Una causa de mayorías que pierde intensidad. ¿El huevo o la serpiente? Las amistades peligrosas del Presidente. Ultras del mundo, uníos.
A punto de cumplirse medio siglo del último golpe, complace constatar un estado de opinión adverso a la última dictadura cívico-militar y ampliamente favorable a la democracia. Sin embargo, ¿cómo se entiende que la misma sociedad que responde así en las encuestas haya votado ya dos veces a un gobierno abiertamente negacionista como el de Javier Milei y Victoria Villarruel?
La valoración de las elecciones regulares, así como la reivindicación de la libertad de expresión y los derechos de las minorías, aparecen en todos los estudios con amplísimos niveles de respaldo. Con todo, el sistema político consagra y parte de la sociedad naturaliza la represión de la protesta, el cercenamiento del derecho de huelga, las presiones a periodistas y medios, la ampliación de las atribuciones del aparato de inteligencia para operar fronteras adentro, la violencia oficial en las redes, el abuso de autoridad, la persistente opacidad de los poderes Legislativo y Judicial, y hasta los operativos por portación de rasgos raciales en partidos del Gran Buenos Aires del ICE criollo de la ministra Alejandra Monteoliva.
Letra P siguió con atención la incubación de la deriva que se avecinaba desde el Gran Confinamiento a través de numerosos artículos. Deriva, claro, que responde a un contexto internacional, pero también resulta específicamente argentino.
La emergencia de Javier Milei como riesgo cierto
En agosto de 2023, tras el impacto que había causado Milei en las PASO, el sitio publicó un editorial que llamaba a construir un amplio acuerdo democrático de contención. Realizó, así, lo que consideró un acto de responsabilidad y de lealtad con sus lectores, pese a descontar que no sería atendido por la dirigencia.
Finalmente, insistió con un ciclo de entrevistas publicado en YouTube ante una efemérides más feliz que la que se avecina: los 50 años de la restauración de la democracia, que se cumplían en octubre de ese año.
Hoy, acá estamos.
Dictadura o democracia: ¿ideas que calman?
Los números grandes de las encuestas tranquilizan.
Zuban Córdoba y Asociados encontró que más de dos tercios de los argentinos consideran que el Proceso fue una etapa multidimensionalmente sombría.
Sin embargo, cuando se entra en detalles el panorama es algo diferente, con mayorías críticas del pasado algo más «aguadas».

En él, asoman la grieta del momento y el núcleo duro mileísta.

Eso, no casualmente, coincide con un relativismo más grande entre los jóvenes sobre la preferencia por la democracia con independencia de sus resultados económicos.

¿Dictadura? ¿Qué dictadura?
Otro estudio, Miradas retrospectivas sobre la dictadura argentina: 50 años después, elaborado de manera conjunta por el Observatorio Pulsar de la UBA y el CELS (1136 casos; nacional; relevamiento mixto, CATI 661 casos, online 389 casos y 86 casos domiciliarios; margen de error +/- 2,8%) se orienta en el mismo sentido.
Del trabajo surge una mirada condenatoria del pasado claramente mayoritaria, con 78% de personas consultadas que prefieren la democracia por encima de cualquier otra forma de régimen.

Con todo, también aparece una inquietud extendida de que el sistema esté en la actualidad, en base a los retrocesos señalados al inicio de esta nota, en «zona de riesgo».

Las miradas más dispersas sobre las responsabilidades que llevaron al golpe de Estado y a las atrocidades conocidas dan cuenta de un estado de opinión más laxo con aquel contexto.

La consulta sobre la probabilidad de una nueva dictadura en el país es especialmente rica. Casi nadie la considera viable, pero ¿en qué tipo de régimen no democrático piensan quienes responden? ¿En una dictadura militar como las comunes en el siglo XX, hoy verdaderamente inverosímiles, o en un modelo de deterioro de la calidad de las libertades públicas, una lenta agonía como la que plantean Daniel Ziblatt y Steven Levitsky en el ya clásico libro Cómo mueren las democracias.

Percepciones ocultas en la era de Javier Milei
Hay que observar en algo más cuando se leen encuestas. Por ejemplo, más de la mitad de los votantes de Milei dice pensar sobre la dictadura como el consenso mayoritario, de modo condenatorio, pero eso no le impidió a ese sector del electorado, en primera vuelta o sumándose en la segunda, elegir una fórmula abiertamente negacionista. Las opiniones son opiniones, pero pueden ser más fuertes o más aguadas.
En diálogo con Letra P, Lara Goyburu, directora ejecutiva de Management and Fit, formuló«una pregunta metodológica» que, cree, «está siendo subestimada: ¿estamos midiendo opiniones o convicciones? Las encuestas capturan lo que la gente dice que piensa, pero no la intensidad con que esa posición opera en decisiones concretas. Esa diferencia importa mucho».
«Tomemos, por ejemplo, el veto a la emergencia en discapacidad, que generó un desacuerdo general del 67,4%; o el veto al aumento de las jubilaciones, uno del 66,5%. Sin embargo, cuando se cruza por voto pasado, el patrón se vuelve más revelador: entre votantes de La Libertad Avanza (LLA), el acuerdo con el primero de esos vetos superó el 52%, lo que indica que una parte considerable del electorado, que en otras preguntas expresa valores más democráticos o solidarios, allí acompañó una decisión que tensiona esos mismos valores. Eso es exactamente la brecha entre opinión declarada e intensidad real que me preocupa como indicador de salud democrática», puntualizó.
Investigadora y docente universitaria, Goyburu contó, en el diálogo con este medio, situaciones análogas en mediciones que la consultora realizó el año pasado en temas de potencial impacto institucional, como la relación del Presidente con los periodistas, el caso $LIBRA y los escándalos de José Luis Espert y Diego Spagnuolo. Ya no por sesgo ideológico, sino por pertenencia etaria, «hay un segmento que consistentemente procesa esos eventos de manera diferente al resto: los varones menores de 40 años. No es intuición, sino un patrón que se repite con robustez en distintas oleadas de medición», explicó.
«Lo que sugieren estos datos y vale la pena empezar a observar ante un aniversario como este no es que un segmento esté equivocado y otro tenga razón. Señalan que la valoración de las instituciones y la tolerancia ante episodios que las tensionan no es uniforme en la sociedad argentina, y que esos clivajes de género y de generación merecen atención analítica rigurosa. La democracia no se sostiene sólo con adhesiones declarativas, sino con convicciones que resisten el costo de defenderlas», remató.
De dictadura, «excesos» y «demonios»
Si los sondeos cuantitativos de opinión pueden no captar adecuadamente intensidades o niveles de compromiso, lo ideal es complementarlos, antes y después, con focus groups –estudios cualitativos–, lo que supone un costo extra.
Los focus entregan claves interesantes para las inconsistencias de la opinión que trata esta nota.
De acuerdo con un artículo publicado por Gabriela Pepe, «un estudio cualitativo basado en seis focus groups que la consultora PRISMA realizó en exclusiva para Letra P (…), en la ciudad de La Plata y con la participación de 36 personas de diferentes grupos etarios –generación X, millennials y centennials– y divididos según su voto en las elecciones del 26 de octubre», surge que, «si bien existe un rechazo ‘transversal’ a la dictadura como experiencia histórica, la memoria sobre ese período ‘está fuertemente filtrada por la identidad política’ y existe un conocimiento general superficial que no permite darles un contexto histórico a los hechos ni conectar con el presente».

La investigación de PRISMA para Letra P muestra las tensiones entre los votantes del peronismo (en celeste) y Javier Milei (en rosa) sobre la dictadura.
«En sintonía con lo que expresa la dirigencia de ese sector, la teoría de los dos demonios se escuchó con frecuencia entre los votantes de Milei que participaron del estudio. Si bien en sus testimonios apareció un cuestionamiento a ‘excesos’ como las torturas, las desapariciones forzadas y el robo de bebés, los grupos mileístas abonan a la idea de un conflicto armado entre dos bandos», continuó.
«En esa línea se inscribe, también, la idea de que el guarismo de 30 mil desaparecidos es una exageración de un valor que rondaría los ocho mil. En general, los votantes libertarios creen que la causa de los desaparecidos ‘se utilizó políticamente’ y consideran que las víctimas tuvieron algún tipo de responsabilidad en lo sucedido», completó.
La Libertad (no) Avanza
La perforación de la verdad de que el Estado tiene responsabilidades indelegables en materia de preservación de los derechos humanos y de que la Justicia ya saldó hace tiempo que no hubo errores ni hubo excesos, sino un plan sistemático de extermino, hizo posible que los senadores de la extrema derecha gobernante se hayan negado a votar esta semana una simple declaración de repudio al último golpe y un pedido por la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad. Y eso, sin sufrir el más mínimo costo político.
Algo análogo ocurrió en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires.
En la cámara alta nacional, «en soledad, el oficialismo se abstuvo tras un pedido de la jefa de la bancada, Patricia Bullrich, para considerar un texto alternativo, que se limitaba a asumir un compromiso con el orden constitucional y condenar ‘cualquier tipo de violencia’. Luis Juez fue el único miembro de LLA que votó a favor de la declaración propuesta por Wado de Pedro«, escribió Mauricio Cantando en Letra P. ¿La exministra de Seguridad estará en pleno y silencioso proceso de revisión personal?
La ultraderecha, una peste global
Cierta liviandad del compromiso con la democracia no es patrimonio nacional, sino parte de una tendencia internacional que preocupa a los especialistas y que se vincula estrechamente con el ascenso de las derechas radicales o populistas.
En ese sentido, es interesante contrastar que, de acuerdo con una encuesta realizada por Latinobarómetro entre 19.205 personas de 17 países de la región, Argentina aparecía «en una muy buena situación» en comparación con lo que la responsable del estudio, la socióloga Marta Lagos, definió como un momento de «recesión de la democracia». Fundamental: el trabajo se realizó entre el 20 de febrero y el 18 de abril de 2023, año crucial para nuestro país.
Según el instituto, apenas el 48% de los latinoamericanos apoyaba entonces el sistema democrático como el mejor régimen político, 15 puntos porcentuales menos que en 2010.
Sólo detrás de Uruguay, la Argentina ranqueaba muy por encima del promedio, con un 62%.
Luego pasaron cosas.
¿El huevo o la serpiente?
¿La extrema derecha, a la que se puede votar por motivos no políticos, sino económicos, por caso, genera el retroceso de los valores democráticos o se monta sobre un deterioro de valores sociales?
Otro estudio prestigioso, el V-DEM, llevado a cabo este año por la universidad sueca de Gothenburg, encontró que «en América Latina y el Caribe hay cuatro países democratizadores: Bolivia, Brasil, República Dominicana y Guatemala. Bolivia, Brasil y Guatemala dan un giro de 180 grados por estar revirtiendo la autocratización. Sin embargo, la autocratización continúa en seis países: Argentina, El Salvador, Haití, México, Nicaragua y Perú».
En concreto, señala que «la autocratización en Argentina comenzó con la presidencia de Javier Milei. Bajo su gobierno populista libertario de extrema derecha, la libertad de expresión, la libertad de prensa y las organizaciones de la sociedad civil fueron atacadas. Sin embargo, la popularidad de Milei sigue siendo alta y su propia coalición, La Libertad Avanza, fue la gran ganadora en las elecciones intermedias 2025».

La Argentina de Javier Milei está en caída libre en lo que respecta a fortaleza de la democracia, según un estudio de la universidad de Gothenburg.
Javier Milei, ¿un peligro para la democracia?
¿Es Milei un peligro para la democracia que se busca preservar con el ejercicio de memoria de este cincuentenario?
Probablemente no si se piensa en un retorno del «partido militar» al modo de los años 1970. Sin embargo, ya se sabe «cómo mueren hoy las democracias», por más que la política presuntamente republicana prefiera guardar silencio ante abusos institucionales y deshonestidades estridentes.
El huevo de la serpiente ultra no pierde temperatura. Los mencionados avances contra libertades básicas y la embestida contra derechos sociales que se creían conquistados se amparan en una ola internacional que por ahora cobra impulso a la sombra de Donald Trump.
Es necesario tener en cuenta que la fidelidad canina del Presidente a su referente estadounidense se refiere a un hombre que finalizó su primer mandato con un intento de golpe de Estado para anular las elecciones que había perdido y con el aliento al asalto al Capitolio perpetrado el 6 de enero de 2021. Asimismo, que el segundo gobierno comenzó con indultos masivos a los conjurados de esa jornada inolvidable.

Por otro lado, también se debe tener en mente que Milei ha reivindicado más de una vez a Jair Bolsonaro como un «perseguido político», a pesar de que siguió el guion trumpista con el copamiento de las sedes de los tres poderes el 8 de enero de 2023. Bolsonaro no es un perseguido: está preso e inhabilitado por atentado contra el orden democrático de Brasil.
En un nuevo episodio de su rotation internacional, el jefe de Estado viajó a Budapest, donde participó este sábado de una nueva reunión de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), la internacional de la extrema derecha.
Acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y por el canciller Pablo Quirno, se mostró con su nuevo amigo, el primer ministro Viktor Orbán, un ultra bajo cuyo liderazgo –entre 1998 y 2002 y luego desde 2010–, Hungría registró un retroceso democrático dramático y se ha convertido en una bomba en manos de la Unión Europea (UE).

De acuerdo con la universidad de Gothenburg, la Hungría que admira Javier Milei es el país que ha registrado bajo Viktor Orban un mayor retroceso en el Índice de Democracia Liberal (LDI). Nuestro país saltó en dos años a la novena posición.
Con su negacionismo expreso, el Presidente dio por tierra con la idea de que el proceso de memoria, verdad y justicia era una política de Estado, pero no lo pudo liquidar. Si se ha distanciado de Villarruel fue por otros motivos, lo que hace que la vice atraiga, llamativamente, a figuras del peronismo.
Pese a retrocesos y hasta traiciones, la resiliencia de los organismos defensores de los derechos humanos y de un núcleo social duro y amplio, que se muestra en las calles cada 24-M, suponen un límite.
Es más, desde Gobierno ratificó la idea de dar este martes una nueva vuelta de tuerca sobre la «batalla cultural» y su versión de los años de plomo, pero desmintió versiones sobre posibles indultos a militares.
Es de esperar que esta vez Milei cumpla con su palabra.
