Río de Janiero es un carnaval. Simpatizantes de Luiz Inácio Lula da Silva festejan el batacazo de la leyenda.
Venció por más de tres puntos al ultra Flávio Bolsonaro. La proeza de un viejo luchador. Javier Milei y Donald Trump, perdedores. Un freno a la Doctrina Donroe.
Brasilia (enviado especial) – A tono con una vida marcada por la lucha y la épica, Luiz Inácio Lula da Silva ganó este domingo de manera agónica el balotaje presidencial, extendió por cuatro años el predominio de la izquierda en Brasil y se hizo con condiciones para ponerles límites a las aspiraciones neocoloniales de Donald Trump en América Latina.
Para decepción del estadounidense y de Javier Milei, los grandes perdedores de la jornada, el líder histórico de la izquierda brasileña, latinoamericana e internacional se impuso con 51,76% de los votos contra 48,24% de Flávio Bolsonaro, una distancia de algo más de 4,3 millones de votos sobre un padrón de más de 158 millones de personas.
En contexto, una diferencia absurdamente pequeña. Cuando el resultado ya se insinuaba, al cierre de un escrutinio cambiante e infartante comenzaron a sonar bocinazos en las calles de esta ciudad y, según reflejaron los medios, en todas las grandes urbes de Brasil.
Al final, en todos lados se desataron inmensas manifestaciones de festejo. En el centro brasiliense, las imágenes y los sonidos expresaban tanto euforia como alivio. El sentimiento era uno solo: este país eludió el «fascismo», el golpismo y la hegemonía estadounidense por el futuro previsible.
El triunfo de Bolsonaro hijo en el primer turno, el sesgo derechista de los candidatos menores en esa instancia, la falta de precedentes sobre remontadas de este tipo, y la ventaja matemática que le daba la mayoría de las encuestas —dentro de los márgenes de error, por lo que no caben reproches terminales— hacían difícil de pensar este desenlace. La mayoría, salvo una: la de Vox, que ya había acertado en la primera vuelta.
¿Imposible? Para Lula no hay imposibles.
La fractura duradera de Brasil
Este éxito de alto impacto no oculta el hecho de que Brasil está literalmente partido en dos posturas no sólo diferentes, sino furiosamente antagónicas. Lo visto confirma lo que ya es una tendencia de larga data: cuatro años atrás, el propio líder del Partido de los Trabajadores (PT) había doblegado a Jair Bolsonaro por menos de dos puntos porcentuales.
Ratifica además, constantes que se imponen una y otra vez en la región: la polarización izquierda-derecha y el carácter extremadamente apretado de los resultados, como ya ocurrió este año en Perú y en Colombia.
¿Se dibuja un precedente para la Argentina de 2027? En ese sentido, la apuesta de la campaña de Lula para el segundo turno, muy volcada a atizar el temor al regreso al poder de una derecha extrema, golpista y ajustadora, resultó eficaz.
Sin embargo, gobernar Brasil por cuarta vez le resultará debido a esa división social, al predominio de las derechas en el Congreso y al relativo agotamiento de una receta económica que sigue garantizando crecimiento, pero que falla en cumplir la promesa del desarrollo y del salto cualitativo de la calidad de vida de las mayorías.
Los otros desafíos de Lula da Silva
Además, deberá poner algún orden en cuentas públicas que amenazan con desbordarse en medio de tantas promesas de campaña. Si no, se pondrá al mercado financiero de sombrero. La primera reacción fue hostil, con «fuertes variaciones negativas en el premarket, tanto en las acciones como en la cotización del real», informó Ámbito Fnanciero.
Este lunes, de hecho, cabe esperar una caída de las acciones y una suba del dólar frente al real. Resultará fundamental determinar en las próximas horas si el hijo de Jair Bolsonaro reconoce el resultado, tal como lo prometió, o ese sector vuelve a las andadas antisistema que se evidenciaron en el intento de golpe de mediados de 2022 a enero de 2023, que terminó en el asalto a las sedes de los tres poderes en esta ciudad.
Los Bolsonaro desconocen y amenazan con tempestades
Airado, en un breve discurso, Flávio Bolsonaro desconoció el resultado y anunció que lo impugnará.
La extrema derecha brasileña recuerda así cuál es su ADN, el que quedó expuesto por primera vez en el intento de golpe de mediados de 2022 a enero de 2023.
Su motivo de queja fue la decisión del juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Cristiano Zanin de extender el horario de votación en todo el país debido a un planteo del oficialismo, que aseguró que diversos municipios bolsonaristas, sobre todo en el estado de Bahía y la ciudad de San Pablo, no habían cumplido con la obligación de movilizar la totalidad de las flotas de colectivos. En San Pablo, por ejemplo, se estima que la trampa hizo que el 30% no haya salido de las terminales. Ante eso, el PT apeló al Supremo.
Bolsonaro hijo habló de «intromisión» del magistrado y calificó su decisión de «injustificable e inaceptable».
«Nunca vamos a saber si las urnas fueron reabiertas», denunció. «No voy a aceptar que se cambien las reglas en medio del partido», cerró antes de darse vuelta y retirarse.
Cabe señalar que, en paralelo a la presentación del PT, el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro también pidió una extensión en diversos estados, pero en su caso debido a las fuertes lluvias que cayeron en buena parte del país durante la jornada, complicando el acceso de los votantes. Ninguna de las dos agrupaciones había solicitado la extensión del horario en la totalidad del país.
La decisión del magistrado del STF fue ampliamente criticada como un exceso en sus facultades y como una vulneración de las potestades del Tribunal Superior Electoral (TSE), la autoridad competente en la contienda. Lo más grave fue que la orden, tomada justo sobre el horario original de cierre —las 17 horas—, llegó cuando muchas urnas ya habían sido cerradas. Abrirlas hubiese supuesto violar su código de seguridad. Finalmente, el STF aclaró que sólo permanecerían abiertas las urnas aún en funcionamiento.
De cualquier manera, no hay posibilidad de argumentar que lo que estas contenían era, al final, la voluntad soberana del pueblo brasileño.
La última hazaña de Lula da Silva
Con casi 81 años —los cumplirá este martes—, Lula se cargó al hombre una empresa que parecía imposible y que sólo no lo fue por su fuerza de voluntad, su carisma y su talento político. Con todo, deberá ahora administrar un país que se ha desordenado políticamente, avanzar en la generación de una sucesión que esté a la altura de su carisma y que, a la vez, sea capaz de presentar en una visión de futuro que él no terminó de expresar en la campaña.

Simpatizantes de Lula da Silva celebran en Río de Janeiro.
Al frustrar a la extrema derecha, Lula redujo además la posibilidad de que Jair Bolsonaro salga del arresto domiciliario que cumple por su intentona golpista. El Congreso podría tener número para una amnistía que lo beneficiara así como a sus secuaces y a casi 200 personas que aún cumplen condena, pero parece difícil que lo consiga con la izquierda ratificada en el poder.
En tanto, el indulto con el que se especulaba en caso de victoria de Flávio B. queda totalmente fuera de las posibilidades.
La derrota amarga de Javier Milei
El presidente argentino lamentará el resultado o callará sobre él. El hecho es que frena su pretensión de que casi todo el mapa de América del Sur quede pintado de ultra y, más, de arrogarse el mérito de semejante cosa.

Javier Milei, Flávio Bolsonaro y las tijeras para el ajuste que, juraba también el brasileño, iba a pagar la casta.
En el lulismo se descarta totalmente una retomada de la relación bilateral rota por los reiterados insultos del anarcocapitalista, y hay curiosidad por la posibilidad de que vuelva a agitar la fake news del «fraude», tal como hizo en un posteo en Twitter que hizo mucho ruido en el Palacio del Planalto. Este domingo, las tropas digitales del libertario ya hacían de las suyas.
¿Milei habló por sí mismo, desbocado como viene? ¿O actuó como vocero de Trump, a quien la justificación de una derrota en base al argumento de la trampa podría servirle para atemperar el palazo que teme en las midterms del martes 3 de noviembre?
Como sea, el Brasil de Lula se consolida como la gran barrera para la pretensión trumpista de terminar de convertir a América Latina en el «patio trasero» de los Estados Unidos, de desalojar de la región a China y de considerar como propios recursos naturales estratégicos que en verdad pertenecen a los países. Sin él y sin Brasil, no habría frenos al neocolonialismo de la Doctrina Donroe.
El año terrible de América Latina comenzó con un alivio y no es poco. El martes 3 tendrá una nueva y fundamental parada en las legislativas norteamericanas.
