Un interesante artículo de José Natanson en Página/12 del domingo repasa aspectos del vínculo de España con la Unión Europea, y señala con acierto que el dato geográfico hace incomparables las transiciones democráticas de ese país y de Argentina en términos económicos. Dispara, y a eso queremos abocarnos, una contrastación inevitable con las reglas de juego que impone en esta parte del mundo la potencia hegemónica que nos ha reservado la Historia: Estados Unidos.
Como bien dice el autor, “España queda en Europa”, nada menos. Una Europa que, desde su centro (Francia y Alemania), ha impuesto desde los años 50 una visión integradora, no sólo para crear un bloque cada vez más amplio y fuerte sumando a los distintos países en círculos concéntricos sino para generar modelos sociales internos de fuerte solidaridad.
Volvamos a los datos que Natanson nos recuerda sobre la integración de España al bloque europeo, que brindan un modelo inmejorable para pensar cuál es nuestro lugar en el mundo. Veamos:

  • España fue el máximo receptor, en cifras absolutas, de los fondos entregados por la hoy llamada Unión Europea para lograr la convergencia económica y social del país con el bloque.
  • El Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo Social Europeo, el Fondo de Cohesión y el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola, derivaron a España desde 1986 nada menos que 93 mil millones de euros.
  • Ese monto implica una media anual neta del 0,8% del PBI español, una base impresionante para el despegue económico del país.
  • Pese a ser hoy un país desarrollado y haber superado ya a Italia en términos de ingreso per cápita, España seguirá recibiendo fondos, 31.000 millones de euros en el período 2007-2013. Recién en una década se sumará al club de los ricos del bloque y comenzará a entregar fondos para financiar la convergencia de los socios nuevos y más frágiles.

Volviendo a nuestro país y derivando ya nuestras conclusiones frente al espejo español, diremos que mientras la Argentina salió de su dictadura en 1983-1984 con una pesada deuda externa, que implicaba una transferencia de fondos neta hacia el centro del poder hemisférico, los Estados Unidos, España encaró casi al mismo tiempo un proceso de integración a Europa que la convirtió en un receptor neto y masivo de fondos. ¡Pequeña diferencia!
Pero hay algo más: mientras Europa subsidia a sus nuevos miembros, mientras les entrega dinero (mucho dinero) y tiempo para poner en marcha políticas de fortalecimiento de esas economías nacionales de modo que terminen estando a la altura de la competencia en el mercado ampliado, Estados Unidos sólo ofrece un libre comercio radical e inmediato, destinado a perpetuar el carácter primario de la mayoría de las economías del hemisferio. En vez de subsidiar el desarrollo de los países menores, más y más extracción de recursos de la periferia al centro.
Estados Unidos, cuya economía tiene un tamaño similar a la de toda la Unión Europea, no se ha impuesto una tarea similar a la de Francia y Alemania (mucho más pequeños en términos absolutos), sin entender que el ejemplo europeo lo pondría a salvo de problemas de los que tanto se queja, como el tráfico de drogas y la inmigración ilegal. Tarea que pretende intentar ensayar como puede el Mercosur, con el liderazgo de Brasil y una Argentina que se fortalezca, pero de modo mucho más modesto y mucho más largo plazo.
La expectativa con Barack Obama, un presidente que declama estar dispuesto a dar vuelta la historia de las relaciones entre su país y el continente, debería ser esa visión. Pero Obama, está visto, no pretende hacer grandes cambios, y esa visión sigue vacante.
Hay vecinos y vecinos, y el que nos ha tocado, más que tuerto, es directamente ciego.

PD: ¿Cuándo exigirá América Latina (y África) a sus ex metrópolis compensaciones por las exacciones de la era colonial, por el exterminio y la esclavización de sus poblaciones indígineas, por los costos del monopolio comercial, por la extracción y saqueo de recursos no renovables, por, en suma, la apropiación violenta de una riqueza que financió el nacimiento del capitalismo? ¿Un acceso preferente al mercado europeo sería un buen modo de resarcirnos? Para plantear ciertos temas a veces hay que dejar de lado algunas sonrisitas protocolares.