Ya está. El socialismo español consumó la obra que supera incluso todo lo hecho en materia laboral por la derecha. Bajo la atenta mirada de Celestino Corbacho, ministro de Trabajo e Inmigración (¡vaya suma de competencias!), se hizo con los votos necesarios (gracias a la abstención providencial del nacionalismo vasco moderado) para dar sanción a la reforma laboral, que, a tono con lo que reclamaba el Fondo Monetario Internacional, abarata el despido y busca reducir los empleos basura precarizando todo el universo de los contratos de trabajo.
Lo más saliente de la nueva legislación pasa por la reducción de las indemnizaciones por despido de los anteriores 45 días por año trabajado a sólo 20 si la empresa esgrime sufrir pérdidas (si no lo hace, los pagos serán de 33 días por año).
También, a modo de compensación, obliga a las empresas a efectivizar a los empleados temporales que hayan pasado más de tres años en la misma. Lo que habrá que ver es el efecto real de esto en un contexto de abaratamiento del despido y de un nivel de desempleo general del 20% (40% entre los jóvenes) y una temporalidad del 24,8% del total.
Todo esto por “consejo” del FMI y convicción de José Luis Rodríguez Zapatero, aun cuando las evidencias recabadas por el propio organismo internacional muestran a los países con mayor nivel de flexibilidad laboral como las principales víctimas de la actual crisis en el mundo desarrollado.
El próximo día 29 se unirán los sindicatos socialistas y comunistas en la primera huelga general. Habrá pasado el verano, las vacaciones y, se espera, el impacto será mayor.
Pero, probablemente, ya sea tarde. Las medidas de reforma laboral y ajuste parecen asumidas como cosa juzgada, algo imaginable cuando el mayor temor de la gente pasa por la posibilidad de perder el empleo. El desempleo, como dijimos alguna vez, es la gran correa de transmisión a toda la economía del recorte inicial de los salarios en el Estado.
Cuando, dentro de un buen tiempo, pase el vendaval, España seguirá siendo un país rico. Sólo que los billetes los contarán muchas menos personas.
Lo más saliente de la nueva legislación pasa por la reducción de las indemnizaciones por despido de los anteriores 45 días por año trabajado a sólo 20 si la empresa esgrime sufrir pérdidas (si no lo hace, los pagos serán de 33 días por año).
También, a modo de compensación, obliga a las empresas a efectivizar a los empleados temporales que hayan pasado más de tres años en la misma. Lo que habrá que ver es el efecto real de esto en un contexto de abaratamiento del despido y de un nivel de desempleo general del 20% (40% entre los jóvenes) y una temporalidad del 24,8% del total.
Todo esto por “consejo” del FMI y convicción de José Luis Rodríguez Zapatero, aun cuando las evidencias recabadas por el propio organismo internacional muestran a los países con mayor nivel de flexibilidad laboral como las principales víctimas de la actual crisis en el mundo desarrollado.
El próximo día 29 se unirán los sindicatos socialistas y comunistas en la primera huelga general. Habrá pasado el verano, las vacaciones y, se espera, el impacto será mayor.
Pero, probablemente, ya sea tarde. Las medidas de reforma laboral y ajuste parecen asumidas como cosa juzgada, algo imaginable cuando el mayor temor de la gente pasa por la posibilidad de perder el empleo. El desempleo, como dijimos alguna vez, es la gran correa de transmisión a toda la economía del recorte inicial de los salarios en el Estado.
Cuando, dentro de un buen tiempo, pase el vendaval, España seguirá siendo un país rico. Sólo que los billetes los contarán muchas menos personas.

