El expresidente construye «el próximo paso» del «cambio» a pedido del ceo de Techint. ¿Una derecha de buenos modales? Llamen a Mariu Vidal. El factor Patricia.

Desde que Paolo Rocca le habló en abril a Mauricio Macri de su preocupación por la situación económica y política y le encargó la conformación de «una opción electoral racional» a Javier Milei en torno al PRO, el expresidente puso manos a la obra.

Cada vez con mayor intensidad, Macri se muestra como un precandidato presidencial, marca matices con la extrema derecha que nunca dejó de apoyar, le cambió el color al logo partidario y hasta estrenó eslogan al proponerse como «el próximo paso».

Mauricio Macri se propone como

Mauricio Macri se propone como «el nuevo paso» de la derecha argentina y le da una manito de pintura al PRO.

Ahora bien, ¿construye para sí mismo o para otro? ¿Construye?

¿En serio? ¿Mauricio Macri presidente?

El ingeniero está empeñado en una reconstrucción a escala –bastante menor, hay que decir– de lo que alguna vez fueron Cambiemos y Juntos por el Cambio (JxC).

La Coalición Cívica de Elisa Carrió ya no está, Miguel Ángel Pichetto canta Volver –al peronismo– y hasta Patricia Bullrich se mudó –siempre inquilina y de paso, nunca propietaria– al oficialismo. Queda la UCR… Eso es lo que hay para intentar, si la economía sigue sin arrancar y enojando a la mayoría de la sociedad, el salto a un segundo turno en las elecciones del año que viene. ¿Se llegará a eso, para alivio de un peronismo al que le cuesta horrores ordenarse?

Quedan también los poderes territoriales del PRO y el radicalismo –hasta ahora tan complacientes–, en torno a los cuales busca cumplir el encargo de Rocca, a quien le va mal como industrial, pero muy bien como petrolero. Curiosidades del modelo.

Tras un encuentro en Entre Ríos con Rogelio Frigerio, Macri visitó el viernes al radical Maximiliano Pullaro en Santa Fe.

Ambos «se llenaron de mimos y gestos (…). Jugaron juntos para la foto, pero también, en privado, avanzaron hacia la construcción de una coalición que sostenga la base del proyecto mileísta, pero le agregue valor y aroma cambiemista. Mientras, se busca nombre para un candidato, sin apuro», escribió Pablo Fornero en Letra P.

Mauricio Macri recorre territorios amigos en el interior –en la foto, en Chaco– y se muestra como un presidenciable.

Mauricio Macri recorre territorios amigos en el interior –en la foto, en Chaco– y se muestra como un presidenciable.

Zona central, viejos bastiones, gente propia… Esas provincias son inmejorables para poner en marcha el proyecto. Además, tanto Frigerio como Pullaro tienen chances de reelección y, si la historia no les golpea la puerta –Pablo Sirvén dixit–, les vendría bien abrazarse a una opción nacional propia en previsión de eventuales avances de Karina Milei en sus distritos.

En los encuentros, Macri escuchó la pregunta que descontaba: ¿el proyecto va en serio o es solo una manera de acumular políticamente para, al final, canjear el amague presidencial por un blindaje de la Ciudad de Buenos Aires y el cogobierno que siempre intentó, pero jamás pudo arrancarle a La Libertad Avanza (LLA)?

El condicionamiento y el reparto del poder podrían considerarse modos de cumplir con el pedido del ceo de Techint, pero Macri afirma pretender más y negó esos temores esgrimiendo más falta de necesidad que principios: según él, el activismo político de su primo Jorge va por buen camino para alambrar la Ciudad. Así, no habría que pactar nada.

PRO: ser o no ser

La ofensiva del partido amarillo que va mutando a naranja no termina en el jefe de Gobierno. Otras figuras, como Guillermo Dietrich, salieron a decir lo suyo, lo que incluye la buena disposición a responder preguntas sobre la posibilidad de un «Mauricio presidente» en 2027. Todos dicen que les gustaría, pero que depende de él. Y de las encuestas, por ahora esquivas, cabe añadir.

¿Cuál sería el propósito del intento? Le tocó explicitarlo a María Eugenia Vidal, quien retomó el alto perfil tras haberse recluido a reflexionar por el fracaso de la candidatura porteña de Silvia Lospennato en las elecciones del año pasado, que ella prohijó.

Sin remordimientos por enarbolar la bandera de la transparencia, pero haber callado y seguir callando sobre casos como el Libragate y el Karinagate de las presuntas coimas con dinero de las personas con discapacidad, salió en Infobae a meter el dedo, con precisión de médica, en la llaga sangrante de Manuel Adorni.

Al PRO, con Marcos Peña al frente de la administración general del Gobierno, un escándalo así «nunca le habría pasado. Primero él no lo habría hecho», dijo sin aclarar qué cosa, y «además Mauricio no (se) habría permitido tener un jefe de Gabinete que durante más de dos meses no puede explicar su declaración jurada».

Milei sí se lo permite.

El odio y el rencor

«No es cierto que porque otra fuerza se presente por fuera, o del PRO o de La Libertad Avanza, eso sea funcional al kirchnerismo. Es más, lo que la Argentina está necesitando es que el kirchnerismo sea tercero. ¿Por qué? Porque necesita dos fuerzas racionales que crean en el mismo rumbo económico para que todos los que tienen que confiar en la Argentina lo hagan. Mientras el kirchnerismo sea la segunda fuerza alternativa, no van a llegar inversiones a la Argentina», añadió Vidal. «Racional», dijo. La palabra de don Paolo.

Además, expuso dos sentimientos. Uno, la fobia: al kirchnerismo, claro, incluso el odio. Dos, cierto rencor a Milei, por haber hecho la suya y erosionado al PRO en 2023, justo cuando ese partido creía tener atado el retorno al poder. ¿Qué sentimiento será más fuerte el año próximo?

Así, partir el bloque de derecha sería, para ella, funcional y no disfuncional al futuro de una Argentina, digamos, poco plural. Si LLA y el PRO, o viceversa, deben ser oficialismo y oposición, el rango del debate democrático tolerable parece angostarse dramáticamente. ¿Será eso lo que en verdad pretenden Rocca y otros protagonistas del Círculo Rojo?

Populismo PRO

La exgobernadora bonaerense esbozó, si no el programa, los principios rectores del «próximo paso».

En otra entrevista, en este caso con A24, explicitó una suerte de «populismo PRO», tan inverosímil que nadie en el establishment debería alarmarse.

«Yo siento», indicó muy en su estilo, en el que las definiciones políticas salen más del corazón que de la mente, «que el rumbo económico es el correcto. Creo que (el Gobierno) tiene un gran desafío por delante ahora, (cuando) ya empieza a mostrar sin duda una baja de la inflación (y) hay sectores que están generando inversión: la minería, la buena cosecha, la energía… muchos sectores que están creciendo».

Luego pasó a las críticas.

En la línea de los informes suavemente críticos de la Fundación Pensar del PRO, think tank que preside, explicó que, si bien «ya hay algunos ganadores de esta política económica, todavía no hay una mayoría de ganadores: hay cinco millones de argentinos endeudados, hay jóvenes que se quieren ir de su casa y no pueden porque el crédito hipotecario no creció lo suficiente, hay muchas familias que con dos trabajos no llegan a fin de mes…».

«Hay todavía mucho que hacer y, como el PRO dice, hay un próximo paso para dar: hay que seguir bajando impuestos, hay que seguir abriendo mercados, hay que seguir removiendo trabas, hay que generar infraestructura».

Impresionante… Menos impuestos, menos ingresos tributarios, más inversión social y en infraestructura y, claro, dado que «el rumbo es el correcto», sostener el superávit fiscal.

¿Con Macri presidente? «A mí me encantaría», respondió.

Cuestión de modales

A falta de coherencia entre el modelo económico que se abraza y las políticas que se prometen para limarle el filo, ¿la diferencia son los modos?

Mientras Milei no para de odiar al 95% de los trabajadores de prensa y Patricia Bullrich cuenta, off the record, su desacuerdo con semejante bestialidad, Macri se permitió tuitear en el Día del Periodista.

Con todo, ni al ingeniero ni a la exministra de Seguridad se les escaparon nunca una crítica –en el caso del primero– o un pedido de perdón –en el caso de la segunda– por tanta represión a periodistas y reporteros gráficos en la cobertura de numerosas manifestaciones.

Para que la barra brava policial no les pegue, gasee o directamente balee, Bullrich les recomendó en su momento que se pusieran cascos y chalecos como para ir a una guerra.

La Policía de Patricia Bullrich avanza sobre periodistas equipados con cascos y máscaras claramente identificados como

La Policía de Patricia Bullrich avanza sobre periodistas equipados con cascos y máscaras claramente identificados como «Prensa».

Mientras, Pablo Grillo todavía lucha para recuperar la vida plena que le arrebató un delincuente con uniforme de Gendarmería, para quien –igual que para la senadora que lo protegió en su momento– disparar una cápsula de gas en línea recta y apuntando es lo mismo que hacerlo a 45 grados, «como indican los protocolos».

Patricia Bullrich quiere saber: «¿Hay lugar para mí?»

Con tanta gente mirando la pileta para comprobar si se llena de agua, Patricia Bullrich no puede quedarse atrás. ¿No tiene argumentos –piensa– con su 24% en la primera vuelta de 2023, su 50% en las legislativas de 2025 y su buen ranking en las encuestas de imagen para sentirse la mejor «alternativa racional» que pide Rocca, tan repetidamente humillado en público por Milei?

A la salida de la convención de la Cámara de la Construcción, Macri le dijo a Clarín que «parece (Bullrich) que está lanzada» y negó tener diálogo. El hombre quedó escaldado cuando se produjo el primer acercamiento a Milei –inicialmente de dos, pero finalmente capitalizado por una– y no quiere que nadie se vuelva a llevar los frutos de lo que sea que esté cultivando. Como sea, ya nadie duda de que la legisladora está otra vez en tránsito.

Mientras Milei debe tolerar sus crecientes desobediencias y se hace el zonzo ante sus presentaciones de renuncia como jefa del bloque oficialista del Senado, y mientras Karina M. debe conformarse con fotos que pretenden mostrarla aún retocada como El Jefe, Bullrich disfruta su mejor momento en mucho tiempo.

Su equipo sacó un video que es todo un hallazgo, uno de esos que la tienen como figura protagónica y le hacen escupir bilis a la secretaria general de la Presidencia.

Apuntando a un público amplio –el suyo, no precisamente juvenil, más el que aporta la intérprete, La Joaqui– se mostró juguetona a una cámara, haciendo muecas sugestivas y hasta bromeando con su figura y sus gestos al son de la milonga de Tita Merello Se dice de mí.

Bullrich jugó con el misterio que generaron sus últimas movidas contra José Luis Espert y contra Adorni. En definitiva, contra Milei Hermanos.

En un tramo, hasta entra –una creación de inteligencia artificial de TN– a un laberinto que no se sabe si lleva a la Jefatura de Gobierno porteña, a la vicepresidencia o, directamente, a la Presidencia de la Nación.

«Yo soy así», cierra la canción. Y ella guiña un ojo.

Patricia Bullrich spot de campaña

«Yo soy así», dice Patricia Bullrich, como Tita Merello.

Rocca pide, Macri se siente obligado a trabajar y algunos gobernadores se ilusionan con ser parte de un armado que no los obligue a seguir administrando miseria también entre 2027 y 2031.

Mientras observa si algo surge de cuaja, la audaz Bullrich explora sus opciones y pregunta si habría también lugar para ella. Aunque el ingeniero se resista.

(Nota publicada en Letra P).