La invitación de España a una cumbre América Latina y Caribe-Unión Europea, prevista para el 15, 16, 17 y 18 de este mes, será la primera crisis que deberá manejar el flamante secretario general de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur) . Es que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero invitó también, sin consultar a nadie (reflejo condicionado de cierta mentalidad colonial, acaso), al presidente de Honduras, el conservador Porfirio Lobo, quien, vale recordar, aún no es reconocido por la mayor parte de los países de la región.
Lobo se esfuerza por reinsertar a su país en la comunidad internacional, pero su pecado de origen, haber surgido de un proceso electoral plagado de irregularidades tras el golpe contra Manuel Zelaya (cierre de medios de comunicación, represión letal contra manifestantes prodemocráticos, violencia contra periodistas, estado de sitio, toque de queda), no es perdonado aún por Argentina, Brasil, Venezuela y compañía. Ayer mismo Lobo puso en funcionamiento una Comisión de la Verdad para determinar qué ocurrió durante la asonada, pero necesitará más que ese gesto algo cínico para cumplir su objetivo.
Mientras, los mandatarios de los países mencionados, y otros, amenazaron con boicotear la reunión en España, lo que supondría un severo golpe a las relaciones con la UE. Justo cuando ese bloque y el Mercosur intentan reflotar una difícil negociación en pos de un acuerdo de libre comercio, proceso visto por el gran empresariado brasileño como un test para determinar si el bloque, en su forma actual, aún le sirve o si es un lastre del que hay que deshacerse.
Aunque Kirchner estará formalmente fuera de esa cuestión (le fue encargada a Rafael Correa), en los hechos no podrá sino estar involucrado. Y necesitará mucha muñeca para manejarla. Pero, se ha dicho, crisis es oportunidad, y un éxito al respecto, que también sirva para acercar a Honduras al sistema interamericano -del que está suspendida-, sería visto con muy buenos ojos ya no sólo por los europeos sino por los Estados Unidos.
Es que su nueva posición obligará al ex presidente a oficiar de fiel de la balanza entre el bloque de países que lidera Hugo Chávez y el del Pacífico, que girará en torno al chileno Sebastián Piñera, el peruano Alan García y, sólo por ahora, el colombiano Álvaro Uribe. (A propósito, ¿se consolidará en este último país el inesperado giro que supone el ascenso del ex alcalde moderado de Bogotá Antanas Mockus?).
Estados Unidos desea que surja un liderazgo de ese tipo, para no quedar a merced de los devaneos de Luiz Inácio Lula da Silva, quien, dicho sea de paso, se mostró ayer como uno de los más duros a la hora de amenazar con el boicot a la cumbre en España. Esto serviría, tanto en lo externo como en lo interno, para despegar al gobierno argentino de una imagen de seguidor del chavismo que se le busca crear y que es a todas luces inexacta.
Por otro lado, en lo interno, Unasur puede proveerle a Néstor Kirchner una muy buena vidriera de cara a una eventual candidatura presidencial.
Podrá argumentarse mucho sobre la verdadera vocación del ex presidente para ocupar un cargo que, posiblemente, no lo fascine. De hecho, nunca fue adepto a los enjuagues diplomáticos, a los viajes frecuentes ni a las cumbres de alto perfil. Lo que no podrá ponerse en duda es la importancia de que la Argentina ocupe la Secretaría General permanente de la Unasur, no al menos si no se quiere correr el riesgo de caer en el ridículo de ignorar la trascendencia del proceso de integración regional en ciernes.
Obviamente, la Unión Europea no es hoy lo que era en su comienzo, pero el camino que recorrió valió la pena con crecer. Los mismo cabe decir para el proceso regional, ensalzado en su importancia sin excepciones de izquierda a derecha.
Por otro lado, y por último, desalienta la persistencia de tantos dirigentes políticos nacionales en hacer política interna con la exterior. España, Alemania, Francia, Brasil y cualquier país que se precie de cuidar sus intereses ocupa con fruición cuanto cargo internacional puede, sin reparar en si la persona designada pertenece al gobierno o a la oposición. Políticas de Estado, que les dicen. ¿Ejemplos? José Miguel Insulza, socialista, llegó a secretario general de la OEA con respaldo de la derecha chilena. El «popular» Rodrigo Rato llegó al FMI con apoyo del PSOE. El socialista Javier Solana fue secretario general de la OTAN y alto representante europeo de Política Exterior y Seguridad Común con aval del PP. El socialista francés Dominique Strauss-Kahn es hoy director gerente del Fondo con la venia de Nicolas Sarkozy. Etcétera, etcétera, etcétera.
Un poco menos de mezquindad y un poco más de pensar en los intereses argentinos sería algo muy bienvenido.
Kirchner debuta en la Unasur con una crisis (y una oportunidad)

