La Plaza de los Tres Poderes de la capital de Brasil. A la izquierda, la sede del Supremo Tribunal Federal; en el centro, el Congreso, y a la derecha, el palacio presidencial del Planalto.
Cómo vive la previa del balotaje la ciudad sacudida por el intento golpista de 2023. El miedo al otro de lulistas y bolsonaristas. Retrato de una vigilia tensa.
Brasilia (enviado especial) – Si esta ciudad representara el promedio de Brasil, habría que concluir, sin dudas, que Flávio Bolsonaro se convertirá el domingo en presidente electo. Pero eso no es así, del mismo modo en que ninguna ciudad expresa a este país enorme, diverso, continental y severamente agrietado.
Sin embargo, sentir el pulso del rechazo mayoritario de los brasilienses a Luiz Inácio Lula da Silva permite entender por qué ese hombre que cumplirá 81 años dos días después del balotaje es para algunos una leyenda y para otros, mala palabra. ¿Para una mayoría suficiente?
Quince encuestas dan arriba al hijo mayor de Jair Bolsonaro y sólo una a Lula. Sin embargo, todas ellas tienen un rasgo en común: una distancia que se acorta —los últimos sondeos arrojan una luz de diferencia de un punto, la nada misma— y que en estadística cae en lo que se denomina empate técnico. Y todavía con más de tres días de campaña por delante.

Fuente: Qaest y G1.
El movimiento urbano es todavía fuerte, pero el viernes esta ciudad se vaciará en buena medida porque mucha gente viajará a sus estados de origen para votar. Si eso es una costumbre, no lo es observar el modo en que esta campaña ha calado en el ánimo de una urbe —ya la tercera del país, con tres millones de habitantes— mayormente fría y casi no brasileña: no masivamente, pero sí llamativamente, algunos autos particulares circulan con banderas y afiches de las listas 13 y 22.
La gente aquí dice tener miedo. Unos, a que la izquierda gobierne cuatro años más, aliada de una Venezuela que siguen mentando aunque ya no exista. Otros, a que vuelva el «fascismo» y el golpismo. Sin embargo, por el momento, casi nadie teme hablar con un argentino desconocido.
Las quejas del team Flávio Bolsonaro
Para muchas personas en ese sector de la opinión, el costo de vida es demasiado elevado y los salarios, insuficientes. Las tasas de interés son efectivamente altas por cuenta de una enorme deuda pública en reales que resulta cada vez más pesado rollear y que impactan en el crédito de las familias y las empresas. Y los impuestos, como en todos lados, siempre son considerados excesivos tanto por quienes los pagan como por quienes los evaden.
Otras no se centran en lo económico, sino en un estado de putrefacción institucional que se respira en el aire húmedo que cubre la ciudad en esta época. «El gobierno es corrupto y la Justicia también es corrupta», sostienen, sin reparar en que la podredumbre no hace distinciones de ideología.
Las charlas permanentes elevan un monumento a las encuestadoras que en Brasil, en Argentina y en muchos otros lados dicen que las nuevas derechas son mayormente cosa de hombres de veintipico a treinta y pico. Asimismo, que campea entre los trabajadores de aplicaciones que, más que tal cosa, se autoperciben emprendedores. Entre estos hasta se encuentran quejas, ceños fruncidos y caras de desconfianza ante un parque automotor en el que las marcas chinas penetraron más y más velozmente que en Argentina, incluso con radicación de plantas para fabricar unidades que pronto se venderán en todo el Mercosur.
Esos ciudadanos tienen miedo: a «la izquierda» y al riesgo de una violencia que, al menos en el tiempo reciente, no fue precisamente generada por ese sector de la política.
La dispersión de las banderas del rechazo es tal, que cabe volver y volver sobre la idea de «irritación difusa» que patentó, allá por 2014 y en un contexto diferente —¿o no tan diferente?— la periodista Eliane Cantanhêde.
El votante bolsonarista blando expresa, ante todo, cansancio con una presencia protagónica por más de cuatro décadas en el país. «Lula ya lleva demasiado tiempo. ¿No sé qué cosa diferente puede ofrecer a esta altura», se escucha.
Bolsonaro, Javier Milei y el ajuste como plan
¿El clan Bolsonaro es «el cambio»? Para los lulistas no, y estos parecen tener más en mente el ejemplo de Javier Milei en Argentina que los propios simpatizantes de la extrema derecha. Para los primeros, todo lo que se le escucha al hijo de su padre es «narrativa» y el tesouraço que este promete —una versión tropical de la motosierra— será sinónimo de servicios públicos desfinanciados, recortes en programas sociales y políticas «para los ricos».

Javier Milei y Flávio Bolsonaro: tijeras en vez de motosierra.
Los votantes de Bolsonaro, por su parte, piensan que «el ajuste es el otro».
Los lulistas más o menos convencidos no perdonan el intento golpista de fines de 2022 y enero de 2023, que tuvo su manifestación más impresionante, pero no única, en el asalto del 8 de enero del segundo de esos años a las sedes de los tres poderes en esta cuidad. Temen que, si Bolsonaro llega al Palacio del Planalto, haya revanchismo y una suelta de presos condenados por esos hechos, desde Jair hasta sus lugartenientes de entonces, pasando por los casi 200 condenados que cumplen penas de prisión.
Del otro lado de la grieta, de modo algo sorprendente, se dice que «no hubo golpe».
El miedo, con todo, no es zonzo, y al revés de lo que ocurría tradicionalmente en esta ciudad en los fines de semana de elecciones, las autoridades analizan vallar la Plaza de los Tres Poderes para evitar el acceso del público.
El fantasma de la denuncia de fraude vuelve a recorrer Brasil
¿Podría haber violencia si el domingo a la noche el escrutinio diera ganador a Lula por poco margen?
El presidente ya dijo que reconocería cualquier resultado, pero fuentes oficiales consultadas por Letra P manifestaron preocupación por una narrativa de fraude que no estuvo presente en esta campaña hasta esta semana, levantada, tal vez no casualmente, por Milei y aludida, por ahora con suavidad, por Eduardo Bolsonaro, condenado por obstrucción de justicia y por sus tareas de lobby antibrasileño en Washington.
Para las fuentes consultadas, Milei suele actuar como una especie de vocero de Donald Trump y su tuit alusivo mereció un comunicado oficial de repudio.
«Las ofensas del Presidente de la República Argentina contra Brasil, dirigidas en esta ocasión al Poder Judicial y al sistema de voto electrónico, constituyen un nuevo e inaceptable intento de injerencia externa en el proceso democrático brasileño», dijo la nota oficial.
«El Presidente de la República Argentina reitera mentiras difundidas por aquellos que perdieron las elecciones y protagonizaron el fallido golpe militar hace cuatro años. Esta manifestación antidemocrática es inaceptable, desequilibrada y no se corresponde con la postura que debe mantener el jefe de Estado de un país amigo», añadió.
El clima espeso se percibe aún cuando es velado por el jeito afable de los locales. Brasil parece encerrado en un dilema. Si las encuestas dan arriba a Lula es porque están compradas por la izquierda, pero si encumbran a Bolsonaro, prueban una realidad indiscutible. Así, cualquier desenlace que desmienta ese presunto hecho sería la pistola humeante de la trampa.
Pareciera que el precio de la paz es que la izquierda pierda.
