Memoria, Verdad y Justicia en Buenos Aires y en toda la Argentina. (Foto: Matías Baglietto, @BagliettoMatias).

Una multitud puso a la defensiva al gobierno de Javier Milei: del negacionismo a la «reconciliación». La derrota ultra frente a la ética del compromiso.

La multitud que cubrió más que nunca un amplísimo radio del centro porteño en torno a la Plaza de Mayo y diversas ciudades del país consumó, a 50 años del último golpe cívico-militar, una victoria cultural rotunda. El reclamo de Memoria, Verdad y Justicia puso al gobierno negacionista de Javier Milei en una actitud tímida y defensiva.

Como cada 24-M hubo multitud; unidad de lo diverso; columnas organizadas y miríada de asistentes espontáneos; reencuentros y abrazos; dolor, nostalgia y alegría por la lucha compartida; mucha juventud y, sobre todo, la mención de los nombres de quienes la tiranía de 1976 se llevó, pero que merecen resonar por siempre como presencias indelebles.

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Javier Milei y la «batalla cultural», en su laberinto

Ante tanta proclamación de «batalla cultural», el compromiso de millones volvió a marcarle la cancha a la extrema derecha gobernante, que repitió su rap sobre la «memoria completa» a través de un video largo y ya ni siquiera sorprendente. Un ritual tan poco efectivo que motivó al Presidente por la tarde a salir a tuitear banalidades sin captar siquiera atención en forma de enojo.

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La «Historia completa». El Gobierno insitió con su retórica negacionista en un video que publicó en el inicio del 24M.

Pese a lo anterior, corresponde mencionar los testimonios de los protagonistas del video: el de Miriam Fernández, quien nació en la ex-ESMA y decidió considerar su familia a la pareja de apropiadores condenados por la Justicia, y el de Arturo Larrabure, asesor del Ministerio de Defensa e hijo del militar Argentino del Valle Larrabure, secuestrado y asesinado en 1974 por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Sus historias, como las de todas las víctimas, merecen escucha y comprensión. Lo que no merece nada de eso es el mensaje de un gobierno que, si se presta atención, comenzó en 2023 con la reivindicación de las aberraciones sistemáticas cometidas por las Fuerzas Armadas en el marco de una supuesta «guerra» que no fue tal cosa, sino una represión ilegal que no respetó ningún «derecho de guerra» de los militantes de las organizaciones armadas y políticas, imponiéndoles una pena de muerte ilegal y sumaria, que se cebó finalmente contra toda una sociedad, que persiguió cualquier forma de acción colectiva y de disenso y sometió a toda una generación, en diversos grados pero sin dejar indemne a nadie, a conculación de la democracia, empobrecimiento, represión, censura, tortura, servidumbre, apropiación de niños, violación, desaparición y asesinato.

¿De qué material estarán hechos los perpetradores de ayer y sus defensores de hoy?

La marcha de este martes colmó las inmediaciones de la Plaza de Mayo con una consigna central: Nunca Más. 

La marcha de este martes colmó las inmediaciones de la Plaza de Mayo con una consigna central: Nunca Más.

De esa apología del terrorismo de Estado –concepto que algunos no entienden ni van a entender jamás–, el oficialismo pasó al negacionismo de lo ocurrido o, mejor dicho, a su relativización. Allí llegaron la presunta «memoria completa» y ahora, con llamativo énfasis, la remanida idea de la «reconciliación».

La prédica oficial no merece un enlace al video oficial ni mayor referencia que la de crónicas periodísticas como la de Juan Rezzano en Letra P. Pelearse con eso es darle entidad, clicks, visibilidad. Mejor no; solamente resaltar un par de argumentos.

«En ningún momento utiliza la palabra ‘dictadura’ para referirse al autoproclamado ‘Proceso de Reorganización Nacional’: lo identifica como ‘régimen cívico-militar’. Y se refiere a ‘los dos lados’ de la historia, un concepto propio de la retórica negacionista que esconde al terrorismo de Estado en la lógica de una guerra entre pares: la teoría de los dos demonios», escribió el jefe de Redacción del sitio. Pone el dedo en una llaga: si de memoria completa se trata, llama la atención el esmero oficial en omitir el costado más grueso y trágico de la misma.

El mencionado viraje culmina ahora –si es que no continúa su deriva hacia otros futuros– en la idea de la «reconciliación», una vuelta de campana al ardid del menemismo en 1990. Esa meta se consigue solamente a través de la justicia, la que, aun con omisiones e imperfecciones, se hizo en la Argentina en gran medida para admiración del mundo civilizado.

Mapa de juicios y sentencias por delitos de lesa humanidad de la dictadura militar al 24 de marzo de 2026

Mapa de juicios y sentencias por delitos de lesa humanidad de la dictadura militar al 24 de marzo de 2026

Hay, en esos giros retóricos, una cierta timidez oficial, prueba de que la presuntuosa «batalla cultural» que propone no encarna en ningún lado y que, si es verdad que se ha librado, terminó en derrota para la extrema derecha.

En su manifestación más evidente, esa derrota se observa en la soledad del oficialismo. La gran mayoría del arco político sumó manifestaciones constructivas en la jornada histórica de este martes, desmintiendo la boutade de que la memoria es solamente cosa de izquierdistas y peronistas.

Esos sectores ratificaron su consecuencia con la causa, pero también muchos otros. En la misma línea se expresaron referentes de un radicalismo que, más allá de sus claudicaciones, no tiene por qué renunciar a la obra descomunal de Raúl Alfonsín.

También exponentes del centro derecha democrático como Maximiliano Ferraro, Horacio Rodríguez Larreta y hasta figuras del PRO y otros espacios que pausaron sus coincidencias o su colaboración con el Gobierno como Miguel Ángel Pichetto, Silvia Lospennato y Laura Alonso, entre otros.

La derrota de los ultras

Con todo, corresponde mantener la guardia alta. Si la baguala de la «reconciliación» –por otra parte, imposible sin la interrupción de delitos de acción continua como la desaparición forzada y la apropiación de identidad– fue la precuela de los indultos de los 90, no habría que descartar que el Gobierno buscase pavimentar el camino para una reedición de la vocación por la impunidad. Sin embargo, ni ese atajo parece hoy a mano para la derecha ultra que, al menos en este terreno, ha sido vencida.

Llama la atención que el gobierno de Milei y de Victoria Villarruel no haya podido, en más de dos años, más que atentar indirectamente contra el consenso de Memoria, Verdad y Justicia.

Lo hizo a través de la degradación del área de Derechos Humanos a subsecretaría. También, mediante la reducción de estructuras, personal y presupuesto de organismos como el Archivo Nacional de la Memoria, el Museo Sitio de Memoria ex-ESMA, el Banco Nacional de Datos Genéticos y en base al cierre de espacios como el Centro Cultural Haroldo Conti en la ex-ESMA.

No es poca cosa y merece condena. Sin embargo, los juicios en curso prosiguen, no hubo alivios masivos para los condenados y, menos, ofensivas en pos de amnistías o indultos.

¿La referencia a una «reconciliación» forzada podría modificar esto último?

Parece difícil, toda vez que la Corte Suprema no parece dispuesta a repetir el traspié de mayo de 2017, en tiempos de Mauricio Macri, cuando a través de un fallo pretendió aplicar el beneficio del «dos por uno» para aligerar el tiempo de condena de represores. La reacción de los organismos pro derechos humanos, una abrumadora respuesta social en las calles y la acción del Congreso –que declaró través de la ley 27.362 que ese beneficio no es aplicable a criminales de lesa humanidad– obligaron al alto tribunal a un recule en chancletas sin precedentes.

Por otro lado, en tiempos más virtuosos y con una conformación diferente, la propia Corte saldó ya en 2005 la inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y, en 2007, la de los indultos a violadores de los derechos humanos. Así lo imponen la propia Constitución Nacional y tratados internacionales incorporados a la misma.

La ética del compromiso

Pese a lo dicho, ni las victorias ni las derrotas son inalterables. Son, en cambio, resultados de procesos históricos que obligan a sostener el esfuerzo.

Estela de Carlotto, referencia mundial en materia de lucha por los Derechos Humanos.

Estela de Carlotto, referencia mundial en materia de lucha por los Derechos Humanos.

Es perceptible que lo que arrojan las encuestas en términos de respaldo ampliamente mayoritario al principio de Memoria, Verdad y Justicia es fuerte y sentido en sectores amplios y transversales como los que se movilizaron ayer, pero que se ha diluido en otros en alguna medida que, a la vez que dicen compartirlos, no dudan en en juego mediante el voto reiterado por una opción política como la que gobierna la Argentina, que lo cancelaría si pudiera.

Esto hace tan importante lo visto este martes, para empezar por la lucha que mantiene el pequeño puñado de Madres y Abuelas, últimas representantes de un colectivo que merece una honra eterna por el coraje y la persistencia que les permitió soñar con la justicia cuando todo parecía perdido y, algo para nada menor, con la propia restauración de la democracia.

Junto a ellas y seguramente después de ellas, el testimonio social tomado por numerosos jóvenes que, si no deshacen, al menos complejizan muchos preconceptos injustos que se atribuyen a su generación.

Esos organismos y esas multitudes entienden que la victoria es siempre provisoria, pero también política y militante.

¿Podrá esa victoria llamar a otras, ya en el plano político, social y económico en una época como esta, plena de pérdida de derechos, pero en la que resulta perceptible en encuestas y lecturas de realidad el modo en que el motor de la extrema derecha comienza a perder aceite?

Esa es la tarea, cuando surgen las coincidencias entre el plan de Milei y Toto Caputo con el aplicado desde 1976 por José Alfredo Martínez de Hoz, quien al inicio de su gestión criminalmente endeudadora hablaba no sólo de importaciones y desindustrialización, sino, con números calcados de los que se han oído en el último bienio, de inflaciones del 54% mensual que se proyectaban a un presunto 17.000% anual.

¿Es necesario que la Historia, con una risotada sarcástica, se valga hasta de los detalles y coincidencias más nimios para recordarnos la persistencia del pasado en el presente y alertarnos sobre los caminos que tomamos?

Increíble ironía por la que sólo cabe agradecer y abrir los ojos de par en par.

(Nota publicada en Letra P).