Patricia Bullrich desafía y expone a Javier Milei y a El Jefe Karina. Estos son mis principios. El republicanismo perdido y una salida para el Círculo Rojo.
La bibliografía sobre el peronismo revolucionario de la década de 1970 le ha atribuido a Patricia Bullrich el nombre de guerra «Carolina Serrano» o, más brevemente, el de «Cali». De alguna manera, la política reconvertida en emblema de la ultraderecha recupera hoy su viejo espíritu rebelde al levantarse contra Javier Milei y su gobierno sin conducción ni cabeza.
Su último desplante es la decisión de apelar a su «derecho a la objeción de conciencia» para negarse a retirar del Senado el pliego de María Verónica Michelli como futura jueza del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 3 de La Plata.
Propuesta por el oficialismo a instancias del ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, con el aval de Karina Milei, la aspirante tiene, según se descubrió más tarde, una imperdonable falla de origen: es la cuñada del periodista de investigación de La Nación Hugo Alconada Mon.

Verónica Michelli, candidata a jueza a consideración del Senado y eje de una crisis política intrigante.
La revuelta de la jefa del bloque oficialista del Senado llegó tan lejos como para ofrecerle la renuncia a Milei. «Es de persona de bien presentar la renuncia. Después con el Presidente siguieron hablando de otros temas», le dijeron a Letra P fuentes cercanas a la exministra de Seguridad.
Lo anterior deja expuestala incapacidad de sus supuestos conductores para excomulgarla en medio de semejante desobediencia. De hecho, ¿cómo se conduce un proyecto en el que sus figuras mas rutilantes se descubren, de la noche a la mañana, como librepensadoras?
La rienda del rencor de Karina Milei
Bullrich consumó una irritante demostración de autonomía frente al Presidente y, lo que es más osado, frente a Karina Milei, a quien le debe costar horrores llevar corta la rienda del rencor.
¿Qué sería del Gobierno –y de sus perspectivas electorales– si la sangre llegara al río y se decidiera, como en otras ocasiones, cortar la cabeza de la revoltosa?
La vida se haría muy difícil con alguien erosionando desde afuera, encima cuando esa persona mide incluso un poco mejor que el propio Milei en las encuestas del momento y cuando encarna, de un modo especialmente cabal, ciertos reclamos que el Círculo Rojo no logra colar en medio de la miríada de concesiones que ha coleccionado en los últimos 30 meses.
La conciencia de Patricia Bullrich
Como les dijo a sus senadores, Bullrich le había anticipado al jefe de Estado su «objeción de conciencia», como si el pliego de Michelli fuera algo equivalente a un debate sobre el aborto legal. De acuerdo con el periodista de La Nación Gustavo Ybarra, le llegó a advertir que «hay todo un electorado que necesita gestos republicanos».
Como no es para nada seguro que el núcleo duro del paleolibertario tenga demasiados pruritos institucionales, cabe preguntarse a qué conjunto se habrá referido. ¿Al suyo de 2023, módico pero que aportó –era inevitable– al triunfo ultra? Aquellos eran los tiernos tiempos del León y el Patito, que ya no volverán.

¿Acaso ella crea estar arrimándose algo más en esta etapa de incipientes decepciones?
Como sea, ese es el patrimonio, volátil y resbaladizo, que necesita fidelizar desesperadamente, sobre todo si 2027 viene con la «invasión extraterrestre»que Toto Caputo ni se anima a pensar como condiciónde posibilidad de retorno de un peronismo liderado por Axel Kicillof.
Aun así, si provocara una revolución y una fuga de apoyos o, eventualmente de votos, la siempre revoltosa Cali Serrano podría resultar letal para las chances electorales de La Libertad Avanza (LLA) el año que viene: sería el colmo de la falta de liderazgo de Milei Hermanos que vean, impotentes, cómo el tablero político no se rompe precisamente por el lado del peronismo.
Arqueología de una traición (más)
Lo de Bullrich bien podría ser decodificado como una estrategia de provocaciones por Karina Milei, la integrante de la sociedad presidencial que sí se interesa por la política.
Antes del affaire por el pliego de Michelli, Bullrich ya había acaudillado la rebelión en la granja contra el inefable Manuel Adorni, el hombre triplemente inútil: como vocero, como jefe de un Gabinete que no le responde y como candidato. O, es lo mismo, contra su protectora Karina M.

Patricia Bullrich y Karina Milei, archienemigas íntimas.
Primero, conminó públicamente al sospechado de corrupto a explicar lo que todo el mundo sabe que excede sus posibilidades. Luego, a presentar anticipadamente su declaración jurada –»Lo spoileó a Manuel», reaccionó iracundo el Presidente en una entrevista forzada justamente por esa ofensiva–. Como se nota que el dibujo le está costando mucho a Adorni –se descuenta que no le llevará los cuatro años y cinco meses que se tomó Michelangelo Buonarroti para pintar el magnífico techo de la Capilla Sixtina–, ella adelantó la presentación de la suya propia, como para marcar diferencias.
Antes, ya había embestido de modo similar contra el fallido José Luis Espert. Si es estrategia, es provocación.
Pateando un cable pelado
La revolución de Carolina Serrano contra el gobierno del que forma parte es un modus operandi de su trayectoria.
Fue parte de y rompió con el peronismo revolucionario setentista, el menemismo, el duhaldismo, la Alianza, su marca personal Unión por la Libertad, la Coalición Cívica y, finalmente, el macrismo. Si hay una identidad política a la que Patricia Bullrich ha sido inquebrantablemente fiel, es el bullrichismo.

Patricia Bullrich, en sus tiempos de militante de la Juventud Peronista.
La defensa del pliego de Michelli es producto de una nueva torpeza política del Gobierno y, en especial, de Mahiques.
Al ministro de Justicia con pretensiones de procurador general se le escapó hasta qué extremos puede llegar el celo soviético de Milei, sobre todo conociendo antecedentes como la expulsión del primer titular mileísta de la ANSES, Osvaldo Giordano, porque su esposa diputada Alejandra Torres había votado contra la llamada «ley ómnibus», y la eyección de Sonia Cavallo de la embajada ante la OEA debido a las primeras críticas de su padre, Domingo Cavallo, al plan económico.
Lo de Michelli trae una adenda: alentar la autocensura de periodistas molestos por las adversidades que se pueda infligir a sus familiares.
Al defender a la candidata a jueza, Bullrich pateó un cable pelado: lo que Mahiques dice estar gestionándole a la sociedad Milei Hermanos es una pata judicial amplia y dócil, todo lo contrario de lo declarado por el mandatario en su discurso de apertura de sesiones del Congreso del año pasado.
«La Justicia no va a funcionar correctamente hasta que la política no se decida a dejar de politizar los nombramientos de los jueces, fiscales y defensores públicos», había fingido Milei ese día para quien quisiera creerle.
La verdad es otra: el de la pariente del periodista de investigación de la corrupción –últimamente, en especial sobre el explosivo caso $LIBRA– es apenas un pliego entre los de 150 candidatos a jueces y fiscales que el mileísmo busca sembrar en distintos estamentos del Poder Judicial para cuidarse la espalda.
Mensajes para todos y todas
El tuit en el que contó su charla con el presidente –aunque no toda ella–, Bullrich dejó unas cuantas señales significativas, tanto hacia adentro como hacia fuera del Gobierno.
- «Conozco y respeto plenamente la facultad constitucional del Presidente de la Nación para proponer y retirar pliegos. Del mismo modo, considero que expresar mis principios también forma parte de la responsabilidad que tengo como dirigente y como integrante de este espacio», se diferenció, ubicándose como socia y no como subordinada.
- «Soy parte de este proyecto y apoyo con convicción la transformación histórica» que, afirmó, realiza Milei, pero aclaró que «el respeto por las convicciones del otro y los valores republicanos también son parte del cambio». ¿Quién le habrá prometido semejantes cosas?
- «Mi compromiso con este proyecto es total. Y también lo es mi compromiso con los principios que sostuve toda mi vida», completó sin aclarar cómo es posible que esas puntas colisionen, qué entiende por «total» y cuáles han sido sus convicciones constantes. Misterio.
Tanto, tanto ruido
No hay por qué no creerle, pero la rebelión en defensa del pliego que el Ejecutivo en verdad no podría remover, por haber quedado bajo la égida de otro poder del Estado, parece poca cosa para provocar semejante crisis:
- Con el gesto, se declara formal y terminalmente en rebeldía.
- Renuncia a cualquier posibilidad de que Karina Milei la acepte –por necesidad y urgencia– como candidata a nada –a jefa de Gobierno porteño para empezar, porque para vice… ¡ni hablar!–.
- Cava más y más profundo el pozo de la crisis política del Gobierno, hecha de una mamushka de internas, desde la que enfrenta al Jefe con Santiago Caputo hasta la desatada por ella misma en el gabinete, así como sus reverberaciones menores.
- Pone en cuestión el apego de las imprescindibles bancadas aliadas, dada la inevitabilidad de la pregunta sobre la utilidad de inmolarse políticamente por las causas del mileísmo cuando ni los suyos propios las defienden. Por lo pronto, el senador formoseño Francisco Paoltroni también pondrá su conciencia sobre el pupitre en la sesión convocada para este jueves a fin de tratar los pliegos.

¿Por qué Bullrich invierte tanto en esto?
¿Qué pretende Patricia Bullrich?
La senadora jefa cumplirá 70 años el jueves 11 de este mes y cuenta hoy con una imagen positiva que la ubica al tope de las encuestas entre las figuras del oficialismo, especialmente algo por encima de la del propio Milei. La Jefatura de Gobierno porteña le sabe a poco y, teme, haya sido un gancho engañoso que le tendió el karinismo, uno que, dadas como están las cosas, encima ya no corre. Al revés: su viejo sueño presidencial tal vez le ofrezca una última oportunidad.

Se supone que su única alternativa para perseguirlo es convertirse en el muletode Milei en caso de que el Presidente caiga más en los sondeos y el Círculo Rojo necesite de un plan B que, tal vez, podría considerar incluso más apetecible.
Sin embargo, ella sabe que el Presidente cuenta con un núcleo duro que oscila en torno al 30% y, de acuerdo con las encuestas más recientes, detuvo su declive justamente en ese escalón. ¿Pensar que Bullrich espera que la economía lo debilite más para, entonces sí, lanzarse al ruedo sería bajarle el precio a su ambición y sobreponderar la confianza que la senadora puede depositar en una martingala semejante? Sería demasiado temerario afirmarlo, incluso cuando una parte poderosa del establishment no oculta su búsqueda de un sustituto, algo que no encuentra en el macrismo residual ni en figuras de provincia que no terminan de mover la aguja.
En medio de un mar tan proceloso, lo que hoy se afirme solo puede ser especulativo. De lo que no hay dudas es de que Bullrich está haciendo algo más que esperar al destino.
