Ayer, cuando arreciaban las dudas sobre la verdadera suerte de Osama bin Laden, se daba por descontado en la Casa Blanca que Barack Obama se decidiría por dar a conocer las fotos de su cadáver. Hoy, al trascender la declaración de su hija, de que el terrorista fue capturado y luego ejecutado, el Gobierno de Estados Unidos da por cerrada la cuestión y asegura que nunca dará a conocer las imágenes. El vocero Jay Carney afirmó que no hay dudas sobre su deceso; ¿tenía alguna necesidad de aclararlo?
Algo, en tanta oscuridad, es cierto. Una cosa es mostrar fotos de un hombre muerto en un combate o, al menos, en un operativo militar que dio lugar a una balacera; otra, muy diferente, es revelar las de alguien que fue ejecutado a sangre fría.
A esta altura, lo de Obama es un bochorno.
Sin fotos

