Alexandre Peres Teixeira, capitán de Mar y Guerra (retirado) de la Infantería de Marina de Brasil: «Lula da Silva es un oportunista».

Alexandre Peres es un capitán de navío retirado muy influyente por su actividad académica. El Presidente y Bolsonaro, El Acertijo y el Pingüino. ¿Drones en Río?

BRASILIA (enviado especial) «En la elección del domingo va a estar en juego la visión del Estado brasileño, porque la del actual gobierno no es de Estado. (Luiz Inácio) Lula da Silva no tiene una visión de estadista, sino una más comprometida con la ideología. Muchas cosas que pasaron en estos casi cuatro años tienen que ver más bien con lo que piensan el presidente y su grupo ideológico».

Quien habla es Alexandre Peres Teixeira, capitán de Mar y Guerra de la Infantería de Marina brasileña en retiro —equivalente a capitán de navío en Argentina—, además de doctor y profesor de Derecho Internacional. En la Escuela Nacional de Formación y Perfeccionamiento de Magistrados de la Justicia Militar de la Unión (ENAJUM) , donde acudió Letra P para entrevistarlo, forma a los futuros cuadros de la Justicia militar de este país.

Según se dice, llamado a cumplir un rol de importancia en un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro, es interesante pensar cuáles de sus puntos de vista expresan hoy las posturas promedio de las Fuerzas Armadas, que con Jair Bolsonaro al frente del país experimentaron un intenso y controvertido proceso de politización. Este enviado le preguntó sobre eso. La respuesta, que aparece más abajo, hace más interesante el diálogo.

Las relaciones internacionales de Brasil

—Cuando habla de una «visión de Estado», entiendo que se refiere a las alianzas internacionales de Brasil. ¿Podría ser más específico?

—El gobierno no tiene una buena relación con Estados Unidos, por ejemplo, ni con Israel. En cambio, principalmente en las Fuerzas Armadas tenemos relaciones muy buenas con esos países, con Estados Unidos desde hace 200 años. A nivel de equipamiento, gran parte proviene de Israel y de Estados Unidos. En cambio, el grupo ideológico del presidente Lula está lejos de lo que piensa la sociedad brasileña y tiene relación con otros otros países, por ejemplo con Venezuela e Irán.

—Pero, con Nicolás Maduro preso en Estados Unidos, la Venezuela que conocimos ya no existe.

—Mire: hace mucho, yo milité por Lula. Antes de su primer gobierno, en 2002, yo era joven y salí a las calles. Pero pienso que él se extravió intentando agradarle a un sector político.

—¿Dónde coloca a China en ese grupo de alianzas del actual gobierno?

—China es un aliado muy fuerte.

Luiz Inácio Lula da Silva y Xi Jinping.

Luiz Inácio Lula da Silva y Xi Jinping.

—¿Y usted considera que eso resulta antinatural para Brasil o, más específicamente, para el interés de las Fuerzas Armadas?

—Lo es para el interés de la sociedad brasileña, sí. Las Fuerzas Armadas intentan ser neutrales en esas relaciones de poder, de política y de ideología. Nosotros no tenemos relaciones militares con China; sólo algunas veces ellos vienen acá a hacer cooperaciones muy rápidas, no les compramos ningún material.

Un Brasil de Flávio Bolsonaro

—¿Cree que con Flávio Bolsonaro habría condiciones para que la política exterior pasara a ser una política de Estado, no ideológica, como propone?

—Pienso que sí, aunque no soy un defensor total de los Bolsonaro. Estoy hasta un poco triste. Por hacer una figura, me siento como si viviera en Ciudad Gótica, como si Batman hubiera muerto y tuviéramos que elegir entre El Acertijo y el Pingüino para salvar la ciudad. Sin embargo, sabemos lo que Lula ha hecho y lo que está haciendo ahora. Está gastando mucho dinero, dinero que no tiene, sin responsabilidad por la cuestión fiscal y sin visión de futuro. En términos de geoestrategia, Lula es un oportunista. Cuando cuando tuvo el problema con (Donald) Trump [N. del R.: por los aranceles punitivos y otras sanciones] dijo que era una pena que Brasil haya abandonado el proyecto nuclear porque habría sido bueno tener la bomba. Igual creo que esa visión es correcta, que ni Brasil ni Argentina debieron abandonar sus programas nucleares militares, lo que nos habría dado en esta región una relación más tranquila con el mundo.

—¿Cómo evalúa el proceso electoral que va a terminar el domingo?

—Si hubiera algún problema o si las urnas (electrónicas) sufrieran algún fraude… Porque todas las encuestas dicen que Flavio está cuatro o cinco puntos arriba…

—Perdón, pero prácticamente todas lo dan arriba por dos puntos o incluso menos, dentro de los márgenes de error…

—Algunas, otras dan más. Pero vea: ya la derrota de Bolsonaro en 2022 fue algo oscura porque él tenía casi unanimidad. Acá cerca, en un cuartel del Ejército, hubo una manifestación de dos millones de personas.

El intento de golpe contra Lula da Silva

—¿No considera que lo que ocurrió entre mediados de 2022 y enero de 2023 fue un intento de golpe de Estado?

—¿De Bolsonaro? No, no fue un intento de golpe. Hablemos como si no fuésemos profesionales de inteligencia. Había en Brasil una sola persona capaz de pelearle la elección a Bolsonaro y, quizás, ganarle. ¿Quién? Lula. El Supremo sacó a Lula de prisión por cuestiones formales que en Brasil son problemas mínimos, porque recordemos que él fue condenado en primera, segunda y tercera instancia, y en todas ellas se pudo defender. Entonces, el Supremo lo sacó de la cárcel para que compitiera con Bolsonaro. Entonces me hago preguntas, incluso cuando no me gusta Jair Bolsonaro.

—¿Por qué no le gusta?

—Porque me parece un Lula de la derecha, una persona extrema. Tiene un sesgo… no voy a hablar de fascismo, pero tiene un sesgo radical muy grande. Un sesgo antidemocrático. Flávio no, él es diferente. Es más moderado.

—Usted niega que haya habido un intento de golpe, pero el brigadier Carlos de Almeida Baptista Junior, comandante de la Fuerza Aérea Brasileña en el gobierno de Bolsonaro, publicó un libro, ¡Yo dije no! Una trinchera antigolpista, en el que denuncia justamente eso.

—Eso es una gran mentira, no hubo golpe. Por otro lado, las Fuerzas Armadas jamás apoyarían algo así. Lo que él llama golpe es un documento que se preparó para implantar un estado de emergencia debido a la injerencia del Supremo Tribunal Federal (STF) en una elección democrática.

—Bueno, parece algo delicado en lo institucional: un poder actuando contra otro en función de decisiones que, gusten o no, hacen a sus competencias.

—Pero la de 2022 no fue una elección justa. En su gobierno, Bolsonaro cometió el error de decir que transformaría el STF en una corte solamente constitucional. La Constitución de 1988 le dio al Supremo un poder muy fuerte y al poder político, la posibilidad de elegir a sus miembros de acuerdo con las simpatías del presidente de turno. Bolsonaro es un poeta: si hablara menos, tendría menos problemas.

—¿Cómo evalúa el involucramiento que tuvieron las Fuerzas Armadas en el gobierno de Bolsonaro, al que aportaron, entre militares en actividad y retirados, más de seis mil funcionarios de diversos niveles, incluso los más altos?

—Para las Fuerzas Armadas eso no fue bueno.

El expresidente Jair Bolsonaro encarnó el proyecto de las Fuerzas Armadas en Brasil.

El expresidente Jair Bolsonaro encarnó el proyecto de las Fuerzas Armadas en Brasil.

¿Cree que esa situación podría repetirse en un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro?

—No, los Bolsonaro ya aprendieron la lección. Involucraron demasiado a los militares en algo para lo que no están hechos. Si un militar quiere ser político, tiene que pedir el retiro, afiliarse a un partido y presentarse a elecciones. Ese involucramiento, incluso, fue lo que generó toda esa cuestión del golpe.

—En el entorno de Flávio Bolsonaro se habla de «reconstruir» la relación con Estados Unidos, pero sin que eso signifique un alineamiento automático. ¿Es posible con un tipo de liderazgo como el de Trump?

—Con Bolsonaro y Trump tendríamos la posibilidad de volver a una política exterior de larga data. Por un lado, es claro que Estados Unidos genera situaciones para que sus empresas tengan prioridad en las negociaciones. Además, el gran problema es que con el gobierno de Lula, China está muy cerca de poner en marcha relaciones comerciales incluso con las Fuerzas Armadas. Más importante es que Trump rechaza la cercanía de las bandas criminales con el gobierno. Me refiero al PCC [Primer Comando de la Capital, de origen en San Pablo], que opera con una visión más empresarial, y al Comando Vermelho [de Río de Janeiro], que es más territorial. Eso ya no es simplemente un problema de seguridad porque esos grupos controlan áreas, tienen influencia política en ellas, imponen un régimen de miedo… El PCC ya es una franquicia mundial, con presencia en más de 30 países.

Postales de guerra en Río de Janeiro durante el enfrentamiento de las fuerzas de seguridad con el Comando Vermelho, en octubre de 2025.

Postales de guerra en Río de Janeiro durante el enfrentamiento de las fuerzas de seguridad con el Comando Vermelho, en octubre de 2025.

—¿El Escudo de las Américas sería una respuesta adecuada para ese fenómeno? ¿No implicaría la militarización de esa cuestión a nivel continental?

—El Escudo de las Américas es una iniciativa para responderles a esos grupos criminales tanto aquí, en Brasil, como en México. Sería muy positivo. Además, pienso que si Lula gana el domingo y no adhiere al Escudo, vamos a ver acciones de fuerza en territorio brasileño. No tengo dudas.

—¿De qué tipo serían?

—Con drones. Pienso que puede haber un ataque con drones en la Amazonia por parte de Estados Unidos. Y tal vez en Río de Janeiro. Es mejor cooperar y dejar la ideología de lado, porque no cooperar puede significar una señal de que nosotros aceptamos la forma en que esas esas facciones operan dentro del país.

—Volvamos a la cuestión de las relaciones de los grupos mafiosos con la política. ¿Qué opinión o conocimiento tiene de las acusaciones que se le hacen a Flávio Bolsonaro de relación con las milicias paramilitares?

—Sí. Flávio tiene algunas cuestiones pasadas porque en su oficina trabajaba un policía militar que pertenecía a las milicias, pero no pienso por eso que Flavio pertenezca a las milicias. Por otro lado, en el gobierno se ha recibido a la esposa de un líder del Comando Vermelho [N. del R.: Luciane Barbosa Farias, la «Dama do Tráfico», casada con Clemilson dos Santos Farias, alias «Tio Patinhas» y señalado como uno de los líderes del grupo en el estado de Amazonas. En marzo y mayo de 2023, la mujer acudió al Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, entonces conducido por quien es hoy jefe del Supremo Flávio Dino, pero solo conversó con funcionarios de bajo nivel]. Sin embargo, tampoco pienso por eso que Lula sea del Comando Vermelho. Sí, que hay algunas relaciones del entorno de gobierno y del poder público con las bandas criminales, inclusive en el Supremo.

—¿En qué medida cree que su análisis de situación representa la opinión promedio en las Fuerzas Armadas de Brasil?

—Yo expresé mi visión, pero en términos estratégicos, creo que sí, que las Fuerzas Armadas desean una mejor relación con Estados Unidos, con Argentina, con Israel.

(Nota publicada en Letra P).