El dólar, variable clave y enigma del futuro electoral de la Argentina.

La reelección del Presidente y la eterna acechanza cambiaria. ¿Peligro de crisis a la vieja usanza o de dilapidación? Dólar Adrián Ravier, Vaca Muerta y Miami.

Javier Milei, Toto Caputo, los mercados, el Círculo Rojo y –en sus ratos libres de pelea– hasta el peronismo comienzan a seguir la trayectoria de la variable clave que definirá en buena medida las elecciones presidenciales del año que viene: el dólar. ¿Hay allí un peligro para el Gobierno equiparable al de otros ciclos comiciales recientes?

La divisa estadounidense parece bajo control en parte gracias a diversas formas de intervención, pecado que se permite la administración anarcocapitalista. Además, el Banco Central sigue acopiando reservas, munición para hacerle frente a lo que viene.

Aun así, los analistas coinciden en que conforme avance el segundo semestre de este año y, sobre todo, el primero del que viene, el billete verde debería ser eje de las habituales presiones compradoras, tanto de empresas importadoras como de ahorristas pequeños y grandes, así como de turistas que no dejan de considerar que la cotización resulta favorable para conocer el mundo.

¿El billete verde simplemente toma carrera?

El dólar Adrián Ravier

La autoridad monetaria sigue activa en el mercado, aunque lógicamente en menor medida que durante el trimestre abril-junio, la temporada alta de la soja. No vaya a ser cosa que el fortalecimiento de sus activos y la necesidad de satisfacer las exigencias del FMI (Fondo Monetario internacional) termine recalentando una inflación que, a despecho de los manuales monetaristas que lee el Presidente, tardará en bajar en serio y que, por lo pronto, el mes que viene no comenzará con cero.

El dólar sigue siendo el desvelo del Banco Central, pero este gradúa sus compras diarias para no calentar su cotización y así atizar la inflación.

El dólar sigue siendo el desvelo del Banco Central, pero este gradúa sus compras diarias para no calentar su cotización y así atizar la inflación.

En ese contexto revuelto, metió la cuchara el nuevo vocero, Adrián Ravier, quien sigue sin definir hasta dónde llega el economista que vive en él y hace comentarios y dónde comienza la responsabilidad del hombre encargado de hablar nada menos que en nombre del jefe de Estado.

Adrián Ravier, vocero presidencial.

Adrián Ravier, vocero presidencial.

En la mesa amena del streaming Carajo, afirmó que «la estabilidad cambiaria está muy clara, yo no me preocupo por ese lado. Podría haber una corrección mínima», comenzó.

Luego, como un analista financiero, comparó la situación presente con el caos que le costó la salida a Mauricio Macri, a quien la divisa se le fue de las manos al multiplicarse por cuatro.

«Cuadruplicar el tipo de cambio significaría que hoy pasamos de 1500 (pesos) a 6000. Si vamos a 2002, cuando el tipo de cambio pasó de $1 a $3, sería como pasar hoy de 1500 a 4500. Nadie ve ese escenario. Ahora, que el tipo de cambio llegue a 1800, a $1700, para dentro de unos meses es una posibilidad», señaló.

El mercado pregunta: ¿para qué te traje?

Fuentes del mercado consultadas por Letra P manifestaron desconcierto. ¿Qué pretendió hacer Ravier? ¿Enviar la señal de una devaluación en ciernes para contrarrestar la idea de que el Gobierno va a seguir pisando la paridad? ¿Reveló inseguridad sobre la cantidad de munición que acumuló Santiago Bausili para hacerle frente a lo que viene?

Miran debajo del agua: la interpretación de la política nunca debe subestimar el error. Eso explica que el aprendizaje del sucesor de Manuel Adorni, quien sorprende con su costumbre de leer las respuestas a las preguntas de los periodistas, esté causando cierta irritación en la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda.

Sin embargo, esos analistas observan algo más. No se trata sólo de la relación entre dólares que entran y que salen por exportaciones e importaciones, y por turismo receptivo y emisor. El año que viene el país debe hacer frente a pagos de deuda por 27.000 millones de dólares que deben salir de algún lado.

El problema es que con un riesgo país otra vez en alza –finalizó la semana a 437 puntos cuando el Gobierno esperara que quebrara a la baja el umbral de los 400–, el recurso al rollover en el mercado sigue siendo más que incierto.

Cuando Javier Milei y Toto Caputo se ilusionaban con que el riesgo país quebrara a la baja el piso de los 300 puntos básicos, ese indicador volvió a picar al alza. (Fuente: Ámbito Financiero).

Cuando Javier Milei y Toto Caputo se ilusionaban con que el riesgo país quebrara a la baja el piso de los 300 puntos básicos, ese indicador volvió a picar al alza. (Fuente: Ámbito Financiero).

Resulta imposible confiar en que el futuro será más favorable cuando Donald Trump despliega cada día su manía por empiojarles la cancha tanto a amigos –como Milei– como a enemigos –como casi todos los demás– con guerras comerciales y guerras de las otras.

Dólar, la palabra maldita

Sin que la coyuntura lo justifique, Ravier volvió a poner la palabra maldita –»dólar»– en los titulares. Ahora bien, ¿de qué habla el vocero cuando se refiere a un tipo de cambio de 1800 pesos por dólar? ¿Por qué eso es, cuando menos, serio?

El dólar mayorista –vehículo de las grades transacciones comerciales y financieras– cerró el viernes a 1497 pesos, lo que representó un alza de 0,5% en la rueda y la mitad de todo lo avanzado –nominalmente, porque la inflación corre por arriba– en el mes.

Fuente: Rava Bursátil.

Fuente: Rava Bursátil.

Toto Caputo –entronizado como «el Messi de la reelección«– no quiere que se repita lo ocurrido en junio, cuando el aumento del dólar totalizó 5% y no le puso chimichurri al IPC solamente porque el INDEC se encarga de limarlo y porque la frialdad de la actividad interna directamente lo rebana. ¿De qué inflación se hablaría si la mileinomía fuera un concepto menos refractario al crecimiento?

En ese sentido, un dólar de 1800 pesos para fin de año significaría un salto de la divisa del 20%. Aun cuando pueda hablarse de un atraso cambiario, con semejante salto difícilmente la inflación podría sostener el caminito descendente que sueña el ministro de Economía y que el mandatario necesita para hacerse reelegir.

El mercado hace sus apuestas

«Con un dólar a 1500 pesos, Milei gana. A 2000 no estoy seguro y a 2500 pierde la reelección», dijo hace poco Emmanuel Álvarez Agis.

Descontando que Milei, efectivamente, desea ser reelecto y que debe apostar sus fichas a lo financiero ante la evidencia de que la actividad no arranca y, así, no encuentra qué derramar, los analistas de la City consultados para el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la encuesta mensual del Banco Central, proyectan un dólar a 1673 pesos para fin de año, mientras que el top ten de los mejores predictores de esa variable fueron todavía más comedidos: 1621 pesos, dijeron.

Fuente: Relevamiento de Expectativas de Mercado de junio de 2026, Banco Central.

Fuente: Relevamiento de Expectativas de Mercado de junio de 2026, Banco Central.

¿Un dólar a 1800? Recién para la previa de las elecciones, sentencian.

El dólar y el populismo para ricos

Hay, con todo, algo todavía más relevante que los entusiasmos retóricos de Ravier, que las posibilidades de Bausili y que los deseos de Milei: los intereses de la Argentina.

Desde el establishment, el precandidato presidencial Carlos Melconian viene advirtiendo hace tiempo sobre una serie de desacoples en la política de Toto Caputo, a quien considera, más que un ministro de Economía, un secretario de Finanzas. Vale prestarle atención.

Defensor del objetivo de un mercado en el que el dólar flote libremente, el economista reitera la que fue su gran crítica a Macri y a Alfonso Prat-Gay, durante cuya administración dirigió el Banco Nación. Habla, claro, de las salidas precipitadas del cepo. De una forma de populismo para ricos, bah.

«El error más grande de política económica que hubo acá fue abrir, barato y sin impuestos, el cepo para la gente», sentenció. Eso es así, sostiene, porque el dinero que aporta el «milagro» de Vaca Muerta termina en buena medida en cajas de seguridad y en hoteles de Miami y Punta Cana.

Dólar, entre la realidad y la verdad

¿Qué dicen los números? Que las exportaciones de petróleo crudo –sin considerar combustibles y otros derivados– alcanzaron a 4693 millones de dólares en el primer semestre del año, equivalentes al 33,71% del superávit comercial alcanzado. Y ese período coincide en parte con la temporada alta de la soja, lo que permite pensar que su peso en el total del saldo será porcentualmente mayor a fin de año.

Mientras, el millón y medio de argentinos con excedentes dolarizables compraron en abril 2727 millones de dólares y en mayo, 2260 millones. Desde la salida del cepo, en abril del año pasado, esas adquisiciones se elevan a impactantes 38.675 millones de dólares.

Como a eso, claro, hay que sumar los gastos por turismo, hay que concluir que Melconian tiene razón, aunque ya no repita, como en el macrismo crepuscular que «ojo, que se puede ir todo a la mierda»

Lo dicho expone el hecho alentador de que Vaca Muerta supone un cambio gigantesco en la estructura productiva nacional, una alteración fuerte de lo que hasta ahora se consideraba el Círculo Rojo empresarial y un aporte extra, fundamental, para que el país resuelva de una vez sus tradicionales cuellos de botella de divisas.

A pesar de eso –o de la mano de eso–, cabe preguntarse si se está haciendo buen uso de esa oportunidad. Así como el modo en que Vaca Muerta se está explotando en base a un RIGI demasiado generoso con el capital en materia de desgravaciones impositivas y de falta de exigencias en materia de integración local de proveedores plantea el debate pendiente –exagerando, claro– sobre la «Argentina saudita» en ciernes, lo dicho propone uno paralelo.

Es posible que la tensión cambiaria preelectoral tradicional sea menos aguda en 2027 por el surgimiento de este nuevo sector y también que eso ayude a Milei a ser reelecto. Con todo, algo más profundo inquieta: ¿la nueva abundancia de dólares es aprovechada debidamente en base a su mantenimiento en el país o, una vez más, está siendo dilapidada en beneficio de una minoría que ahorra y viaja barato?

Acaso haya que abandonar viejos paradigmas de análisis y comenzar a hacerse preguntas nuevas. El futuro de la Argentina se juega en eso.

(Nota publicada en Letra P).