El Presidente ratificó en el Congreso que está en campaña por su reelección con el odio como insumo principal. Realidad mata relato. ¡Kirchnerismo nunca más!

El proyecto para la reelección de Javier Milei ya está en marcha. Lo ratificó el Presidente ante el Congreso con un mensaje que dejó una certeza: el modo de buscar ese objetivo será una apuesta a la confrontación total con un peronismo que no dejará de presentar como kirchnerismo. Argentina es un país condenado a no convivir jamás en paz.

La esperanza de la extrema derecha, verdaderamente osada, es que los prodigios del discurso compensen las consecuencias sociales de una reforma económica que, destinada según el mandatario a terminar con el «fetiche industrialista», no se traduce en bienestar ni en un crecimiento que no se limite a los nichos del agro, los hidrocarburos, la minería y los servicios financieros.

Fuente: Management and Fit.

Fuente: Management and Fit.

¿El relato de Javier Milei mata realidad?

El Presidente habló de una economía en crecimiento, pero pareció no creer demasiado en sus propias palabras. «La malaria se terminó», elevó la vara en un momento, para enseguida enumerar su rosario conocido sobre las «condiciones para volver a crecer»: ajuste perpetuo, escasez de moneda, equilibrio macro, mayor desregulación y más apertura importadora. ¿En qué quedamos?

El Gobierno tiene problemas, aunque una política cada vez más facciosa y ensimismada, sobre todo en el peronismo sin rumbo ni referencias, registre con bastante delay lo que pasa en la calle.

Milei adjudicó el repunte de la inflación al «riesgo kuka» y a una trama golpista que sumó al «Congreso y algunos sectores empresariales que especularon con una devaluación» entre el triunfo electoral en la Ciudad de Buenos Aires y las legislativas del 26-O. Nada dijo sobre la rebeldía del IPC en la actualidad, más de cuatro meses después de esa cita, ni sobre su decisión de volver a intervenir el INDEC para que siga subestimando los índices.

Más realista, evitó repetir la promesa de «aniquilar la inflación» antes de junio y ponderó al «mejor ministro de Economía del mundo dos veces seguidas, Toto Caputo«. Olvidó así viejas acusaciones de que, con Mauricio Macri, el Messi de las finanzas había sobreendeudado al país y vaciado el Banco Central.

Javier Milei, eufórico en el Congreso.

Javier Milei, eufórico en el Congreso.

Habló de un crecimiento del empleo sin titubear ante la realidad de una precarización que convierte puestos de trabajo de calidad en el sector privado en monotributo y cuentapropismo. Asimismo, se adjudicó haber «triplicado los salarios en dólares» pese a que el atraso cambiario que ha estimulado sin pausa hace que eso signifique lo mismo que nada para quienes tuvieron la paciencia de escucharlo.

La estrategia del odio en el Congreso

Es imposible saber cuánto tenía para decir Milei en verdad. Su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso comenzó a las 21:09 y terminó a las 22:53, pero en el medio se prolongó con lo que se anticipa como el corazón de su estrategia reeleccionista: la violencia discursiva, el macartismo y la cancelación de la oposición y la disidencia.

Presentado por el locutor oficial como el doctor que no es, casi agradeció los gritos que llegaban de la bancada peronista mermada que lo escuchó, con la que se entregó a permanentes «diálogos». «Diálogos» es una forma de decir; lo que hubo fueron gritos, insultos, motes de «kukas», «corruptos», «chorros», «asesinos», «ignorantes», «burros»… Un montón que, eso sí, deleitó a las barras ubicadas en los palcos y al elenco de funcionarios que lo arropó y lo aduló a destajo.

El gabinete de Javier Milei, exultante en el Congreso.

El gabinete de Javier Milei, exultante en el Congreso.

Tal vez esperando que el peronismo cumpliera su promesa de retirar a sus representantes en caso de ataques, no ahorró golpes, incluso con reiteradas alusiones ofensivas a Cristina Fernández de Kirchner y a su condena por corrupción. En el planeta Milei, la disidencia no existe.

El presidente-candidato dejó en claro que no se molestará en hablarles a los ciudadanos críticos por el dolor que les impone su gestión. La pregunta es si por ese camino atraerá al sector del electorado que excede a su núcleo duro ideológico, el que le permitió ganar en 2023 y que debería fidelizar el año que viene.

Por tercer año consecutivo, la transmisión oficial dio vergüenza: en el universo simbólico de la extrema derecha, la oposición no existe, no es visibilizada. Sólo tiene significado como objeto de escarnio, praxis que también implica riesgos: en el ida y vuelta con sus enemigos, el Presidente aludió a las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y al Karinagate. Fue su lengua floja la que llevó a la audiencia a pensar en esos estragos, poco compatibles con el abstruso eslogan de «la moral como política de Estado», el que quedará en ridículo a la vuelta de cualquier esquina.

Envalentonado, le sacó el cuerpo a un grito de «fascista» y dejó una definición un tanto inquietante. «Los fascistas son socialistas que entendieron que el camino no era la violencia», dijo sobre Benito Mussolini y Adolf Hitler. Osado revisionismo.

Su idea de la coalición de enemigos y golpistas que enfrenta va más allá del peronismo K y la izquierda combativa. Entre los empresarios que sumó a la presunta entente no se privó de castigar a Paolo Rocca («Don Chatarrín», volvió a llamarlo) y, por elevación, a Javier Madanes Quintanilla. La prensa fue mencionada, pero esta vez la sacó más barata.

También, desde ya, incluye a Victoria Villarruel, con quien se mostró gélido e incómodo al llegar al Congreso. La transmisión oficial evitó mostrar el momento del encuentro, pero no pudo evitar otro trance, realmente delicioso: el modo en que la vicepresidenta sacó de un empujón a Karina Milei cuando la secretaria general trataba de desplazarla para caminar junto a su hermano. El VAR dijo que fue con el hombro. Todo pelota.

Donald Trump, el amigo americano

En medio del clima de calculada batahola resultaron interesantes los aplausos del embajador de los Estados Unidos Peter Lamelas, incluso a las definiciones más partidarias del jefe de Estado anarcocapitalista.

Esos gestos fueron incluso previos al agradecimiento a Donald Trump por lo que por primera vez describió como «una ayuda» en la campaña electoral y a su propuesta de convertir la alianza con ese país en una política de Estado, que exceda lo que puedan hacer «el presidente Donald Trump y el presidente Javier Milei».

En ese sentido, ofreció un «siglo de las Américas», una unión que vaya «de Alaska a Tierra del Fuego».

El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, que apoyó el fin de semana calurosamente en un comunicado, estuvo llamativamente ausente. Acaso prefirió no mentar los riesgos económicos que supondría su eventual profundización para el plan de Caputo y, con eso, para sus chances de reelección.

Novedades, se buscan

El discurso fue chato, carente de novedades en materia de anuncios y de narrativa, y errático. No hubo de hecho ningún hilo narrativo y la cabeza de Milei pareció ir y venir todo el tiempo entre el pasado tal como lo recuerda y el futuro tal como lo fantasea.

Se destacó, en ese vacío, la iniciativa de transformar el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) «en política de Estado», sin la fecha de vencimiento prevista por la ley en vigor. Extractivismo eterno con escaso aporte de valor local parece ser el proyecto.

De incentivo a la producción, nada. De infraestructura, menos. De diálogo para que las políticas de Estado que propone no sean soliloquios sujetos a desmonte cuando cambie el viento de la historia, tampoco, cosa que el Círculo Rojo no parece percibir.

Los gobernadores que acudieron a escucharlo estuvieron ausentes de su discurso y ni siquiera fueron parte del agradecimiento a las dos cámaras del Congreso que facilitaron las leyes de las sesiones extraordinarias, como la ley Penal Juvenil, la de Inocencia Fiscal, el libre comercio con la Unión Europea (UE) y, sobre todo, la precarización laboral. Acaso sea tarde cuando entiendan que le entregan todo al Gobierno para que La Libertad Avanza (LLA) se fortalezca al punto de despojarlos de su poder.

Al cabo, Milei 2027 es un proyecto de confrontación total.

(Nota publicada en Letra P).