Javier Milei, con la economía llena de preguntas.
Dos trimestres de caída de la actividad. Gradualismo del deterioro y pronóstico de un año chivo. Reelección: ¿misión imposible? Tu presupuesto es un dibujo.
Toto Caputo presentó el proyecto de Presupuesto 2027 que debe ser entendido como la expresión de deseos de una economía mínimamente funcional al intento de reelección de Javier Milei. No sobrará nada, ya que la propia lógica del plan oficial, basado en un ajuste que el Gobierno promete perpetuar, le hace dar hoy a la actividad, en los hechos, el paso triste de la estanflación –estancamiento con alta inflación– a una recesión hecha y derecha, preelectoralmente inoportuna.
La instalación de hecho de una recesión es la gran novedad del momento, más allá de los 15 días que restan para la culminación del tercer trimestre –período que la consagraría– y del rezago de las estadísticas.
La pregunta se impone: ¿es esta una economía apta para reelecciones?
Tu presupuesto es un dibujo
Los dibujos presupuestarios no son un invento del presidente y del ministro de Economía actuales. Al revés, son un clásico de la política nacional.

Toto Caputo y Javier Milei.
Que el texto dé cuenta de una inflación esperada del 18% sugiere que la prometida victoria total en esa materia será una asignatura pendiente del Milei 1.0.
Además, que el IPC caiga más de diez puntos entre este año y el que viene parece una meta ambiciosa para un año electoral, en el que las chances de un peronismo eventualmente reorganizado y favorecido por el malestar social podrían ponerles ruido fuerte al dólar y al riesgo país.
Advertencias similares podrían levantarse ante la previsión de un crecimiento del PBI del 4%, cuya mayor condición de posibilidad será la modesta base de cálculo que dejará 2026. Por otro lado, como el Gobierno se ata al mástil del superávit fiscal a como dé lugar, la languidez de la actividad esperable para los próximos meses podría obligar –merma de la recaudación mediante– a nuevas rondas de ajuste del gasto, a esta altura muy nocivas para la vida humana.
El propio jefe del Palacio de Hacienda advirtió ya en mayo que el mantenimiento de ese superávit –en buena medida maquillado– iba a requerir mejoras de la percepción de impuestos –sobre todo, crecimiento– ante la dificultad de seguir usando motosierra y licuadora. No por nada la Comisión Nacional de Valores (CNV) decidió cancelar una operatoria que permitía a las pymes eludir el «impuesto al cheque».

Dado que el buzo con el que habla Milei no ha comido legumbres, ese objetivo parece complicarse. Por eso el mismo Caputo que le envió aquel mensaje a su jefe debió recortar el gasto devengado un severo 10,3% el mes pasado.
Con este modelo no funciona ni su piedra fundamental, el ancla fiscal.
De la estanflación a la recesión
¿Es posible que la actividad pase de una recesión –moderada y acaso momentánea, pero recesión al fin– a un rebote fuerte en el año electoral? Vayamos por partes.
Dado que la recesión se define como la sucesión de dos trimestres consecutivos de caída de la actividad, hay que ir a los números.
De acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE, anticipo de los datos de PBI del INDEC), el segundo trimestre fue para atrás: -1,6% en abril, -0,6% en mayo y +0,8% en junio. Todo, claro, en relación con el mes precedente y desestacionalizado.

El calendario todavía debe dos semanas de septiembre para que termine el tercer trimestre y la llegada de las estadísticas demorará aun más. Sin embargo, en los hechos, la recesión ya está instalada y solo falta ponerle nombre oficial y cifras.
Ricardo Delgado, presidente de Analytica Consultora, le dijo a Letra E: «Julio nos dio una caída de 1,1% y temo que nos vayamos a quedar cortos. Y los datos de agosto también dan feo».

Fuente: Analytica Consultora.
Septiembre, según el especialista, no cambia el panorama.
Aunque el Presidente y su ministro se aferran a la narrativa falaz de un consumo robusto, semejante criatura no tiene huevo del que nacer: los ingresos caen y el empleo sigue dando señales lamentables.

«Estamos pasando de una estanflación a una recesión moderada», resumió Delgado.
La economía está prácticamente estancada desde febrero, lo que surge de los propios datos del EMAE. Es la gallina que no levanta vuelo.
«Una lenta implosión»
Otro especialista, el exviceministro de Economía Fernando Morra, le dijo a este medio que «estamos viviendo un proceso de estanflación y, técnicamente, puede darse una recesión en el tercer trimestre. Hay chances de que eso ocurra, aunque no hay sensación de una economía que se destruye».
Delgado detecta lo mismo. «Estamos en una suerte de lenta implosión. No es una contracción brusca, sino una economía que se achica progresivamente. Se trata de un problema innecesariamente provocado, que encima se produce cuando el país tiene, por lejos, los mejores términos de intercambio de los últimos años, sobre todo en el agro y el petróleo», explicó.
Cuestión de lentes
También consultada por Letra E, la economista jefa de Epyca Consultores, Florencia Fiorentin, optó por mirar la película interanual y, a través de esa lente, antes que hablar de estancamiento, hacerlo de «cierta desaceleración del nivel de actividad [porque] el EMAE había dado [un crecimiento] acumulado del 2,3% en marzo y bajó a 1,9% en junio».
«No obstante –continuó–, el promedio del EMAE prácticamente no representa la realidad de ningún sector: minería está creciendo casi seis veces por encima del promedio, y agricultura y ganadería casi el doble, mientras que la industria manufacturera, la construcción y el comercio están bastante por debajo«.
Entre los sectores ganadores del modelo cabría añadir, desde ya, la extracción de hidrocarburos de Vaca Muerta, la pesca y la intermediación financiera. No mucho más.

«Todo esto se refleja claramente en el nivel de empleo, con destrucción de puestos de trabajo formales, y en la caída del consumo por menor masa salarial, lo cual se retroalimenta de manera negativa porque baja la demanda y, con eso, la actividad», cerró Fiorentin.
¿Hacia un rebote ganador?
Pensando ya en la previa electoral, Morra prevé «un estancamiento largo», salvo que algún evento como una disparada del dólar o un rebrote de la inflación agrave el escenario.
«El Gobierno está preocupado. No anunció un ‘plan platita’, que sería algo fuera de su lógica, pero sí algunas medidas expansivas», añadió en referencia a los préstamos hipotecarios apalancados en fondos de la ANSES, a la flexibilización de los créditos en dólares a empresas no exportadoras y a la concesión de obras viales anunciada por Caputo.
Sin embargo, «eso no alcanza: no veo una economía que se reactive para el año que viene», concluyó.
¿De dónde sale, entonces, ese optimismo de la voluntad del crecimiento del 4% previsto en el Presupuesto 2027?

Para responder ese interrogante, es útil recordar qué hizo la realidad con el Presupuesto 2026.
El proyecto establecía una inflación del 10,1% para todo el año, pero el INDEC ya indicó en agosto una –aun subestimada– del 21% sólo en los ocho primeros meses.
En tanto, el crecimiento previsto del 5% no llegaría ni al 2% –Analytica proyecta 1,8%–, explicable prácticamente en su totalidad por el arrastre estadístico de 2025.
Los rigores de lo que viene
La realidad se acercará algo más o se alejará de los objetivos presupuestados conforme los indicadores financieros se mantengan o no bajo control.
Por un lado, el riesgo país podría evolucionar al alza si quien sea el candidato presidencial del peronismo diga lo que piensa todo ese sector sobre las posibilidades de repago de la deuda pública en sus condiciones actuales. Sin una baja muy sensible de ese indicador, el Gobierno seguirá excluido del mercado internacional –y obligado a pagar vencimientos con ahorro–, mientras que las compañías que hoy acceden a él podrían verse comprometidas.
Por el otro, es esperable que la demanda privada de dólares arrecie en un contexto de campaña, algo que el Gobierno podría contener, aunque no sin esfuerzos ni costos.
El proyecto de Presupuesto prevé un tipo de cambio de 1847,6 pesos para diciembre del año próximo, compatible con una cotización que se seguiría atrasando frente a la inflación proyectada.
A favor de que el Gobierno consiga sentarse sobre el billete verde jugará la mejora reciente de la posición de reservas del Banco Central, exportaciones que bien podrían trepar –como dice el texto del Presupuesto– a 130.000 millones de dólares y un superávit comercial que se planea en 15.000 millones.

También, en un caso extremo, Milei podría contar con que Donald Trump y Scott Bessent volvieran a sacarle las papas del fuego, como antes de las legislativas del año pasado, a no ser que las midterms de noviembre engendren un trumpismo debilitado y simplemente defensivo o que las aventuras bélicas del propio republicano y la crisis de la inteligencia artificial deriven en una tormenta perfecta… justo en el peor momento.
