Álvaro Uribe, será recibido esta tarde por Cristina Kirchner, parte de una gira que el presidente de Colombia emprendió por varios países de Sudamérica para explicar su plan de instalar tres bases militares estadounidenses en su país y de dar un salto cualitativo en la articulación entre las Fuerzas Armadas de ambas naciones.
Bogotá ha dicho que el tema será el terrorismo y el narcotráfico. Pero eso, en clave uribista, equivale a hablar de las FARC, a las que califican de “narcoguerrilla”, y de lo que se considera una alianza concreta entre ésta y los gobiernos de Venezuela y Ecuador.
No en vano recientemente Bogotá acusó a Correa de haber recibido fondos de la guerrilla para su campaña, lo que motivó una advertencia del ecuatoriano de que cualquier nueva incursión militar colombiana transfronteriza contra supuestos campamentos de las FARC será respondida en el plano bélico. En paralelo, Colombia aseguró que proyectiles antitanque venezolanos de fabricación sueca fueron decomisados a los rebeldes marxistas, lo que fue respondido por Caracas con el retiro de su embajador, con el congelamiento de las relaciones y con amenazas veladas. Así de delicada está la situación.
El acuerdo EE.UU.-Colombia aún no está sellado, pero está al caer. Consiste en la instalación de tres bases hasta 2019 con una dotación conjunta de 800 soldados y 600 contratistas estadounidenses (hoy hay emplazados sólo 300 efectivos), con un costo de u$s 5.000 millones.
Pero la cosa no queda allí. Según anunció ayer el general Freddy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares colombianas, aviones estadounidenses podrán usar además otras cuatro bases colombianas, lo que les permitirá de hecho controlar todo el territorio nacional.
Para el chavismo, todo el plan equivale a la instalación de una plataforma múltiple para una eventual invasión estadounidense a Venezuela.
Lo que convenció a Uribe de la necesidad de explicar sus propósitos a los gobiernos de la región fue una declaración extremadamente dura del canciller brasileño, Celso Amorim, contra la instalación de más militares estadounidenses en Colombia.
Una de las principales hipótesis de conflicto de las FF.AA. de Brasil pasa, justamente, por una eventual y siempre temida declaración de la Amazonia como Patrimonio de la Humanidad, lo que diluiría su soberanía sobre un territorio inmenso y de riquezas insospechables y permitiría, acaso con excusas medioambientales, que las grandes potencias pongan sus manos allí.
El mismo reflejo desconfiado se había activado cuando, sobre el final de la administración de George W. Bush, la Casa Blanca decidió la reactivación de la Cuarta Flota, algo presentado como parte de una campaña solidaria para dar atención médica a la población pobre del Caribe. Una explicación demasiado hilarante como para ser tomada en serio.
La Cancillería argentina se solidariza con la postura brasileña, pero no siendo el Amazonas una preocupación propia, añade como elemento en contra de la instalación de las bases el inevitable recrudecimiento de la tensión militar que provocará entre Colombia y Venezuela.
¿Y Barack Obama? No ha dado marcha atrás con la Cuarta Flota y acelera a fondo con las bases en Colombia. Acuciado por la realidad, y con Chávez enfrente, cada día despunta más claramente su verdadera impronta.
Bogotá ha dicho que el tema será el terrorismo y el narcotráfico. Pero eso, en clave uribista, equivale a hablar de las FARC, a las que califican de “narcoguerrilla”, y de lo que se considera una alianza concreta entre ésta y los gobiernos de Venezuela y Ecuador.
No en vano recientemente Bogotá acusó a Correa de haber recibido fondos de la guerrilla para su campaña, lo que motivó una advertencia del ecuatoriano de que cualquier nueva incursión militar colombiana transfronteriza contra supuestos campamentos de las FARC será respondida en el plano bélico. En paralelo, Colombia aseguró que proyectiles antitanque venezolanos de fabricación sueca fueron decomisados a los rebeldes marxistas, lo que fue respondido por Caracas con el retiro de su embajador, con el congelamiento de las relaciones y con amenazas veladas. Así de delicada está la situación.
El acuerdo EE.UU.-Colombia aún no está sellado, pero está al caer. Consiste en la instalación de tres bases hasta 2019 con una dotación conjunta de 800 soldados y 600 contratistas estadounidenses (hoy hay emplazados sólo 300 efectivos), con un costo de u$s 5.000 millones.
Pero la cosa no queda allí. Según anunció ayer el general Freddy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares colombianas, aviones estadounidenses podrán usar además otras cuatro bases colombianas, lo que les permitirá de hecho controlar todo el territorio nacional.
Para el chavismo, todo el plan equivale a la instalación de una plataforma múltiple para una eventual invasión estadounidense a Venezuela.
Lo que convenció a Uribe de la necesidad de explicar sus propósitos a los gobiernos de la región fue una declaración extremadamente dura del canciller brasileño, Celso Amorim, contra la instalación de más militares estadounidenses en Colombia.
Una de las principales hipótesis de conflicto de las FF.AA. de Brasil pasa, justamente, por una eventual y siempre temida declaración de la Amazonia como Patrimonio de la Humanidad, lo que diluiría su soberanía sobre un territorio inmenso y de riquezas insospechables y permitiría, acaso con excusas medioambientales, que las grandes potencias pongan sus manos allí.
El mismo reflejo desconfiado se había activado cuando, sobre el final de la administración de George W. Bush, la Casa Blanca decidió la reactivación de la Cuarta Flota, algo presentado como parte de una campaña solidaria para dar atención médica a la población pobre del Caribe. Una explicación demasiado hilarante como para ser tomada en serio.
La Cancillería argentina se solidariza con la postura brasileña, pero no siendo el Amazonas una preocupación propia, añade como elemento en contra de la instalación de las bases el inevitable recrudecimiento de la tensión militar que provocará entre Colombia y Venezuela.
¿Y Barack Obama? No ha dado marcha atrás con la Cuarta Flota y acelera a fondo con las bases en Colombia. Acuciado por la realidad, y con Chávez enfrente, cada día despunta más claramente su verdadera impronta.


En línea a la presente entrada es muy interesante y recomendable este video de Chomsky hablando del poder de EU sobre latinoamerica y sus vaivenes:http://www.youtube.com/watch?v=xjsBQKo2U3Y&feature=player_embedded