei
El Círculo Rojo sigue apoyando el modelo de Milei, incluso a pesar de las evidencias de que no está hecho para algunos de sus segmentos más importantes, para empezar, la industria.
La última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC, correspondiente a diciembre último y con expectativas y proyecciones para el primer trimestre de este año, arrojó que, para un descollante 52,3% de las empresas industriales, la debilidad de la demanda interna es el principal factor que impide elevar la producción. Y ese diagnóstico viene en alza.

Fuente: INDEC.
En un sentido, que esos sectores apoyen la mileinomía pese a que ya es claro que los perjuicios a la industria son parte constitutiva del programa, corre en paralelo a lo que ocurre con grupos sociales que sufren el rigor del ajuste tal como se lo plantea, pero que siguen votando violeta.
Hay un paradigma, el del «primer metro cuadrado», que tal vez ha dejado de ser todo lo central que había sido en el pasado para explicar los comportamientos político-electorales de los agentes económicos, pero no está claro aún qué lo reemplaza. ¿El vacío programático y de liderazgo de quienes deberían ofrecer alternativas? ¿Una pulverización de las demandas? ¿Un mayor peso de la ideología? ¿El poder de las percepciones generadas en las redes? ¿La primacía de un rechazo anímico a ciertas expresiones políticas? ¿El peso del odio? Hay que pensar distinto.
Javier Milei vs. Techint-Clarín: ¿la guerra es una guerra?
Milei y sus estrategas, con Santiago Caputo a la cabeza, tal vez entiendan que «el primer metro cuadrado» ya fue y no tengan miedo de generar, ex profeso, una coalición opuesta con tanto poder de fuego. Una industria capitaneada en buena medida por Techint, un sector mediático y de telcos en el que Clarín talla fuerte, los heridos del modelo…
Por lo pronto, las iniciativas del tipo «avenida del medio» y «peronismo racional» o «federal» tropezaron en las urnas a pesar del aire comunicacional y financiero que recibieron. Lo ocurrido en octubre con el experimento Provincias Unidas es solamente el último ejemplo de eso. El futuro, sin embargo, siempre está abierto.
Por otro lado, ¿hasta qué punto la guerra entre el Gobierno y Techint-Clarín es tal?
El Presidente, que ahora embiste contra «Don Chatarrín», mantiene fijado en Twitter un mensaje lleno de reproches y cargos contra el «monopolio Clarín».

Sin embargo, el multimedio ha coincidido con el interés del Gobierno al hacer fuego a discreción contra el presidente de la AFA, Chiqui Tapia; no termina de matar –como amenaza desde hace meses– la compra de Telefónica de Argentina por Personal y las divisiones de cable e Internet del grupo siguen contando con amplísima libertad para indexar las facturas de sus servicios, algo a la vez impopular y nocivo para la reducción de la inflación.
En tanto, Tenaris pierde la licitación de los caños para el gasoducto del GNL, pero Techint talla fuerte en la explotación de Vaca Muerta con Tecpetrol como jugador líder.
Lo que se pierde por un lado, se gana en otro.
Pareciera que nadie quiere, por el momento, que la sangre llegue al río y que prima una danza de acuerdos y roces, apasionada y áspera como el sexo de los gatos. Tal vez eso no alcance para calificar la disputa como meros fuegos de artificio, pero sí para pensar que cuenta todavía con códigos que no se violan.
Según indicó Clarín, «hay tres grandes licitaciones que se concretarán este año y marcarán el destino de la industria argentina en relación a Vaca Muerta», entre ellas, la construcción del gasoducto de marras. El rol de YPF hará que los resultados sean vistos como un test sobre la relación de Rocca con el Gobierno.
¿La reyerta se convertirá finalmente en guerra y la política virará bruscamente en torno a esa refriega?
