Imagen generada con inteligencia artificial (ChatGPT).
El crudo sube y ya calienta surtidores en Estados Unidos. La duración de la crisis y sus consecuencias. Donald Trump finge demencia. Argentina, a tiro de shock.
Si la guerra en Irán entraña un riesgo económico tanto para países centrales como emergentes –Argentina incluida– y si esa acechanza depende del factor tiempo, la pregunta se impone: ¿cuánto es mucho y cuánto es poco? Mientras se completa la primera semana de violencia, quien preste atención podrá escuchar el tictac de los relojes.
La cotización del petróleo, vector fundamental del eventual contagio de lo bélico a las finanzas y las economías globales, volvió a expetimentar este jueves un empinamiento brusco. El hecho extendió una sombra sobre los mercados accionarios, ya que pocos sectores quedarían a salvo de un posible shock duradero de los precios de la energía.

Fuente: MarketWatch.
Puntualmente, el crudo de Brent –del mar del Norte, de amplia referencia internacional, especialmente para el petróleo argentino– se encareció 3,23% más para finalizar la rueda a 84 dólares por barril. Desde el 27 de febrero, día previo al inicio de los ataques israelo-estadounidenses, acumula una suba de casi 20%.

Fuente: Yahoo Finanzas.
En tanto, la cotización del WTI, que orienta el mercado estadounidense, escaló casi 6% hasta 79 dólares. En lo que va del conflicto, 17,4%. Muy fuerte.
«Los plazos están bajo nuestro control», dijo el secretario de Guerra, Pete Hegseth, blanqueando, sin poder evitarlo, el drama del momento. ¿Cuánto es mucho tiempo y cuánto es poco?
Por ahora, la guerra en Irán sólo escala
Si la guerra terminara mañana, si Irán se rindiera, si Donald Trump y lo que quede de la teocracia chiita pactaran una transición y la región no cayera en un caos duradero, los daños económicos serían ínfimos. El problema es que nada de eso está asegurado.

Teherán no encuentra tregua entre los bombardeos de Israel y de Estados Unidos. (Foto: Getty/AFP/Atta Kenare)
- Este jueves, Teherán siguió viviendo un infierno bajo el fuego de los dos aliados.
- Su aparato militar mantiene, aunque de modo reducido para dosificar sus stocks de misiles y drones, las réplicas contra bases estadounidenses y otros objetivos en varios países de la región.
- Según CNN, la CIA comenzó a armar a milicias kurdas iraníes para que aceleren los acontecimientos con una ofensiva terrestre desde el otro lado de la frontera iraquí.
- Benjamín Netanyahu abre de par en par un segundo frente en Líbano, de modo de debilitar aun más a la milicia chiita Hizbulá, aliada de Irán, incluso a costa de un impactante éxodo de civiles desde el sur de Beirut.
- Reino Unido por un lado y Grecia e Italia por el otro comenzaron a movilizar recursos militares para proteger instalaciones e intereses en Catar y Chipre, respectivamente. Mientras la rebeldía de Pedro Sánchez sigue provocando ira en la Casa Blanca, Emmanuel Macron autorizó a Estados Unidos el uso de bases de la OTAN en Francia, presuntamente con propósitos exclusivamente defensivos.
- En tanto, Trump advirtió que deberá tener poder de veto en la elección del líder supremo muerto el sábado, Alí Jameneí, y que su hijo Mojtaba –mascarón de la Guardia Revolucionaria– no es una opción potable.
Esta guerra no terminará mañana.
La madre del borrego
Si el petróleo es la clave, a todos esos acontecimientos hay que sumar el cierre de facto del estrecho de Ormuz en el golfo Pérsico, por el que en tiempos normales pasa el 20% del tráfico mundial de petróleo y la totalidad del gas natural licuado (GNL) de Catar, tercer exportador mundial de ese recurso y abastecedor privilegiado de China, India y Japón, y, en un segundo escalón, de la Unión Europea (UE).

Desde el inicio de la guerra, el estrecho está intransitable por cuestiones de seguridad y los cargueros hacen lo que pueden evitando esa encrucijada y pasando la mercadería por instalaciones en tierra claramente insuficientes.

Fuente: The Daily Telegraph.
¿Tiene Donald Trump estrategia de salida?
La nafta regular –nuestra «común»– está subiendo bruscamente en Estados Unidos por el efecto Irán.

Foto: Scott Olson/Getty Images.
Según Bloomberg, «el costo promedio nacional de la nafta aumentó 27 centavos desde la semana pasada hasta 3,25 dólares por galón. Ese promedio es 15 centavos más alto que hace un año».
En tanto, en surtidores concretos del área de Miami, el aumento va bastante más allá del promedio de 9% que surge de esos números y llegaba este jueves a casi 15%.
Con una opinión pública volcada en una proporción de 60/40 en contra de la guerra y con esos efectos sobre el bolsillo, la crisis podría resultar veneno para los republicanos en la elección de mitad de mandato del 3 de noviembre, en la que se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
Un promedio de encuestas nacionales arroja para Trump un saldo de imagen negativo superior a los 11 puntos porcentuales, lo que podría convertirlo en un salvavidas de plomo para sus correligionarios.

Fuente: RealClearPolitics.
El presidente ya empezó a rendir cuentas sobre los efectos económicos, que empiezan por la nafta en las estaciones de servicio y, si la guerra no se limitara, terminarían en los precios de la comida, la inflación en general y los costos de las empresas, todos asuntos que explican su impopularidad.
«No tengo ninguna preocupación al respecto. Los precios (de los combustibles) bajarán muy rápidamente cuando esto termine. Pero si suben, subirán, porque esto (N. del R.: la ofensiva contra Irán) es mucho más importante que que el precio de la nafta». Otra vez el gobierno debió rendir cuentas sobre el timing de la aventura.
Donald Trump en su laberinto
No hay que engañarse: el hombre está preocupado y, pese al aura de autoridad que intenta emanar, no puede evitar responder a crecientes presiones de sus propios legisladores y candidatos. Este jueves, sorprendió la noticia de la eyección de su secretaria –ministra– de Seguridad Interior, Kristi Noem, quien fue una de las caras visibles de la desastrosa, violenta y piantavotos ofensiva antiinmigrantes desatada en Minnesota y otros estados demócratas. Entre otros escándalos…

Son, por ahora, paños fríos sobre una fiebre que sube y sube. Sin narrativa que explique a la ciudadanía por qué hizo lo que hizo y, al parecer, sin estrategia de salida, Trump asume un riesgo grande.
Su decisión de no comprometer tropas terrestres –impensable en este contexto preelectoral– limita severamente la posibilidad de forzar el «cambio de régimen» que prometió o, cuando menos, una toma de control por elementos más pragmáticos, como sugiere ahora. ¿Alcanzaría con la ofensiva kurda desde el noroeste que, dijo CNN, orquesta la CIA desde Irak para agitar el avispero interno?
No queda claro, lo que abre dos escenarios, por ahora apenas posibles, pero molestos si se piensa en la duración del conflicto y en sus efectos económicos: uno, que Irán caiga en el caos y que eso arrastre a la región; dos, que, sin otro recurso que los bombardeos y la destrucción desde el aire, el régimen persista, aunque quede magullado, como ocurre en la Franja de Gaza con Hamás a pesar de la dramática represalia israelí posterior al ataque terrorista y toma de rehenes del 7 de octubre de 2023.
¿Cuánto dura la guerra en Irán?
Por ahora manda la incertidumbre. En términos generales, podría decirse que el riesgo económico se haría concreto si la guerra durara al menos un mes. Dos meses ya implicarían peligros mayores. Tres meses o más… a abrocharse los cinturones, sobre todo en países vulnerables como la Argentina de Javier Milei, que sufrirían por una doble vía: devaluación por vuelo a la calidad de los capitales e inflación por encarecimiento de la energía.
En el corto plazo, potencias como Estados Unidos, China y otras cuentan con grandes stocks de reservas petroleras que pueden usar con criterio anticíclico, pero esos colchones no duran para siempre.
Para Estados Unidos, un petróleo sostenidamente caro implicaría más inflación, interrupción del proceso de baja de la tasa de interés –o directamente una suba–, aumento de la morosidad crediticia y ralentización de la actividad. En lo social y lo político, bolsillos más flacos, un aumento del descontento social desatado inicialmente en la pandemia y alto riesgo electoral para Trump.

Donald Trump habló ayer sobre la guerra en Irán y vaticinó la caída del régimen cubano en presencia de Lionel Messi y el resto del plantel de Inter Miami.
En Europa, que ya sufre más plenamente el encarecimiento de la energía –Vladímir Putin sonríe y espera que algunos le empiecen a perdonar su agresión a Ucrania–, habría directamente recesión.
En Argentina, las petroleras por ahora se contienen, atentas a las necesidades del Gobierno de no recalentar los precios más de lo que ya están.
«El costo del envío de petróleo desde Medio Oriente a China ha registrado la ferocidad de la crisis logística. Alquilar un buque de transporte de crudo muy grande saltó de alrededor de 120 mil dólares por día la semana pasada a más de 450 mil dólares por día desde que estallaron los combates», dijo la agencia Reuters.
«China es el mayor importador de petróleo del mundo y los precios internos de los futuros del crudo se dispararon esta semana, aumentando un 31% desde el viernes pasado», añadió.
Claro, Pekín no moverá en dedo para ayudar a su moribundo aliado, pero nadie ganaría con una guerra extensa o con un caos que prolongara sus efectos. El problema es que la salida del conflicto es más incierta que la capacidad de aguante de la República Islámica.
