Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, candidatos de la izquierda y la extrema derecha de Colombia para acceder a la Casa de Nariño.
El Presidente protagoniza la nueva pelea entre extrema Abelardo de la Espriella y Iván Cepeda. Donald Trump, lealtades cruzadas y el TEG de América Latina.
El modelo político, económico y social de Javier Milei, así como sus resultados, centró el tramo final de la campaña para la segunda vuelta electoral de este domingo en Colombia, en el que se juegan la sucesión de Gustavo Petro y un partido clave del TEG que juega Donald Trump en América Latina.
Según los últimos sondeos publicados, el postulante de extrema de derecha y outsider Abelardo de la Espriella, vencedor del primer turno con 43,8% de los votos en un contexto de severa polarización,llega con una luz de ventaja sobre el izquierdista Iván Cepeda. Esa diferencia oscila entre los siete y los ocho puntos, aunque un sondeo, uno solo, dio primero –por ínfima diferencia y plenamente dentro del margen de error– al senador petrista.
En concreto, la encuestadora Guarumo arrojó 52,6% para De la Espriella y 45% para Cepeda. Atlas Intel –cuestionada metodológicamente antes de la primera vuelta por –presuntamente– subestimar el voto rural, pero al final la más precisa– consignó 52,4% y 44,4%, respectivamente.
Sólo Celag Data dio cuenta de una disputa voto a voto: Cepeda 40,8%, De la Espriella 39,7% y un impactante 19,5% que anuncia el voto el blanco, la anulación o, todavía, indecisión. En estos ítems podría encontrarse una clave del humor político de una sociedad agrietada y agotada tras una campaña agresiva y agónica.
Donald Trump vuelve a la región
A diferencia de lo ocurrido en Perú, donde el triunfo de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez terminó dado por una diferencia marginal y todavía revisada en el escrutinio definitivo, la derecha hemisférica esta vez más sí salió al jugar el partido de Colombia, previa del que se jugará en octubre próximo en Brasil, donde Luiz Inácio Lula da Silva logra, por ahora, romper una paridad de arrastre sobre Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, el expresidente preso por haber atentado contra la democracia.
Trump dio un paso al frente por De la Espriella, concentrado nuevamente en consolidar su hegemonía sobre América Latina, conforme a su propia Estrategia de Seguridad Nacionaly escaldado por el fracaso fresco en Irán.
En un posteo que subió a las redes sociales, expresó su «endoso completo y total» al Tigre, valoró el alineamiento prometido por este y ponderó su compromiso con los objetivos más importantes de la agenda Washington en región: apertura comercial –mientras él cierra la economía de Estados Unidos–, mano dura, combate al narcotráfico, freno a los movimientos migratorios y mucho, mucho macartismo.
De la Espriella «ama a su gran país y a su pueblo», ayudó al presidenciable, cuya condición de estadounidense naturalizado desde 2023 no supone un impedimento constitucional, pero genera dudas, en caso de choque de intereses, sobre qué lealtad nacional priorizaría en función de sus respectivos juramentos.
Javier Milei «sale» otra vez de la Argentina
También Milei salió en apoyo del colombiano, un outsider total como lo fue él mismo.
Este, por su parte, publicó un video en el que ambos intercambiaron zalamerías por teléfono. «Imáginese un Tigre y un León» juntos, endulzó la charla el colombiano, quien, antes de colgar, hizo propio el eslogan «¡Viva la libertad, carajo!».
La injerencia de Milei –a esta altura un clásico de la política latinoamericana desde todos los sectores ideológicos– fue un guante que Petro decidió recoger, continuidad de una saga que ha enfrentado agriamente y muchas veces a los actuales presidentes de Argentina y Colombia.
Para eso, comparó los respectivos resultados económicos y sociales, que favorecen al izquierdista, aunque con la salvedad de que este no debió afrontar, como el ultra criollo, el desafío de estabilizar una economía endiablada.
Además, recordó el Hondurasgate, un escándalo de dinero negro aportado presuntamente, entre otras partes, por el argentino para montar una campaña de fake news contra los gobiernos progresistas de América Latina. Ese caso, llamativamente, no ha hecho carne en la oposición nacional.
Grieta en Colombia: Abelardo de la Espriella
De la Espriella es un abogado y empresario de 47 años, nacido en Popayán, en el departamento sudoccidental de Cauca.

Abelardo de la Espriella y su número dos, José Manuel Restrepo, ministro de Hacienda del presidente uribista Iván Duque.
Carente de toda experiencia política, experimentó un crecimiento explosivo en el tramo final de la campaña para el primer turno, período en el que se tragó a la tradicional derecha uribista.
Lo hizo, justamente, aprovechando el hartazgo con la política que parece un signo de época. Por eso no sorprende que haya abrazado –en versión colombiana, desde ya– todo lo que Milei le propuso la Argentina hace casi tres años: mercado libérrimo, desregulación radical, eliminación de ministerios, recorte del 40% de la estructura del Estado y desgravación impositiva amplia.
Lo que Milei estigmatizó como «la casta», para el colombiano son los «verdugos del pueblo», que representa en la izquierda petrista.
Sus principales propuestas son el ajuste, la rienda suelta a las empresas y a la inversión, el alineamiento con Estados Unidos, purga ideológica en el Estado, fin de toda negociación con los grupos que siguen alzados en armas –el más notorio es el Ejército de Liberación Nacional, ELN–, mano dura contra el narco y –verdadero fetiche de las nuevas derechas– promoción de la inteligencia artificial y las criptomonedas en los procesos de gobierno.
A la norteamericana, defiende la libre portación de armas, siendo civil saluda a su gente con la venia militar y, a lo Nayib Bukele promete construir diez megacárceles de máxima seguridad.
Grieta en Colombia: Iván Cepeda
Cepeda, por su lado, es un profesor de Filosofía y senador de 63 años. Excomunista, luego se hizo militante del partido M-19 –la agrupación legal de la guerrilla homónima desmovilizada en 1990– y del Pacto Histórico de Petro.

Iván Cepeda, delfín del presidente de izquierda Gustavo Petro en la segunda vuelta de Colombia.
Pese a los preconceptos, su discurso es de tono suave y dialoguista, contrastante con la estridencia de su rival.
Militante por los derechos humanos, medió de manera decisiva en las negociaciones de paz que Juan Manuel Santos llevó adelante con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en las que terció para imponer la reparación de sus víctimas. Su apuesta es ahora reflotar las paralizadas negociaciones con el último gran grupo armado: el ELN.
Hombre de trayectoria legislativa pero no ejecutiva, su lema es «Paz con justicia social».
Propone una continuidad de lo hecho por Petro, aunque añadiendo una reforma tributaria progresista, un plan nacional de salud con menor incidencia privada y mayor énfasis en la reforma agraria.
La herencia de Gustavo Petro
Petro, un exguerrillero del M-19 reciclado a la política democrática, además de hombre de discurso confrontativo, deja la Casa de Nariño con niveles de popularidad del orden del 40 al 45%, a los que subió en el último tramo de su gestión.
La gestión del hasta ahora único presidente de izquierda de la historia colombiana deja logros como el aumento del salario mínimo a 545 dólares, inflación controlada de alrededor del 5,5% anual, una reforma laboral proderechos, una reducción del desempleo a su menor tasa en tres décadas, mayor cobertura de los subsidios a la vejez –unos 60 dólares por mes– y avances en materia de pobreza e integración de sectores juveniles marginados.
Un crecimiento económico mediocre y un déficit fiscal financiero –tras el pago de deudas– del 6,5% del producto son sus principales talones de Aquiles.
En lo internacional, resistió las presiones de Trump y, con el tiempo, logró aminorar la hostilidad inicial del estadounidense.
Llega ahora el momento de la verdad. Tras el éxito que obtuvo en Chile de José Antonio Kast y Fujimori en Perú, la extrema derecha se prepara para saltar al poder en la cuarta economía latinoamericana, lo que constituiría una novedad de importancia cuando Trump y el clan Bolsonaro atraviesan un momento menguante.
La grieta no tiene fin.
(Nota publicada en Letra P).
