Hace pocas horas se supo que Estados Unidos perdió “solamente” 345.000 empleos en mayo, con lo que el índice de desocupación trepó al 9,4% (el mayor desde 1983). Todo indica que éste llegará cómodamente a los dos dígitos antes de fin de año.
La “buena noticia” es que, si bien el dato es lamentable, representa la menor destrucción de empleos de los últimos ocho meses y que los mercados financieros y sus “expertos” (en dar pronósticos errados), habían previsto una merma de 520.000. ¡Pavada de diferencia!
Mientras, el desempleo crece también en Europa. Allí las elecciones para el Parlamento comunitario del fin de semana confirmarán una vez más que, en las crisis, la que medra es la derecha más extrema y xenófoba. ¡Menos mal que la debacle actual no resultó tan grave como la del 30! ¿Se imaginan algo más a la derecha que Berlusconi?
Ante este panorama, no sorprende que el Banco Mundial haya anunciado que cambiará el criterio de mercado laboral que utiliza (entre otros indicadores) para elabora su ranking Doing business, que señala qué países presentan mejores condiciones para invertir. ¿Un cambio menor? Antes los privilegiados eran los que presentaban condiciones laborales más flexibles; ahora, increíble pero real, lo serán aquellos que tengan un mercado de trabajo más rígido, en línea con los parámetros de la OIT. Si esto es así, al menos desde el punto de vista laboral, Argentina debería convertirse en uno de los países de la región más atractivos para los inversores.
La decisión, que contradice toda una era de presiones y condicionalidades, es producto de una incómoda adecuación a la realidad, en la que los países campeones del capitalismo liberal nacionalizan empresas, rescatan masivamente a sus bancos y limitan los excesos del capital.
“Reconocemos que una protección bien diseñada de los derechos de los trabajadores es buena para la sociedad en su conjunto”, dijo el Banco Mundial, al presentar su giro. Sin embargo (la genética es la genética, al cabo), advierte que su índice de mercado laboral “no representa las políticas del Banco Mundial y no debería ser usado como base para aconsejar a los gobiernos o ser citado en documentos que describan la estrategia de desarrollo de ningún país». (Esta gente está un poco confundida).
El cambio se reflejará, si los muchachos del BM no cambian de nuevo de parecer, en el Doing business de 2010, que se presentará en septiembre.
En síntesis, la crisis global y los nuevos usos obligan al BM y al FMI a adecuar sus criterios. Pero la adaptación es incómoda y poco clara. De la boca para afuera, en definitiva. Depende de su necesidad de no dejar en offside a los países que determinan sus propias políticas. Cuando se trata “aconsejar a los gobiernos” (pobres, obvio, que son los únicos que se ven obligados a escucharlos) lo que persiste son las viejas prácticas.
No escuchemos, pues, las sirenas que nos hablan de lo inocuo de volver al déficit fiscal, ya que el FMI nos ayudará para cubrirlo sin condicionalidades.
La “buena noticia” es que, si bien el dato es lamentable, representa la menor destrucción de empleos de los últimos ocho meses y que los mercados financieros y sus “expertos” (en dar pronósticos errados), habían previsto una merma de 520.000. ¡Pavada de diferencia!
Mientras, el desempleo crece también en Europa. Allí las elecciones para el Parlamento comunitario del fin de semana confirmarán una vez más que, en las crisis, la que medra es la derecha más extrema y xenófoba. ¡Menos mal que la debacle actual no resultó tan grave como la del 30! ¿Se imaginan algo más a la derecha que Berlusconi?
Ante este panorama, no sorprende que el Banco Mundial haya anunciado que cambiará el criterio de mercado laboral que utiliza (entre otros indicadores) para elabora su ranking Doing business, que señala qué países presentan mejores condiciones para invertir. ¿Un cambio menor? Antes los privilegiados eran los que presentaban condiciones laborales más flexibles; ahora, increíble pero real, lo serán aquellos que tengan un mercado de trabajo más rígido, en línea con los parámetros de la OIT. Si esto es así, al menos desde el punto de vista laboral, Argentina debería convertirse en uno de los países de la región más atractivos para los inversores.
La decisión, que contradice toda una era de presiones y condicionalidades, es producto de una incómoda adecuación a la realidad, en la que los países campeones del capitalismo liberal nacionalizan empresas, rescatan masivamente a sus bancos y limitan los excesos del capital.
“Reconocemos que una protección bien diseñada de los derechos de los trabajadores es buena para la sociedad en su conjunto”, dijo el Banco Mundial, al presentar su giro. Sin embargo (la genética es la genética, al cabo), advierte que su índice de mercado laboral “no representa las políticas del Banco Mundial y no debería ser usado como base para aconsejar a los gobiernos o ser citado en documentos que describan la estrategia de desarrollo de ningún país». (Esta gente está un poco confundida).
El cambio se reflejará, si los muchachos del BM no cambian de nuevo de parecer, en el Doing business de 2010, que se presentará en septiembre.
En síntesis, la crisis global y los nuevos usos obligan al BM y al FMI a adecuar sus criterios. Pero la adaptación es incómoda y poco clara. De la boca para afuera, en definitiva. Depende de su necesidad de no dejar en offside a los países que determinan sus propias políticas. Cuando se trata “aconsejar a los gobiernos” (pobres, obvio, que son los únicos que se ven obligados a escucharlos) lo que persiste son las viejas prácticas.
No escuchemos, pues, las sirenas que nos hablan de lo inocuo de volver al déficit fiscal, ya que el FMI nos ayudará para cubrirlo sin condicionalidades.
Los Reyes son los padres.


La única verdad es la realidad. Finalmente, estos gurúes de cuarta tienen que reconocer, mal que les pese, que las recetas que tanto pregonaron estaban totalmente equivocadas y eran la causa del problema, no la solución. Todo esto, si somos bien pensados y los consideramos como simples técnicos que lo único que intentaban era hacer bien su trabajo. Distinto sería si los consideráramos intelectuales orgánicos y representantes del sistema capitalista financiero. En ese caso, sus diagnósticos nunca estuvieron equivocados, ya que sus objetivos no eran los confesados…pero eso sería un cambio de paradigma. Un abrazo Marcelo.