Es realmente muy bueno que la cumbre de Pittsburgh haya consagrado al Grupo de los 20 como la nueva “mesa chica” en la que de ahora en más se tratarán los grandes temas de la economía internacional. Lo es, primero, porque da una voz a países emergentes importantes, superando un Grupo de los Siete (o de los Ocho, al sumarse a Rusia) elitista y que ya no daba cuenta de la realidad económica global. Pero también lo es para la Argentina, que logra sentarse a esa mesa como tal, con independencia de los gobiernos de turno. Cristaliza así un reconocimiento a la importancia del país en los asuntos mundiales que supera la sensación que muchas veces tenemos los propios argentinos. Y que va muy bien de la mano de la intención oficial de estrechar más la relación con Estados Unidos y de reinsertarse en el circuito finacniero internacional.
El camino hacia ese reconocimiento no fue sencillo, y la sola enumeración que haremos de algunas de las acechanzas que se presentaron obliga a reconocer algún mérito a la capacidad de maniobra de la diplomacia nacional. Un mes antes de la cumbre que el G20 realizó en abril en Londres, trascendió que un «informe reservado» del gobierno británico había colocado a la Argentina en un grupo de segunda línea dentro del bloque, conformado por países de “poca importancia”.
Tampoco hay que sobrevalorar ese tipo de “informes reservados”, ya que muchas veces son producto de la iniciativa de algún funcionario o de una visión que no es la de todo el gobierno. Quien esto escribe da fe de los comentarios elogiosos del gobierno de Gordon Brown que llegaron al país a través de su Embajada acerca de la actitud útil y constructiva de la delegación argentina en la mencionada cumbre. Tal vez allí se comenzó a ganar algún punto.
Reforzando la línea anterior, fue notorio como en esa reunión sectores del gobierno de Brasil filtraron a la prensa la intención de “cortarse solos”, algo coherente con el deseo de ese país de obtener reconocimiento como líder único e indiscutible, si no de de toda América Latina, al menos de América del Sur.
En ese sentido sonó como música a los oídos de Luiz Inácio Lula da Silva que Nicolas Sarkozy propusiera en la reunión que mantuvieron el 6 de septiembre que el G8 se transformara no ya en un G20 (como finalmente ocurrió) sino en un G14. Así, a los ocho grandes tradicionales (Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Canadá, Italia y Rusia) debían sumarse seis emergentes clave: China, India, México, Sudáfrica, Egipto y Brasil, claro. Otros, como la Argentina, Arabia Saudita y Turquía (miembros del G20) debían quedar irremediablemente afuera. (Cabe recordar en relación con el último de esos países que el de Francia es uno de los gobiernos más hostiles al ingreso turco a la Unión Europea. Le provoca espanto y urticaria que un país musulmán se sume a un club tan selecto).
Desde ya que no discutiremos ni la importancia política ni el volumen económico de Brasil, pero hay que llamar la atención sobre el hecho de que el gesto de Sarkozy se produjo en el marco de un multimillonario acuerdo militar entre ambos países, por lo que puede interpretarse como una contraprestación: reconocerle al nuevo socio un liderazgo regional exclusivo.
Ésa es la política, finalmente, y no hay de qué espantarse. Lo que sí es lamentable es la insistencia de no pocos comunicadores argentinos en deslegitimar la presencia del país en el G20. Por ignorancia, mezquindad política o por mala fe, insisten en que la Argentina no da la talla, por caso, por no poseer uno de los veinte PBI más elevados del mundo.
Internet es una gran cosa. Basta con pegarse una vuelta por la página web del G20 para constatar que el bloque no es definido por PBI, ni por población ni por ningún indicador de ese tipo. Al contrario, el criterio de membresía es meramente político y que, aunque incluye seguramente consideraciones de ese tipo, no se agota en ellas. “El Grupo de los Veinte (G20) de Ministros de Finanzas y presidentes de los bancos centrales fue establecido en 1999 para reunir economías industrializadas y en desarrollo sistemáticamente importantes a fin de discutir temas clave de la economía global”. Clarito.
Según el sitio, éstos son (por estricto orden alfabético en inglés) : Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, el Reino Unido y Estados Unidos. ¿Cómo, si son 19? El vigésimo es la Unión Europea, lo que, en parte, repara la injusta ausencia de España en el foro.
Un club representativo, sin dudas. Ya lo dijo el propio Barack Obama al hablar en la última reunión de Pittsburgh: los países presentes “representan el 85% de la economía mundial”.
La pregunta cae de madura: ¿porqué Argentina, dado su peso económico, político y diplomático en América Latina, no debería ser considerada uno de los “países en desarrollo sistemáticamente importantes” que merecen estar en el G20? ¿Por qué tuvo una fuerte crisis en 2001-2002? Habría que borrar entonces a Turquía y hasta a Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña o Francia. ¿Porque la gobierna el peronismo populista? Muchachos, está China comunista allí… ¿Porque los Kirchner no merecen ni justicia? Calma, la membresía del país en el G20 es previa y debe ser posterior a ellos. Habría sido mucho más edificante que plantearan que el gobierno debía dar la pelea por la participación argentina en ese foro incluso más allá de sus deudas y debilidades.
Alguna vez hay que volar un poco más alto que las gallinas.