El Presidente copia la histeria migratoria y elementos que deterioran la imagen del original. La narrativa, en el taller. La fase agresiva del proyecto 2027.
En parte por el guion siempre compartido de las extremas derechas, en parte por cierta fascinación personal y, en plena avalancha importadora, también por la tentación de incorporar elementos a una narrativa con fatiga de material y necesitada de renovación, el gobierno de Javier Milei comienza a adoptar algunos de los ejes impuestos por Donald Trump en Estados Unidos.
Lo curioso es que los elementos que comienza a imitar la Casa Rosada no le están dando buenos resultados al estadounidense, que cae en las encuestas y amenaza con arrastrar al Partido Republicano en las elecciones de mitad de mandato previstas para noviembre.

Resumen de encuestas sobre la aprobación de Donald Trump. (Fuente: RealClearPolitics).
En tanto, las críticas a Trump son abrumadoras y unen a medios de referencia, tanto conservadores como progresistas.

Las diferencias, incluso ideológicas, entre Trump y Milei son conocidas, lo mismo que sus afinidades. Esto último hace difícil separar lo que es tendencia general de los ultras locales de lo que es imitación de los norteamericanos. Para discernir eso no basta con reparar en las novedades, sino que se hace necesario entender el momento en que regresan los viejos tics.
Javier Milei está de vuelta
Es palpable el modo en que los éxitos recientes –desde lo electoral hasta la desarticulación de las oposiciones, pasando por algunos indicadores financieros– dejó atrás cierta moderación del lenguaje impuesta por la necesidad de impostar moderación al pie de las urnas.
Así, bien a lo Trump, quien se ama cuando provoca, reapareció con toda la fuerza en el Presidente el lenguaje macartista, violento y pueril, tanto en las redes como en su reciente intervención en el Derecha Fest de Mar del Plata.
Eso se notó en los renovados ataques a periodistas que, si le volvieran como un búmeran, acaso derivarían en demandas sensibles y chillonas como las que ha planteado varias veces.

También se observó en la ridiculización de un empresario poderoso como Paolo Rocca, aunque el ceo de Techint tiene cómo defenderse.
¿Imitar Minneapolis? ¿En serio, Javier Milei?
La imitación es una práctica arriesgada porque el producto puede resultar un tanto ridículo, especialmente cuando se vincula con lo que ocurre desde hace meses –con más intensidad, en las últimas semanas– en materia de política antiinmigratoria, represiva y militarizada en la ciudad de Minneapolis, estado de Minnesota, y otros territorios de Estados Unidos.

Esa ofensiva resulta ruinosa para Trump, al punto de que, tras las ejecuciones de dos ciudadanos a manos de efectivos, debió desalojar de esa localidad a los emblemas más cuestionados de esa política, en especial al ahora desplazado jefe de la Patrulla Fronteriza (USBP) Greg Bovino.
El fiasco obligó al presidente estadounidense a instalar allí, de apuro, a Tom Homan, su zar en materia migratoria, para reducir la presencia de efectivos del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), cambiar los operativos al voleo y de alta visibilidad por otros «selectivos» y, sobre todo, dejar de sembrar cadáveres. Homan, vale destacar, es un halcón.
Más allá de las críticas que merece la imitación de «lo peor de lo peor» y de los peligros que conlleva, el problema se agrava cuando las violencias simbólicas permean en lo concreto.
El gobierno de Javier Milei, con xenofobia propia
Acaso ignorante, acaso deslumbrado por la tormenta que se generó en Estados Unidos por los asesinatos de Renée Nicole Good el miércoles 7 y de Alex Pretti el sábado 24 a manos de matones del ICE y de la USBP, respectivamente, el Gobierno salió el lunes 26 a sacar pecho por haber conseguido un «récord de inadmisiones y expulsiones» de extranjeros en los últimos dos meses.
«En diciembre y enero, casi 5000 extranjeros no pudieron ingresar o fueron expulsados del país (…). El extranjero que viola la ley se va; el que intenta ingresar de manera ilegal no pasa», sacó patente de guapeza la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.

Sería una insensatez cuestionar la aplicación de las leyes, pero llama la atención el timing de la campaña de opinión pública, lo que pareciera indicar que la extrema derecha gobernante ha vuelto al momento –no electoral o, mejor dicho, preelectoral dado que el operativo «Milei 2027» ya está lanzado– de consolidar el núcleo duro.
Lo relevante es que lo anterior no fue solamente el anuncio de un resultado de gestión; hay allí un énfasis en comunicar algo muy específico, lo que hace ruido en el contexto estadounidense.
Pocos días antes, el viernes 23, el Ministerio de Seguridad había difundido en las redes sociales «un operativo de control de permanencia en La Matanza«.
«Controlamos a 385 extranjeros y detectamos a 16 en situación migratoria irregular, que deberán regularizarse o serán expulsados del país», anunció, sin advertir que confesaba la cocción, hecha al voleo, de tres empanadas.

Los rostros que muestra podrían ser de gente que estaba en situación regular o no. Asimismo, uno de los responsables de las redes de Milei, Iñaki Gutiérrez, se descolgó con un video personal en Instagram en el que anunció, con voz marcial: «¡Último momento! El 70% de los habitantes de las villas argentinas son extranjeros que entraron de forma ilegal al país y hay que echar inmediatamente».
Después de acusarlos, bien al modo trumpista, de ser «abusadores, violadores, delincuentes y homicidas», pidió apoyo al «plan del gobierno del presidente Milei que echa a todos los inmigrantes ilegales que estén hoy en el suelo argentino».
Aunque no pudo hacer nada con la gramática del joven, Chequeado lo refutó y recordó que «la única estimación oficial indica que la proporción de migrantes en villas y asentamientos es cercana al 10,1%. Los datos disponibles tampoco muestran una gran cantidad de indocumentados».
Si se repite, es plan: acaso busquen comprobar si la histeria es una enfermedad contagiosa.
Patricia Bullrich: balas, mentiras y video
La madrina política de Monteoliva, la exministra y actual senadora Patricia Bullrich, insistió en TV en su versión –falsa– de lo ocurrido con Pablo Grillo en la represión del último 12 de marzo. También eso es muy trumpista.
Tal como hizo en los casos de Good y Pretti la homóloga estadounidense de Monteoliva, la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Kristi Noem, Bullrich volvió negar lo que se ve con los ojos y torció una vez más la verdad al reivindicar al gendarme que disparó la cápsula de gas que se incrustó en la cabeza del reportero gráfico, el cabo Héctor Guerrero, cuyo procesamiento ya está confirmado en segunda instancia.
Bullrich insistió: «Las pericias que hicimos y que hicieron las fuerzas determinaron que fue un tiro bien hecho que tuvo la mala suerte de rebotar e impactarle en la cabeza». Habría que entender qué considera la senadora «un tiro bien hecho».
Como Noem, falta a la verdad. Las pericias de las que habla deben haber fraguado lo que ella misma dictaminó instantáneamente: el disparo se había realizado de acuerdo con el protocolo, a 45 grados y hacia arriba. La verdad, revelada en su momento por un impecable trabajo de Mapa de la Policía, fue que se realizó de modo horizontal.

Claro: esto es historia antigua, por más que Bullrich salga de nuevo a hablar del tema cuando la situación del gendarme Guerrero no hace más que complicarse y mientras Grillo, por fin, mejora.
El gobierno argentino hace copy and paste de la negación de lo evidente, de lo que todo el mundo ve en imágenes, al modo en que las autoridades estadounidenses pretendieron aseverar que las personas asesinadas perpetrados en Minneapolis habían agredido a los agentes.
La palabra de las extremas derechas no tiene valor porque, para esas facciones, cualquier cosa que se diga se justifica por la manipulación necesaria para ganar la «batalla cultural».
La aplicación goebbeliana de la frase «calumnien, calumnien, que siempre queda algo», escrita en 1775 por el dramaturgo Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais en Le Barbier de Séville, se correspondía con épocas en las que no había redes sociales ni multitud de registros ciudadanos en video. Todo eso hoy existe; sólo hay que abrir los ojos.
