Abelardo de la Espriella, candidato de la extrema derecha de Colombia.

Abelardo de la Espriella enfrentará a Iván Cepeda, sucesor de Gustavo Petro, en tres semanas. El presidente argentino y Donald Trump, con viento regional a favor.

Para satisfacción de Donald Trump y de Javier Milei, el extremista de derecha Abelardo de la Espriella logró un resonante triunfo en la primera vuelta presidencial de este domingo en Colombia, pero sin la mayoría absoluta de los votos necesaria para evitar el ballottage del 21 de junio, cuando enfrentará al izquierdista Iván Cepeda, delfín del mandatario saliente Gustavo Petro.

Con el 99,5% de las mesas escrutadas, De la Espriella, un outsider asimilable al presidente argentino, encabezaba el escrutinio con 43,72% de los votos, por delante de Cepeda, que obtenía 40,92%.

Detrás de los dos presidenciables más votados se encolumnó una larga lista de candidatos menores, cuya intención de voto previa a los comicios resultó deshidratada en un contexto de elevada polarización que anticipa en tono de la campaña que volverá a comenzar.

Extrema derecha versus izquierda: así quedó el escenario para la segunda vuelta del 21 de junio en Colombia. (Fuente: El Tiempo).

Extrema derecha versus izquierda: así quedó el escenario para la segunda vuelta del 21 de junio en Colombia. (Fuente: El Tiempo).

En especial, sorprendió que la uribista Paloma Valencia, que hasta hace pocas semanas parecía encaminarse a un ballottage contra la izquierda, quedara reducida a apenas un 6,92%, expresión de un voto útil de la derecha que se decantó por la claridad del programa y del perfil ultra del vencedor.

Colombia, y la grieta izquierda-ultraderecha

Según los resultados parciales, Cepeda, que como su némesis también excedió lo pronosticado por los sondeos previos, obtuvo menos votos que los logrados por Petro hace cuatro años en Bogotá y en la costa atlántica colombiana, lo que constituye un indicio de relativa debilidad hacia el duelo final.

Los manuales tradicionales de la política electoral indican que se impondrá el 21 de junio quien logre captar los votos centristas, pero no es claro que eso rija cuando el debate queda dominado por dos posiciones tan antagónicas.

De la Espriella y la sombra de Javier Milei

De la Espriella, «El Tigre», tiene 47 años y nació en Popayán, en el departamento sudoccidental de Cauca. Abogado y empresario, es un outsider total, sin ninguna experiencia política. Este rasgo reitera lo ocurrido en otros países, empezando por la Argentina, lo que resulta elocuente del descrédito de las estructuras políticas tradicionales.

El extremista replica buena medida del perfil programático de Milei: mercado libérrimo, desregulación radical, eliminación de ministerios, recorte del 40% de la estructura del Estado y desgravación impositiva amplia.

Lo que para el argentino es «la casta», para el colombiano son los «verdugos del pueblo», que representa, en la misma clave macartista, en el petrismo. Esos motivos animan una intensa actividad en redes sociales, propia y de repetidoras, que también sigue el libreto argentino y, antes, los del trumpismo y el bolsonarismo.

Su idea de reducir impuestos de manera drástica genera dudas en el propio establishment que se beneficiaría de esas políticas. ¿De qué tamaño será el ajuste del gasto público necesario para que las cuentas cuadren cuando Petro deja una Colombia con indicadores sociales mejores que los recibidos, pero con un déficit primario –antes del pago de deudas– que el año pasado saltó a 3,5% del PBI y uno total del 6,4%.

Para contrarrestar esas dudas, que tampoco impedirán un alineamiento del Círculo Rojo colombiano detrás de su figura, se vale de la presencia, como compañero de fórmula, de José Manuel Restrepo, ministro de Hacienda del presidente uribista Iván Duque.

Sin base partidaria propia, dependería, para sustentar su gobernabilidad, del respaldo de las bancadas uribista y conservadora del Congreso.

Más compañía para Javier Milei

Milei, que ha tenido cruces feroces con Petro, siente cada vez menos solo en la región en su alineamiento con Trump. Al triunfo de José Antonio Kast en Chile, se suman ahora las perspectivas de un triunfo derechista en Colombia y, tan pronto como el próximo domingo, la mejor oportunidad que Keiko Fujimori haya tenido jamás en Perú. ¿Podrá Flávio Bolsonaro con Luiz Inácio Lula da Silva en octubre?

Mano dura, fin de toda negociación con los grupos guerrilleros, libre portación de armas y, a lo Nayib Bukele, diez megacárceles de máxima seguridad son otras de las propuestas de De la Espriella, quien suele posar para las fotos haciendo la venia militar.

Lo de Cepeda también fue meritorio, y se amparó en el repunte de Petro en las encuestas de imagen y aprobación. Sin embargo, sus desafíos expresan en buena medida los dilemas del progresismo regional.

Iván Cepeda: «paz con justicia social»

Bogotano de 63 años, es graduado y docente de Filosofía. Antiguo militante, pasó del Partido Comunista al M-19 –la agrupación legal de la guerrilla homónima desmovilizada en 1990– y se sumó al Pacto Histórico de Gustavo Petro.

Militante por los derechos humanos, medió en las negociaciones de paz que el expresidente Juan Manuel Santos llevó adelante con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en las que terció para imponer la reparación de sus víctimas. Su apuesta, al revés de su rival, es reflotar las estancadas negociaciones con el último gran grupo armado: el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Hombre de trayectoria legislativa pero no ejecutiva, se presenta como la continuidad programática del mandatario saliente, a cuya agenda añade una reforma tributaria más progresista, un plan nacional de salud con menor presencia privada y mayor énfasis en la redistribución de tierras.

De izquierda, pero de perfil más dialoguista, genera expectativas de relación más razonable con el sector empresarial.

Promete luchar contra la corrupción –el tema figura alto entre las preocupaciones ciudadanas– y predicar la austeridad desde el gobierno, con recortes de sueldos de funcionarios y otros beneficios. El lama de su campaña ha sido «paz con justicia social».

El legado de Gustavo Petro

Los vaivenes de Petro en las encuestas de imagen, la caída pronunciada que sufrió al promediar su mandato y la recuperación más reciente resumen los dilemas de las opciones progresistas en diversos países. Eso se expresó en Chile con la salida de la izquierda tras el gobierno de Gabriel Boric y, además de otros casos regionales mencionados, se traslada a los dilemas de un peronismo estallado en internas y en busca de un nuevo perfil electoral.

Petro ha sido una rareza en la política colombiana, tradicionalmente conservadora y muy ligada a los Estados Unidos.

Exguerrillero del M-19 y reciclado a la política democrática, se caracteriza por un estilo confrontativo. Logró relanzar su imagen en los últimos meses hasta niveles del 40 al 45% en base a una serie de medidas reparadoras que lo reconciliaron con una base que venía decepcionada.

Incrementó 23,7% el salario mínimo –a unos 545 dólares– en un país de baja inflación, amplió a tres millones de beneficiarios la asignación a la vejez de unos 60 dólares por mes y abordó otras problemáticas con programas destinados a hogares en situación de pobreza extrema, los jóvenes y la integración social en zonas de conflicto armado.

Lanzó, además, una reforma laboral que amplió derechos en el sector formal, delimitando mejor lo que debe considerarse como horas extras, desalentando el empleo temporal y elevando los costos del despido arbitrario.

Asimismo, avanzó en su promesa de reforma agraria, aunque más en los procesos de titulación y distribución de tierras incautadas a las mafias que en la satisfacción de expectativas que eran mucho más amplias en la base rural y campesina.

Como consecuencia de todo eso, redujo la pobreza multidimensional –incluye condiciones de vida, vivienda, educación, salud y empleo–, llevándola al 9,9% el año pasado, por debajo del 10% por primera vez en 25 años.

Sus peleas con Trump y su rechazo a los ataques estadounidenses a las llamadas «narcolanchas» –unas 200 condenas a muerte de personas sin juicio– causaron revuelo internacional, pero ambos recompusieron la relación en el encuentro civilizado que mantuvieron en febrero en la Casa Blanca. Para el republicano la pelea ya no valía la pena: mejor era esperar y tratar de incidir en estos comicios.

Esos avances sociales, una buena carta de presentación para Cepeda, conviven con cuentas pendientes en materia de empleo, formalización, desarrollo económico y hasta inflación. He ahí los dilemas del progresismo latinoamericano, que se repiten en diferentes geografías.

El año pasado, la economía colombiana generó 600.000 puestos de trabajo y el desempleo cayó al 8,9%, su menor tasa en 30 años. Aun así, la informalidad resiste en el 55%.

La inflación sigue bajo control –alcanzó el 5,68% interanual en abril–, pero con una tendencia alcista que genera preocupación.

En tanto, el crecimiento ha sido mediocre: 1,5% en 2024, 2,6% el año pasado y 2,2% en el actual.

La suerte está echada: será más izquierda o extrema derecha. Colombia recrea otras encrucijadas regionales.

(Nota publicada en Letra P).