Toto Caputo y el Presidente envían mensajes cifrados al Círculo Rojo: inflador anímico y amenazas. La inflación mayorista, un fulgor efímero. Relato en crisis.

Cuando Toto Caputo dijo el martes que «entramos en un proceso virtuoso, en el cual los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas», lanzó un mensaje cifrado hacia un destinatario muy concreto.

Hablar de un año y medio lleva exactamente a octubre de 2027, cuando Javier Milei se jugará la reelección. Además, haberlo hecho en la AmCham Summit implicó que la referencia no se dirigió primordialmente al conjunto de la población, sino al Círculo Rojo, cuya confianza es agua en el desierto para un gobierno que, tras el éxito de las legislativas, por primera vez se alarma ante la posibilidad de que la prolongación de su revolución reaccionaria no esté asegurada.

Lo que contó Susana Maidana en Letra P, esto es que según la última encuesta de Opina Argentina la aprobación del Presidente se derrumbó 13 puntos desde enero hasta un mínimo de 35% y que, si se votara hoy, La Libertad Avanza (LLA) se encontraría en un empate técnico con el peronismo, es la foto descollante del momento. Sin embargo, también la película –una secuencia de fotogramas inflacionarios, productivos, laborales y de consumo más propia de un dramaque de una comedia– sobresalta a la extrema derecha.

Tras lo dicho por el ministro de Economía, el propio Milei le mostró a la audiencia el abismo que podría abrirse bajo sus pies si se le ocurriera cejar en su respaldo al modelo.

«Vamos a escribir la mejor página de la historia argentina, nos acompañen o no nos acompañen. Si no nos acompañan, nos volvemos a casa, no pasa nada: todos podemos volver a trabajar al sector privado. Pero si sale bien, Argentina habrá dado un paso para ser grande nuevamente», cerró su discurso.

Para el Gobierno las cosas son claras: o bien logra vender la idea de que se viene el mejor año y medio de nuestras vidas o bien la extorsiva profecía de Milei bien podría hacerse realidad.

Una narrativa en crisis

Lo primero que llama la atención del modo en que la extrema derecha gobernante usa el inflador anímico es su desmesura respecto de la realidad actual y de la proyectable.

La charla motivacional puede encender aplausos de corto plazo en esa platea sentada en un salón penumbroso, pero puede provocar decepción –o ampliar la que ya va creciendo– entre los argentinos que trabajan cada día bajo la luz del sol.

Sin pretender que lo que sigue deba entenderse como una sentencia sobre el futuro, cabe destacar el descalce abrumador de la narrativa oficial respecto de la realidad material. En este sentido, el Gobierno apela al viejo recurso de los memes y videos de IA sobre el León, los mandriles, las ovejitas y los patos.

Inflación mayorista: ilusión y desencanto

Después de que ni siquiera el INDEC bajo intervención light consiguiera evitar el mal trago del índice de precios al consumidor (IPC) de marzo, el funesto 3,4%, la difusión de la inflación mayorista dejó este jueves en ridículo lo afirmado apenas hace un mes por el jefe de Estado.

La misma trepó el mes pasado también al 3,4%, fruto de un aumento algo mayor –3,5%– de los precios de los productos nacionales y de 1,1% de los importados.

El dato vino recalentado por los combustibles y por la carne. Lo primero pasará, ojalá que pronto, cuando se apague el fuego de la guerra. Lo segundo, en tanto, acaso sea un rasgo más permanente de un modelo que internacionaliza los mercados domésticos –en especial los de alimentos– y que aparta al Estado del cuidado de la mesa de los argentinos.

Lo interesante es que hace justo un mes, Milei había tomado con euforia la inflación mayorista del 1% de febrero por considerarla «un anticipo de lo que viene a futuro en minoristas», índice que «aún debe purgar el ajuste de tarifas y desequilibrios monetarios que tardan más». La fundamentación de ese delay, te la debo.

La felicidad es un sentimiento fugaz.

De carne somos

En el mencionado discurso ante la AmCham, el licenciado Milei se anticipó a las malas noticias con un argumento curioso. «Esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios por cambio de precios relativos», aseveró, poniendo el foco en la carne.

Milei tal vez no sepa que el mismo drama se vivió en los primeros años de la última dictadura. José Alfredo Martínez de Hoz se consolaba entonces haciéndose a medida un índice de inflación «descarnado», antes de que todo su esquema de carry trade, endeudamiento y atraso cambiario volara por el aire.

El mileiato, por lo menos, nos ofrece una alternativa: comer deliciosos burros.

Con todo, el Presidente se equivoca de nuevo. Si algo llamó la atención del IPC del mes pasado fue que la inflación núcleo –que anticipa tendencia por excluir precios regulados, como las tarifas que se siguen «recomponiendo», y estacionales– se ubicó apenas por debajo del promedio y en un preocupante 3,2%.

Por otro lado, lo que pasó con el índice no puede ser considerado un tropezón por describir una curva alcista que ya lleva diez meses.

Abril traerá algo de sosiego, con un IPC que consultoras privadas proyectan en torno al 2,5% o acaso algo menos. Otra vez el Gobierno se apresurará a cantar victoria, pero la verdad es que el camino hacia el «cero coma» que el Presidente y Toto Caputo habían prometido para agosto no está ni siquiera a la vista.

No por nada el FMI elevó su proyección de inflación del 16,5% señalado hace seis meses a 30,5%, más en línea con las consultoras líderes de la City, que trabajan con la hipótesis de un 2026 muy parecido a 2025 en la materia. Eso sería un traspié en lo político en la previa de la campaña electoral.

«Las principales anclas –actividad con crecimiento débil, mayor apertura comercial y un tipo de cambio a la baja– están mostrando ser insuficientes para desactivar completamente la inercia inflacionaria», dijo LCG. Anclas polémicas, por otro lado.

En tanto, Epyca, la consultora de Martín Kalos, advirtió que «el Gobierno intenta volver a usar el tipo de cambio como ancla, aprovechando la liquidación de la cosecha gruesa y, por ende, la abundante oferta en el mercado cambiario. El riesgo es repetir el comportamiento de 2025: un primer semestre de apreciación, pero seis meses finales en los que la demanda de dólares supere la oferta».

Mientras, el equipo económico apuesta a una baja de las tasas de interés para que afloje el frío en la calle, aunque sepa que con eso se resigna a pausar la desinflación.

Lo peor ya pasó (parte mil)

La idea de que nos aprestamos a vivir el mejor año y medio de nuestras vidas es una paráfrasis de lo que Milei y su ministro vienen asegurando al menos desde abril de 2024: «Lo peor ya pasó». Sí, desde hace dos años. Y no pasa.

El dogma monetarista no responde y los analistas más sensatos lo señalan, según recogió Lorena Hak en una interesante nota publicada en Letra P. Según le dijo Claudio Caprarulo, economista de Analytica, «el poder adquisitivo seguirá corriendo por debajo de la inflación y eso dificulta el crecimiento (…). Si la actividad cae demasiado, la recaudación se desploma y pone en jaque la bandera del superávit primario».

Esa es la anunciada trampa de austeridad o, si se prefiere, la trampa del plan económico.

Realidad mata relato

Casi cotidianamente repetimos lo que está pasando en términos de cierre de empresas –sobre todo industriales y comerciales–, de destrucción de puestos de trabajo formales –mejor remunerados– y de reemplazo apenas parcial de los mismos por el cuentapropismo y la uberización.

Añadamos dos datos:

  • «En los últimos dos años (a enero) se registró la pérdida de 304.322 puestos de trabajo (en blanco), tanto en el sector privado, el público y en el empleo en casas particulares. Si se añade la creación de puestos de trabajo independientes, el saldo neto continúa siendo negativo en 141.035«, señaló una nota de Infobae.
  • En tanto, se conoció este jueves que la cooperativa SanCor, un emblema del sector lácteo nacional, pidió a la Justicia santafesina convertir el concurso de acreedores abierto en febrero del año pasado en una quiebra hecha y derecha. La compañía debe ocho meses de salarios y acumula un pasivo de 120 millones de dólares, producto de una crisis multicausal y de larga data, que no es ajena a las malas administraciones, pero que se explica en buena medida en el derrumbe de la demanda popular. El Gobierno no puede mirar hacia otro lado cuando se consume cada vez menos carne y leche.

De la bolsa a la calle

Caputo le promete flores al Círculo Rojo, mientras Milei le advierte que podría irse a su casa sin completar la misión: ambos saben cuánto dependen de él. También, claro, de la buena voluntad de Donald Trump y lo que este moviliza en los organismos internacionales de crédito.

Cuando el riesgo país sube o no baja no se trata de «riesgo kuka», sino de «riesgo Milei». De hecho, su reducción sensible de las últimas semanas no se explica por el buen funcionamiento de la economía, cosa que evidentemente no existe por ahora. Se trata de que el mercado percibe mejores condiciones de pago de la deuda pública y, por eso, valoriza mejor los bonos y reduce la tasa que pagan.

Esto es así porque el Banco Central apretó el acelerador de la compra de divisas y, si bien hasta ahora eso se fue prácticamente en su totalidad justamente en pagos de compromisos, la temporada alta de la soja resulta más prometedora.

Además, surgen algunas señales de una posible distensión de la guerra en el golfo Pérsico; Milei y Caputo prometen atarse al mástil del ajuste; el Fondo Monetario Internacional viene de aprobar la segunda revisión del programa y cumplirá en enviar el desembolso previsto de 1000 millones de dólares, y se conoce que el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) darán garantías por 3000 millones de dólares para que el «Messi de la bicicleta» obtenga fondos de bancos privados a una tasa de alrededor del 5% anual y pueda así honrar el vencimiento de 4300 millones de dólares de julio.

Como se dijo, el riesgo argentino viene en baja, pero los más de 500 puntos básicos que todavía registra impiden acudir al mercado voluntario por suponer un rendimiento excedente al de los Bonos del Tesoro estadounidense que llevaría la tasa final por encima de un irresponsable 9%.

Fuente: Ámbito.

Fuente: Ámbito.

Aunque la mileinomía sigue requiriendo del respirador artificial externo, no hay que subestimar estos avances.

El problema es todo lo demás: ¿cómo convertir esas alquimias en el mejor año y medio de nuestras vidas y en un impulso verdaderoal plan Milei 2027?

(Nota publicada en Letra P).