El resultado de las elecciones legislativas del próximo 28 será sin dudas de difícil lectura, pero la tarea resultará más ardua en la medida en que ya se vislumbran interpretaciones que buscarán confundir. Un aspecto sobre el que se insiste intencionadamente desde ahora pasa por la previsible derrota del oficialismo en varios de los distritos más grandes y ricos: Capital Federal, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. A excepción, claro de la provincia de Buenos Aires, el 40% del padrón nacional, donde se encamina a una victoria crucial.
La idea es presentar un revés en esos distritos importantes como una derrota en toda la línea, minimizando los resultados positivos que el kirchnerismo pueda tener, además de en Buenos Aires (donde todo es a base de choripán, como se sabe), en el norte y en el sur del país. Pero la realidad es diferente, por varias razones.
Por un lado, la situación no debe sorprender: finalmente, el peronismo se impondría en su gran bastión (la provincia de Buenos Aires, gracias al voto del conurbano), va dividido en Santa Fe y perdería en las provincias muy ligadas a la actividad agropecuaria y donde hay una fuerte tradición radical. Un panorama razonable para un gobierno que lleva seis años de gestión desgastante.
Por otro lado, no debe sorprender que el voto de un partido popular se concentre en los distritos más pobres. Es lo que le ocurrió con Luiz Inácio Lula da Silva en 2006 y que no impidió que ganara la segunda vuelta por un margen de 60% a 40%.
Basta con echar una mirada al mapa de Brasil que dejó la primera vuelta de octubre de ese año para confirmarlo. El rojo, sobre todo en el norte pobre, indica triunfos del PT; el azul, en el sur rico, los estados en los que ganó la oposición socialdemócrata (bah, de nombre, en realidad es el nuevo partido conservador de las élites brasileñas).
Opositor fue, por caso, San Pablo, el emblema industrial, financiero y agropecuario del país. Además, en el segundo distrito en cantidad de votantes, Minas Gerais, se dio un mínimo triunfo de Lula pero por una picardía de su gobernador, el socialdemócrata Aécio Neves, quien fue reelecto por amplio margen pero le quitó colaboración al candidato presidencial, el paulista Geraldo Alckmin, su correligionario, para sacarlo de circulación en los comicios de 2010.
Argentina saldrá tan dividida del 28-J como Brasil de los últimos comicios presidenciales. Ricos por un lado, pobres por el otro, parece ser la ecuación. Pero mientras unos y otros vivamos en el mismo país, todos los votos valen lo mismo. Que se sepa.