Cada día con mayor frecuencia Hugo Chávez resulta indefendible. Ya no por sus medidas de gobierno, sino en este caso por sus dichos, que lo alinean, en virtud de una solidaridad revolucionaria de incomprensible naturaleza, más con los opresores que con los oprimidos del mundo.
En su Aló, Presidente de hoy se refirió al Premio Nobel concedido al chino Liu Xiaobo. Según dijo, el comité noruego «es libre de dar premios a quien quiera», pero no se privó de consolar al régimen de Pekín, al que calificó de «gobierno aliado».
«El gobierno chino, haciendo uso de su independencia y soberanía, reclama por el premio a este señor que está preso allá», señaló Chávez, según los despachos de diversas agencias de noticias internacionales. «Resulta que le dieron el premio Nobel a un ciudadano disidente y contrarrevolucionario chino, que está preso en China, seguramente por violar leyes de China», siguió. «Vaya nuestro saludo, nuestra solidaridad al gobierno chino, ¡Viva China!», cerró.
El delito de «subversión» por el que Liu purga once años de cárcel responde a que firmó hace dos años la Carta 08, en la que aboga por una apertura política pacífica. Anteriormente también había estado preso y hasta fue confinado en campos de reeducación.
Su esposa (foto) logró visitarlo en la cárcel para darle la noticia del Nobel, pero, tras hacerlo, debió asumir como un «costo» del galardón que el régimen otrora comunista la pusiera bajo arresto domiciliario. Para completar su reacción a la noticia, el gobierno chino mandó encarcelar el fin de semana, por las dudas, a decenas de disidentes.
Al parecer, porque no se permitieron mayores informes, Liu lloró a saberse ganador del Premio Nobel, y lo dedicó a «los mártires de Tiananmen», la feroz represión de una protesta prodemocrática que dejó entre 400 y 800 muertos en 1989. Para Pekín y para Chávez, un recuerdo imperdonable, seguramente.