La única forma de medir el resultado de una gestión pasa por su comparación con las expectativas razonables que se habían generado a priori.
Como forzar a Colombia a dar de baja su polémico acuerdo militar con Estados Unidos no era una opción, éstas se reducían a dos: condenar, sin más, la instalación de soldados y espías norteamericanos en siete bases y forzar la salida de Bogotá del bloque o buscar algún grado de consenso posible que, al menos, permitiera tirar la pelota hacia adelante. Desde ese punto de vista, la palabra fracaso debe quedar fuera del diccionario de la cumbre.
Esto último es, ni más ni menos, lo que ocurrió el viernes en San Carlos de Bariloche, ante la atenta y golosa mirada de los televidentes. La TV en directo y sin cortes fue una imposición de Álvaro Uribe que no le gustó nada a Luiz Inácio Lula da Silva, quien al parecer, por la presencia virtual de esos ojos indiscretos, se quedó con las ganas de hablar más crudamente del problema de las bases.
En definitiva, Uribe, que había llegado con el acuerdo con Estados Unidos bajo el brazo, regresó a su país sin condenas ni mayores problemas, con apenas una búsqueda de sus vecinos de garantías de no injerencia que, sabemos, serán en el mejor de los casos de satisfacción más que relativa: fue, creemos, el gran ganador de la cumbre. Un logro, además, de consumo interno, en momentos en que da las puntadas constitucionales finales a su proyecto re-reeleccionista.
El otro vencedor fue la propia Unasur, cuyo líquido y ambiguo comunicado final, sin dudas inspirado por Cristina Kirchner, tiene la virtud de haber evitado la ruptura el bloque y contenido a los más díscolos, como Hugo Chávez y Evo Morales.
Sólido lo de Cristina, lo primero de Lula (su enojo final por las pérdidas de tiempo que provocaron Evo y Rafael Correa pareció una mueca imperial que a veces Brasil no puede evitar en una región que cada vez considera más su patio trasero), lo del ecuatoriano y lo del propio Uribe. Michelle Bachelet, como de costumbre, vaporosa. Evo, en otro registro: transparente, aún no entendió del todo si la política se hiciera sólo con principios, dejaría de existir. Alan García, gran payador, sólo se llevó una chicana a Chávez para el consumo interno.
Un párrafo aparte para el venezolano. Evidentemente contenido por la diplomacia previa de Argentina y Brasil, se mostró capaz de caer en provocaciones. Así, no le contestó al peruano la pavada de que no debe temer una invasión de Estados Unidos para apropiarse del petróleo venezolano porque, a fin de cuentas, lo vende sin problemas a ese país. Como si fuera lo mismo comprar que apropiarse. Por lo demás, su exposición, poniendo a consideración pública un documento del Comando Sur que, pese a estar en la web expresa la doctrina militar de esa fracción de las Fuerzas Armadas estadounidenses, fue más que sólida. Sirvió para poner el marco a lo que se estaba hablando: las hipótesis de guerra de un imperio que, por su propia naturaleza (y no por la maldad o bondad de sus gobernantes de turno) tiene aspiraciones globales. Con ello logró que la Unasur se aboque al estudio del mismo y preparó el terreno para un nuevo pedido de entrevista al aceitoso Barack Obama.
Lo de Bariloche fue un paso, una escaramuza menor en la que los diferentes protagonistas decidieron evitar la lucha frontal y definitiva. Esta historia continuará.
Como forzar a Colombia a dar de baja su polémico acuerdo militar con Estados Unidos no era una opción, éstas se reducían a dos: condenar, sin más, la instalación de soldados y espías norteamericanos en siete bases y forzar la salida de Bogotá del bloque o buscar algún grado de consenso posible que, al menos, permitiera tirar la pelota hacia adelante. Desde ese punto de vista, la palabra fracaso debe quedar fuera del diccionario de la cumbre.
Esto último es, ni más ni menos, lo que ocurrió el viernes en San Carlos de Bariloche, ante la atenta y golosa mirada de los televidentes. La TV en directo y sin cortes fue una imposición de Álvaro Uribe que no le gustó nada a Luiz Inácio Lula da Silva, quien al parecer, por la presencia virtual de esos ojos indiscretos, se quedó con las ganas de hablar más crudamente del problema de las bases.
En definitiva, Uribe, que había llegado con el acuerdo con Estados Unidos bajo el brazo, regresó a su país sin condenas ni mayores problemas, con apenas una búsqueda de sus vecinos de garantías de no injerencia que, sabemos, serán en el mejor de los casos de satisfacción más que relativa: fue, creemos, el gran ganador de la cumbre. Un logro, además, de consumo interno, en momentos en que da las puntadas constitucionales finales a su proyecto re-reeleccionista.
El otro vencedor fue la propia Unasur, cuyo líquido y ambiguo comunicado final, sin dudas inspirado por Cristina Kirchner, tiene la virtud de haber evitado la ruptura el bloque y contenido a los más díscolos, como Hugo Chávez y Evo Morales.
Sólido lo de Cristina, lo primero de Lula (su enojo final por las pérdidas de tiempo que provocaron Evo y Rafael Correa pareció una mueca imperial que a veces Brasil no puede evitar en una región que cada vez considera más su patio trasero), lo del ecuatoriano y lo del propio Uribe. Michelle Bachelet, como de costumbre, vaporosa. Evo, en otro registro: transparente, aún no entendió del todo si la política se hiciera sólo con principios, dejaría de existir. Alan García, gran payador, sólo se llevó una chicana a Chávez para el consumo interno.
Un párrafo aparte para el venezolano. Evidentemente contenido por la diplomacia previa de Argentina y Brasil, se mostró capaz de caer en provocaciones. Así, no le contestó al peruano la pavada de que no debe temer una invasión de Estados Unidos para apropiarse del petróleo venezolano porque, a fin de cuentas, lo vende sin problemas a ese país. Como si fuera lo mismo comprar que apropiarse. Por lo demás, su exposición, poniendo a consideración pública un documento del Comando Sur que, pese a estar en la web expresa la doctrina militar de esa fracción de las Fuerzas Armadas estadounidenses, fue más que sólida. Sirvió para poner el marco a lo que se estaba hablando: las hipótesis de guerra de un imperio que, por su propia naturaleza (y no por la maldad o bondad de sus gobernantes de turno) tiene aspiraciones globales. Con ello logró que la Unasur se aboque al estudio del mismo y preparó el terreno para un nuevo pedido de entrevista al aceitoso Barack Obama.
Lo de Bariloche fue un paso, una escaramuza menor en la que los diferentes protagonistas decidieron evitar la lucha frontal y definitiva. Esta historia continuará.


Totalmente de acuerdo con sus apreciaciones,pero considero que el gran exito fue la transmision televisiva de la casi totalidad del evento; nuestros pueblos quieren puertas abiertas para todas las decisiones politicas y geopoliticas que nos afectan o inciden en nuestros pueblos hoy mañana y siempre,EL IMPERIO CONTRAATACA PUEBLOS VIGILANTES Y PRESTOS
Muy bueno su comentario… Ojala Colombia no necesitara la instalacion de esas bases para su lucha contra la guerrilla y el narcotrafico y que sus paises vecinos lo ayudaran en su lucha, porque quizas ahora no sea problemas esas bases, pero no se sabe si en el futuro pueda serlo….No puedo entender como Venezuela dice que Estados Unidos le va a hacer guerra ya que ellos le venden el petroleo ¡o sea van a vender petroleo a EEUU para que los invada? Me parece que es una mentira…En cuanto a Ecuador pareciera que hay lazos muy estrechos entre su presidente y la guerrilla…