El banquero Daniel Vorcaro y el juez de la corte de Brasil Alexandre de Moraes: relaciones pelligrosas.
Crónica de un megaescándalo que sacude la campaña para las elecciones presidenciales que comenzarán a marcar el pulso de la región. Hay empate: todos pierden.
Justo cuando las encuestas de intención de voto para las elecciones presidenciales de Brasil arrojan un empate técnico entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, el estallido de un escándalo institucional sin precedentes pone todo el proceso patas para arriba y vuelve impredecible su desenlace.
El caso, enésima erupción de un Estado de corrupción ya imposible de minimizar, tiene como protagonistas a un banquero preso por fraude, Daniel Vorcaro; al juez más poderoso del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, y a la esposa del magistrado.
El sainete amenaza con ramificarse por todo el sistema institucional e impactar en el resultado de unos comicios en los que se juega tanto: que Brasil siga gobernada por la izquierda o regrese a la extrema derecha, que Donald Trump encuentre allí un aliado decisivo, el rumbo político de una región acechada por el coloniaje y hasta el lugar que encontrará Javier Milei en la política hemisférica.
Desventuras del azote de los Bolsonaro
Una investigación de la Policía Federal (PF, un organismo poderoso que goza de amplia autonomía operativa en Brasil) acaba de tomar estado público y coloca a De Moraes, la bestia negra del bolsonarismo, en el centro de una trama de corrupción de alto impacto.
Se trata del mismo magistrado al que Milei llamó «basura calva» en el discurso que pronunció a fines de julio en Brasil, en el lanzamiento formal de la campaña de Bolsonaro hijo.
En medio de insultos que precipitaron la virtual ruptura de la relación bilateral, el Presidente le reprochó al magistrado haberle prohibido visitar a Jair Bolsonaro en el domicilio donde el exmandatario cumple una condena de 27 años y tres meses de prisión, así como inhabilitación electoral por ocho años, por el intento de golpe de enero de 2023.
El instructor de ese caso en el STF había sido, justamente, De Moraes, quien se erigió en una suerte de guardián de la institucionalidad por su rol en esa causa y en otras que apuntaron contra la extrema derecha, como una sobre la difusión de fake news desde una trolera paraestatal durante el gobierno del excapitán.
La investigación se centró en el celular de quien fuera dueño del liquidado Banco Master, lleno de notas y de mensajes de WhatsApp y de texto que se borraban ni bien eran enviados, pero que pudieron ser recuperados. En la misma no hay constancia de las respuestas de De Moraes, pero sí infinidad de indicios sobre un vínculo estrecho y opaco entre ambos.
Un teléfono que es una bomba
Fue todo un hallazgo el texto de un contrato por el que Vorcaro se comprometía a pagarle «honorarios» por tres millones de reales durante 36 meses –un total de 21 millones de dólares al cambio actual– al estudio de abogados de la esposa del magistrado, Viviane Barci de Moraes.

Viviane Barci y Alexandre de Moraes (foto: Ricardo Stuckert).
De las pruebas surge que Vorcaro exigía a sus colaboradores que jamás se atrasaran con lo que calificaba como «los pagos más importantes» y los conminaba a efectuarlos «sin factura, del modo que sea».
Metadatos hallados en su teléfono indican que el texto fue editado en 2024 desde un perfil de Office vinculado a Alexandre de Moraes.

O Estado de S. Paulo obtuvo la minuta del contrato entre Daniel Vorcaro y el estudio de Viviane Barci de Moraes, al parecer editado por el marido de esta, el juez Alexandre de Moraes.
Por otro lado, el banquero multiprocesado también puso a disposición de Barci de Moraes Sociedade de Advogados un avión, un helicóptero y hasta dos tarjetas corporativas a nombre de los hijos de la pareja, Giuliana y Alexandre, con un límite de gastos equivalente a 58.000 dólares mensuales.
La saga no se limita a una relación simplemente impropia entre el juez más poderoso del país y un empresario que «aceitó» a buena parte del sistema institucional, sin distinción de ideologías.
La relación entre ambos quedó expuesta en decenas de mensajes de texto que aluden a, al menos, ocho reuniones presenciales. En la penúltima, un ya acorralado Vorcaro le preguntaba a De Moraes si creía que «para el lunes» ya tenía «que estar afuera» de Brasil. La última corresponde al día previo a su última detención.
«Tengo con vos la gratitud por mi vida», le dijo en otro texto.
¿Hacia una crisis institucional?
El Banco Central de Brasil liquidó el Master y Vorcaro fue detenido, de modo por ahora definitivo, en marzo por presuntas maniobras de obstrucción a la Justicia.

Daniel Vorcaro, detenido.
El caso, producto de una operación llamada Compliance Zero, consistía en la generación de carteras de inversión compuestas por activos tóxicos, pero que eran presentados como de alta calidad.
Las relaciones del empresario le permitieron empapelar con los mismos a diversas instituciones públicas, como el Banco de Brasilia, las que pagaban por lo que no valía nada y, en verdad, iba a convertirse pronto en un pasivo irrecuperable.
A través de ese mecanismo, Vorcaro también consiguió para el Banco Master casi 11.000 millones de dólares del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS, la ANSES brasileña), lo que delinea el fraude como el mayor jamás registrado en la historia financiera del país.
La cantidad y el nivel de los vínculos del banquero llevan a no pocos analistas a hablar de un escándalo potencialmente más vasto que el Petrolão, el que motivó la operación Lava Jato, y de un posible colapso institucional.
Los principales medios de Brasil publicaron este miércoles editoriales indignados, en los que exigieron la renuncia de De Moraes.
Folha de S. Paulo, por ejemplo, indicó que «las revelaciones escandalosas de la Policía Federal terminan con las dudas sobre la incompatibilidad de la presencia del ministro en la corte».
O Globo sentenció que «o el Supremo es ágil sobre De Moraes, o lo será el Senado».
En tanto, O Estado de S. Paulo calificó la permanencia del magistrado en el alto tribunal como «insostenible».
Supremo compromiso
Los procesos instruidos por De Moraes y sus votaciones en el STF quedan ahora bajo escrutinio y habrá que ver hasta qué punto podrían ser objeto de revisiones o nulidades. Atento a eso, el senador y presidenciable Flávio Bolsonaro no sólo exigió la salida del juez, sino que ya activó pedidos de impeachment en el Congreso.
Será la primera vez en la historia que el Supremo deberá juzgar a uno de sus miembros y no parece que tenga demasiado margen para repartir impunidades.
El titular del cuerpo, Edson Fachin, habló este miércoles, en su primer pronunciamiento sobre el escándalo, de «un momento de especial gravedad». «La elevada autoridad del cargo no confiere privilegios, sino que impone deberes, límites y responsabilidades que deben ser observados con absoluto respeto a la Constitución y a las leyes», añadió.
«En los próximos días, concluido el análisis de los hechos y los procedimientos institucionales pertinentes, esta presidencia anunciará, en el tiempo debido y sin precipitación, las medidas que quepan y sean necesarias», prometió. La prensa le exige que se apure.
El hombre radiactivo
En su última declaración ante la Policía Federal, Vorcaro se declaró dispuesto a «decir mucho más», lo que fue interpretado como una voluntad de convertirse en arrepentido y de apretar el botón nuclear, dijo CNN Brasil.
La posible delación premiada de Vorcaro será gestionada por el juez que instruye el caso del Banco Master, nada menos que André Mendonça.

André Mendonça y Alexandre de Moraes: enemigos íntimos (foto: Gustavo Moreno, STF).
Este magistrado fue contactado en su momento por el banquero y llegó a reunirse con él, pero su actuación como instructor del caso y su récord de votaciones lo pondría a salvo de sospechas.
De hecho, para no quedar enlodado, fue él quien determinó el levantamiento de la investigación de la PF que involucra a su colega De Moraes, lo que cayó como una bomba en el Supremo y en la propia institución policial.
Lo peculiar es que Mendonça llegó al Supremo en 2021 a propuesta del entonces presidente, Jair Bolsonaro.
¿Quién gana? ¿Alguien gana?
En principio, la previsible caída en desgracia de De Moraes es maná para el clan Bolsonaro a apenas un mes de la apertura de las urnas. Las andanzas del magistrado hacen plausible cualquier acusación de parcialidad y abusos procesales.

Eduardo, Jair, Flávio y Carlos Bolsonaro: el clan dominante de la extrema derecha brasileña.
Eso no obsta que el intento de golpe de Estado es evidente.
El complot comenzó con la difusión organizada de fake news sobre un fraude con las urnas electrónicas en los comicios de fines de 2022, red de la que participó el estratega mileísta de la campaña de 2023 Fernando Cerimedo, quien fue acusado por la PF, pero desvinculado por la Justicia por falta de pruebas, y que ahora está detenido en Bolivia por presunto intento de femicidio y fraude.
Continuó con manifestaciones estimuladas por el bolsonarismo frente a los cuarteles para estimular una asonada que impidiera la tercera asunción de Lula el 1 de enero de 2023 y, al no obtener el resultado esperado, terminó una semana después con el asalto de una turba a las sedes de los tres poderes en Brasilia, copia fiel del copamiento del Capitolio de dos años antes.
El problema para los Bolsonaro es que no les conviene tirar demasiado de la cuerda de Vorcaro. Meses atrás, el presidenciable de la familia se vio involucrado en un escándalo por presunta financiación ilegal al comprobarse que el empresario había aportado 12,7 millones de dólares para el rodaje de una película biográfica sobre papá Jair, Dark Horse, la que no salió de la etapa de preproducción y que es investigada como una simple tapadera para un aporte en negro de campaña.
Lula, en tanto, ha recibido de sus estrategas el consejo de que patee la pelota del caso lo más lejos posible y que no deje de vincular a Vorcaro con su rival.

El presidente también está apremiado. Por un lado, por el rol de De Moraes contra la extrema derecha, que lo instaló en la opinión pública como un juez aliado del líder del Partido de los Trabajadores. Por el otro, porque su hijo Fabio Luis, «Lulinha», es investigado en el marco de presuntos fraudes contra el INSS. ¿Habrá un cable con Vorcaro, acaso?

Fabio Luis Lula da Silva.
En entrevistas recientes, jefe de Estado no se esforzó por defenderlo y señaló que «cualquier persona deberá pagar por errores que pudo haber cometido».
«Bastidores: Lula conversa con Fachin y muestra preocupación por la gravedad de la crisis en el Supremo», tituló O Estado.
Antes del estallido de esta bomba, las encuestas arrojaban un empate técnico entre Lula y Bolsonaro, separados, en ese orden, por apenas un punto en casi todas para el balotaje del 25 de octubre.
Sin embargo, en los escenarios para el primer turno del 4 del mes que viene, comenzaban a registrar un fenómeno extraño: el crecimiento brusco, hasta una intención del 10 al 11%, del outsider Augusto Cury, un psiquiatra que defiende una suerte de avenida del medio y que habla de salud mental y otros temas de interés social.
¿La indiferencia –o el rechazo a la política– también se prepara en Brasil para intentar el salto al poder?
