Keiko Fujimori, al ballottage en Perú: ¿la cuarta será la vencida?
Elecciones accidentadas le aseguran un lugar a Keiko Fujimori. El ultraconservador Rafael López Aliaga y el liberal Jorge Nieto pujan por el segundo lugar.
En medio de un proceso accidentado, que continuará este lunes con elecciones en mesas que no fueron instaladas en la víspera, se confirma que Perú enfrentará un ballottage el 7 de junio. Keiko Fujimori estará en él y, aunque persiste la incertidumbre sobre su rival, todo indica que el modelo que ponderan Javier Milei y Toto Caputo no enfrentará amenazas.
Más de 180 mesas –sobre todo en Lima– no pudieron ser habilitadas el domingo debido a la falta de materiales y problemas logísticos, lo que provocó una avalancha de críticas a las autoridades electorales y, en algún momento, incluso rumores de una cancelación de los comicios. Sin embargo, estos siguieron adelante y se decidió que los 52.000 electores privados de su derecho a sufragar lo hagan hoy, un hecho extraño puesto que lo harán con la difusión de resultados parciales que podrían orientar un voto útil.
Con el 52% de las actas contabilizadas, Fujimori encabezaba el escrutinio con 16,94% de los votos. El crucial segundo lugar, en tanto, era peleado por Rafael López Aliaga –otro ultraderechista– con 14,7% y por el centrista Jorge Nieto Montesinos –12,9%–, sorpresa por haberse colado en el lote de los favoritos.

Fuente: Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) de Perú.
Más atrás, pero bien posicionado por algunos sondeos a boca de urna, quedaba el empresario, periodista y exalcalde de Lima Ricardo Belmont –9,81%–.
Elecciones en clima enrarecido
A pesar de que el recuento confirma la fragmentación pronosticada por las encuestas, López Aliaga denunció un fraude en su contra que incrementó el ruido.
Con todo, de sostenerse la diferencia de sufragios entre López Aliaga y Nieto –172-282–, los comicios de este lunes no incidirían en el resultado final, pero aún es mucho lo que resta por contabilizarse, lo que genera incertidumbre.
El primer dato fuerte que surge del conteo es la confirmación de la extrema fragmentación del voto, un clásico que se enraíza en la política peruana y que da cuenta de la baja legitimidad tanto de la dirigencia política –incluso de los outsiders que buscan posicionarse en ese contexto– como de un modelo macroeconómico de estabilidad, pero con considerable desempleo –7,5%–, informalidad laboral –más del 70%– y limitado derrame en términos de mejora de las condiciones de vida.
Toto Caputo ha ponderado la persistencia de la estabilidad macro en Perú, destacando que no ha sido alterada ni siquiera por una crisis institucional severa que ha hecho alternarse ocho presidentes en diez años. Sin embargo, otro modo de pensar la cuestión pasa, justamente, por el problema que el modelo peruano impone a la vigencia de una democracia que ha perdido calidad y posiciones en todos los rankings internacionales.
Un Congreso sin mayorías
Otro foco de atención es la composición del nuevo Congreso, que después de 23 años pierde su carácter uninominal y recupera una Cámara de Senadores.
El Legislativo refleja, claro, la dispersión del voto. El partido de Fujimori, Fuerza Popular, será la primera minoría en ambas cámaras, pero lejos del quorum propio, de acuerdo con proyecciones de la encuestadora Datum.

La emergencia de un Congreso sin mayorías y fragmentado extiende la sombra de la crisis institucional en Perú.
El desafío de armonizar la relación entre poderes, uno de los grandes problemas del país en los últimos años, seguirá siendo acuciante, así como la acechanza del espectro de la crisis institucional permanente.
El modelo que ama Toto Caputo, a salvo
El modelo económico ponderado por Toto Caputo no ha perdido su estabilidad, con un nivel de inflación proyectado para el año en menos de 3%, pero ha perdido dinamismo y todos los candidatos –cada uno con su libreto– prometen relanzar la actividad.
Keiko Fujimori es una derechista heredera del legado de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), y dueña de un núcleo duro –como se ve, pequeño– que añora el aplastamiento –sin miramientos de derechos humanos– del terrorismo en los años 90 y la derrota de la inflación –asimismo con pocos miramientos sociales–. Su figura quedó asociada para muchos detractores con la la corrupción, el golpismo y el establecimiento de un Estado policial en los años 1990 bajo el mando del tenebroso Vladimiro Montesinos.
Su nivel de rechazo es alto, lo que le jugó en contra en los tres ballottages que ya protagonizó y podría beneficiar otra vez a quien resulte su rival.
La mujer, de 50 años, ha prometido aprovechar el amplio acceso del Tesoro al mercado de deuda –el riesgo Perú es de apenas 130 puntos básicos– para reforzar la inversión en obra pública.
En tanto, López Aliaga –un miembro del Opus Dei de 65 años y célibe por convicción– promete promover la inversión y ampliar la formalización laboral en base a la adopción de políticas activas.
Nieto, un sociólogo de 74 años y exministro de Cultura y de Defensa del liberal Pedro Pablo Kuczynski entre 2016 y 2018, adoptó durante la campaña un discurso centrista eficaz en el diagnóstico de los principales problemas del país: la inestabilidad institucionalidad por el permanente chantaje del Congreso a los sucesivos presidentes, la disolución del rol del Estado, la escasa diversificación del aparato productivo, la informalidad laboral y las carencias en materia de salud y educación
Belmont, de 80 años, habló por su parte del paso a una «economía social de mercado con rostro humano».
Entre Donald Trump y China
Más allá de los retoques que se proponen, el modelo estaría a salvo con cualquiera de esos nombres en la Casa de Pizarro porque, en el fondo, nadie propone nada que no sea el fortalecimiento del equilibrio fiscal, la estabilidad y las garantías para la inversión privada.
La seguridad también es un tema relevante, en el que Fujimori y Álvarez se destacaron en la promoción de políticas de mano dura.
Con las candidaturas de izquierda sin chances, Donald Trump consolidaría en cualquier caso un gobierno aliado a su proyecto de primacía hemisférica. Sin embargo, quien emerja vencedor de la segunda vuelta tampoco podrá prescindir del vínculo con China, que concentra el 40% del comercio exterior de Perú, frente a sólo 11% de Estados Unidos.
Asimismo, la inauguración en noviembre de 2024 del puerto de Chancay –construido por la estatal COSCO Shipping en base a una inversión de 3500 millones de dólares– permite una conexión marítima con Shanghái en apenas 23 días.
En tanto, Las Bambas, yacimiento controlado por la estatal china MMG Limited, donde ha invertido 7000 millones de dólares, sigue siendo uno de los emblemas del sector cuprífero, el principal motor de las exportaciones nacionales. En se sector, empresas chinas dan cuenta de alrededor del 35% de las ventas externas.
Por último, China Southern Power Grid controla la totalidad de la distribución eléctrica en Lima, entre otros intereses.
