Jorge Castro da hoy datos interesantes sobre Brasil en un artículo que publicó en Clarín. Veamos tres datos:

  • Su PBI representa el 72% del total del Mercosur.
  • Desde abril su principal socio comercial es China y Argentina, el tercero.
  • Brasil es el país emergente que más inversión extranjera directa atrajo después de China.

Con esa información en la mano, el autor señala que “las prioridades de Brasil no son intrarregionales sino globales”, lo que desvía su mirada a China y la región Asia-Pacífico.
El punto de vista es interesante por las implicancias que esto tiene para la Argentina, seguramente no en lo inmediato sino en el largo plazo, sobre las que el artículo no avanza. Aclaramos esto porque las conclusiones que vamos a derivar probablemente no serían compartidas por Castro.
Por un lado, si esta trayectoria se mantiene, con un Brasil crecientemente afirmado como potencia emergente, nuestro país cada vez “valdrá menos” como socio. Así, una Argentina que sigue luchando por reconstruir un tejido industrial que tuvo y le fue arrancado, deberá cuidar mucho su interés nacional, dado que no debe convertirse en un apéndice de la estrategia brasileña de inserción en la economía global. Una consecuencia de esto son las tensiones que se observan en la cumbre del bloque se realizó entre ayer y hoy en Asunción, en la que Brasil cuestionó duramente las medidas defensivas adoptadas por el gobierno nacional (licencias no automáticas) en materia de importaciones.
Segundo, habrá que anticipar con mucha precisión la evolución política del vecino, dado que el futuro del Mercosur distará de estar asegurado en los términos que conocemos cuando Luiz Inácio Lula da Silva deje el poder a principios de 2011. Más en concreto, la internacionalización del sector industrial brasileño se expresa en crecientes presiones sectoriales para que el Mercosur deje de ser una unión aduanera (por imperfecta que ésta sea) y se retrotraiga a un mero bloque comercial, lo que desataría las manos del país para avanzar en una complementación comercial con, por ejemplo, los Estados Unidos. El tema es que este punto de vista es el de buena parte del partido que hoy por hoy luce como favorito para acceder al poder en el postlulismo, el de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB, conservador). Su candidato presidencial será José Serra, gobernador de San Pablo y expresión del empresariado que se muestra cada vez más hostil hacia el Mercosur.
Retomando el hilo, en tercer lugar, tal vez nuestro país deba pensar en seguir los pasos de Brasil, es decir, crecer, derramar sus empresas e inversiones, hacia Sudamérica, como plataforma para una fase ulterior en la que, fortalecida en su estructura productiva, pueda integrarse al mundo con menos peligros y vulnerabilidades.
Eso, claro, requerirá mucho trabajo y tiempo, acaso décadas. Supondrá también reconstruir en serio su industria, generar una herramienta de apoyo a las empresas similar al brasileño BNDES, recuperar una política energética y petrolera autónoma, entre otras cosas.Y, por vocación e historia, superar en algo a Brasil: lograr que ese desarrollo no reproduzca al infinito una matriz social injusta, es decir que la endemia de la pobreza no sea una precondición de ese crecimiento.