Javier Milei, inteligencia artificial y alineamiento con Estados Unidos. ¿Hacia un problema de seguridad?
La IA es la nueva «carrera nuclear» y el Presidente mete al país en ella. El RIGI 2.0, entre Donald Trump y Xi Jinping. Del apocalipsis a riesgos más tangibles.
Las advertencias apocalípticas sobre el modo en que el genio de la inteligencia artificial está escapando de la lámpara iluminan el costado geopolítico y militar de su desarrollo, verdadera carrera «nuclear» de la Segunda Guerra Fría entre Estados Unidos y China. Al ofrecer a Argentina como hub –RIGI 2.0 mediante–, Javier Milei busca ventajas económicas, pero ignora peligros de seguridad.
Jacob Coxon, un británico de 27 años que, después de tres años de experiencia como investigador de preentrenamiento, huyó despavorido de Anthropic –su último empleador–, lanzó días atrás la alerta más reciente sobre el descontrol de la IA.
Denunció que la carrera entre empresas y gobiernos está derivando velozmente en súper inteligencias artificiales, «sobrehumanas y autoperfeccionables», capaces de acumular poder y riqueza por sí mismas.
Serían, sumó, capaces de «desalinearse» de sus entrenadores, establecer de modo independiente objetivos y medios para conseguirlos, y que «las personas que están construyendo IA creen sinceramente que podría matarnos a todos para finales de la década».
La inteligencia artificial avisa
Es cierto que toda advertencia necesita de un titular rimbombante para ser escuchada y que la humanidad ya sobrevivió a encrucijadas históricas equivalentes –las tres revoluciones industriales previas a la actual, la competencia atómica…–. Sin embargo, impacta la reiteración de avisos como el de Coxon sin que Estados y organizaciones multilaterales respondan ante una tendencia que, efectivamente, avanza a un ritmo vertiginoso y ya resultaría imposible de subordinar objetivos humanos.
El modo en que un experimento de OpenIA –desarrolladora de ChatGPT–, supuestamente llevado a cabo en un sector limitado de Internet, se salió de control y terminó en julio último en el hackeo a la startup Hugging Face –empresa totalmente ajena al mismo– disparó las alarmas en todo el mundo.
Las cosas llegaron tan lejos que Dario Amodei, cabeza de Anthropic, emitió el sábado un manifiesto en el que llamó a desacelerar de manera urgente los desarrollos y a negociar normas de regulación con los demás gigantes del sector.
«Me preocupa que, en un plazo de 6 a 12 meses, un enjambre de agentes de IA se vuelva capaz de tomar el control de toda Internet mediante una red persistente de bots –lo que podría causar perjuicios de cientos de miles de millones de dólares–, y que la magnitud del daño siga creciendo desde ese punto si la IA se vuelve más potente sin las medidas de seguridad necesarias», escribió.
Hay verdadera alarma: Sam Altman, de OpenIA, y Elon Musk, de SpaceXAI, se sumaron a la idea. Ahora deben reaccionar las grandes potencias que animan la carrera.
Los riesgos de la súper inteligencia artificial
Por un lado está el peligro de que las IA eliminen renglones enteros de la demanda de trabajo humano; por el otro, la «amenaza existencial» que menta el exentrenador de Anthropic.
Llamativamente, Evan Hubinger, líder de un equipo de seguridad de esa compañía, respaldó públicamente a su excolega y cifró en «más del 10%» la posibilidad de que las IA exterminen al género humano «dentro de la próxima década». Bueno, 10%… Tranquilizador…
Una fuente conocedora y autorizada como Bill Gates –entre muchísimas otras– avaló días atrás esas inquietudes.
En un posteo que acaba de subir a su blog personal, el cofundador de Microsoft advirtió sobre los potenciales riesgos económico-laborales y, sobre todo, de seguridad que representan las IA. Dijo:
- «La transición a esta nueva era de la IA será uno de los períodos más turbulentos de la historia humana (…). Desafortunadamente, en este momento no nos estamos preparando para eso».
- «Muchas profesiones desaparecerán para siempre (…). Los empleos en mayor riesgo son los de nivel inicial y medio, y los nuevos puestos creados requerirán habilidades que toma muchos años aprender».
- «Los expertos en ciberseguridad más inteligentes que conozco están asustados por los próximos años, porque los atacantes están adquiriendo capacidades más poderosas a un ritmo mayor del que los defensores logran reparar las vulnerabilidades».
- «Pensá en la infraestructura vulnerable: hospitales, instituciones financieras, sistemas de agua, redes eléctricas, sistemas gubernamentales de beneficios sociales. Cuando estas instituciones son atacadas, los pacientes, clientes y receptores de ayuda son los que pierden».
Lo último es fundamental para entender los peligros extremos de los que hablan Coxon, Hubinger y tantos otros. La gran amenaza es la posibilidad de que se produzcan ciberataques a gran escala, y en base a parámetros para los que hoy no existen remedios ni escala humana de comprensión.
Eso por no hablar de intrusiones en sistemas de defensa, misilísticos y hasta nucleares de diversos países.
Donald Trump vs. Anthropic
Anthropic, compañía que tiene en Claude su nave insignia, rechazó acatar la decisión de Donald Trump de que las empresas de IA contratadas por el Pentágono permitan el uso de sus sistemas para tomar decisiones automatizadas de ataque militar, esto es sin intervención humana. Ante eso, el jefe de la Casa Blanca canceló ese contrato y encontró un reemplazo más dócil en OpenIA.
Esto no es ciencia ficción y ya se vio en el inicio de la guerra israelo-estadounidense contra Irán, en la que el procesamiento instantáneo de cuantiosa información de inteligencia permitió el descabezamiento masivo y simultáneo de la cúpula política y militar de la República Islámica.
Alguna vez se sabrá si fue un ataque decidido sólo con IA lo que procovó la muerte de 168 personas, en su mayoría niñas de entre 7 y 12 años, durante el bombardeo a una escuela en la ciudad de Minab el 28 de febrero último, primer día de la guerra en curso.
Inteligencia artificial y seguridad
La ruidosa advertencia de Coxon ocurre en el contexto de los preparativos de Anthropic para cotizar en Wall Street, en busca de financiamiento para proyectos que se hace cada vez más onerosos. Estimaciones privadas apuntan a que el proceso generaría una capitalización bursátil –valor total de las acciones– de dos billones de dólares, por lo que la polémica no es ajena a especulaciones sobre eventuales zancadillas.
Sin embargo, la propia empresa –que tras su polémica con Trump y sus llamados a una regulación se presenta como el «actor bueno» del sector– avala esos dichos de modo oblicuo.
En un flamante reporte –Detectando y contrarrestando el uso indebido de la IA: septiembre de 2026–, reveló haber frenado sólo este año cinco intentos de usar sus herramientas para desarrollos biológicos peligrosos.
El texto dice no tener comprobado que esos usos hayan tenido fines maliciosos, pero los detalles llaman la atención:
- Detrás de los intentos aparecen grupos respaldados por gobiernos, organizaciones criminales e individuos políticamente motivados.
- Un intento consistió en consultas de un instituto de investigación militar para volver más dañino el virus del chikunguña.
- También se detuvieron intentos de obtener instrucciones para incrementar la contagiosidad de la gripe aviar y para hacer que el virus de la viruela se vuelva más resistente.
- Otro caso implicó la recopilación de un catálogo de toxinas animales venenosas que podría emplearse tanto para crear medicamentos como para desarrollar armas.
Sorpresas del RIGI 2.0
Con el proyecto de súper-RIGI, ya aprobado en la Cámara de Diputados y por el momento demorado en el Senado, el Gobierno intenta convertir a la Argentina en un polo regional de desarrollo de inteligencia artificial desregulada mediante la captación de inversiones superiores a los 1000 millones de dólares. La idea es ofrecer beneficios tributarios, cambiarios y jurídicos a empresas privadas para que desarrollen en el país grandes data centers y la infraestructura energética masiva necesaria para alimentarlos.
El plan apunta, presuntamente, a una conveniencia económica y de desarrollo de conocimiento, pero ignora olímpicamente los riesgos de seguridad que podría imponerle al país.
La carrera de la IA, que ya deriva en desarrollos de súper inteligencia artificiales que sus propios responsables afirman no entender hacia dónde van, se hace irrefrenable por la competencia entre enormes empresas del sector, las que vienen marcando, con sus avances y tropiezos, el paso de los grandes mercados financieros internacionales. Con todo, por encima de todo eso, manda la competencia entre Estados Unidos y China por la hegemonía global.
IA: la nueva carrera «nuclear»
La mención a la ruptura entre el Pentágono y Anthropic resulta ilustrativa: el apuro de esas y otras potencias se explica en la certeza de que las IA desarrollarán formas de hackeo y nuevas armas biológicas, de potencial sin precedentes. Al igual que en la vieja carrera nuclear, llegar primero se vuelve crucial ante la certeza de que ninguna regulación internacional será capaz de frenar al adversario.
Cabe recordar en este punto el manifiesto reaccionario del tecnoextremismo publicado en 2024 por Nicholas W. Zamiska y por Alex Karp. Este último es cofundador de la empresa Palantir y socio del nuevo vecino de Barrio Parque Peter Thiel.

Peter Thiel, dueño de Palantir, admirador de Javier Milei y misterioso nuevo vecino porteño.
Dicho texto –La República Tecnológica: poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente–, afirma que la carrera nuclear quedó obsoleta y que las nuevas armas de destrucción masiva serán, justamente, aquellas, a las que Estados Unidos debe llegar antes que sus rivales. Los dueños de las compañías de IA que prosperaron en ese país, añade, tienen el deber de ayudar en esa meta.

La República Tecnológica…, el manifiesto de los dueños tecnoextremistas de la inteligencia artificial.
«La cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre las ventajas de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional», señaló la propia Palantir en un resumen del libro publicado en abril en la red X.
«La era atómica está llegando a su fin. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar», postuló.
Un debate ausente en la Argentina
En ese contexto, cabe preguntarse si la Argentina –inadvertidamente en el debate público, pero no necesariamente en el privado– no está entrando en aguas procelosas.
Si las IA son las armas «nucleares» del siglo XXI, al convertirse en un eslabón de dicha competencia –en alineamiento con el interés de Estados Unidos–, el país podría convertirse en un objetivo –¿de Xi Jinping, de Vladímir Putin y de otros actores enfrentados a Washington?– para torsiones económico-financieras; ciberataques; espionaje de datos, y amenazas a una infraestructura frágil y mayormente desprotegida.
El súper-RIGI plantea desafíos que van mucho más allá de sus beneficios impositivos. Al hacer de la Argentina parte de una competencia que la excede largamente, saca al país de un estatus de neutralidad y lo mete en un juego geopolítico que excede largamente su interés nacional y su capacidad de respuesta.
