Luiz Inácio Lula da Silva, el domingo a la noche, reelecto presidente de Brasil.

Los mercados, el centroderecha político, el Poder Judicial y hasta los aliados de Flavio Bolsonaro se preparan para el gobierno 4.0 del PT. Adiós al pedido de anulación.

Las brutales caídas de las acciones y del real este lunes en los mercados financieros fueron solamente unas de las expresiones de un Círculo Rojo de Brasil que, con el diario del lunes, recalcula sus opciones a toda prisa después del impacto, sorpresivo para algunos, del triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en el segundo turno presidencial del domingo.

Los inversores más fuertes del parqué paulista interpretaron mal las encuestas y confundieron deseos con realidades. Si bien la abrumadora mayoría de los sondeos adjudicaba una ventaja matemática a Flávio Bolsonaro, en todos los casos la misma caía dentro de los márgenes de error muestral. En la primera vuelta la misma subestimación de la intención de voto ser había dado en perjuicio de opositor.

El mercado, comprado y en offside

Sin embargo, esos inversores eligieron creer y en algunos casos hasta justificaron el favoritismo desmesurado que le habían adjudicado al hijo de Jair Bolsonaro en los movimientos de las casas de apuestas. En fin…

Ahora alegan que las encuestas fallaron y que fueron engañados, pero quienes calibraron mal lo que los sondeos en verdad decían y quedaron comprados en exceso fueron ellos. Cada uno cree en lo que quiere, pero eventualmente llega el momento de pagar el precio.

Al final, la corrección de los precios se impuso de manera brusca, para devolverlos a la realidad previa a esa espuma, esto es la de un Brasil gobernado por Lula por cuatro años más.

La rueda debió ser interrumpida debido a la masividad de las pérdidas, y finalmente el índice Ibovespa terminó 14% abajo, mientras que el dólar trepó 8% en una sola rueda —algo sin precedentes desde 1999—para cerrar a 5,40 reales.

El Congreso se adecua a la nueva era

Los financieros no fueron los únicos agentes del establishment obligados a recalcular.

En el Congreso, se descontaba que los pequeños partidos conservadores que suelen vender su apoyo a los gobierno de turno —políticamente, claro—, los del centrão, iban a juntar fuerzas con el bolsonarista Partido Liberal (PL). Sin embargo, con el resultado del domingo en la mano, sus principales referentes creen que hubo apresuramiento en aquellos indicios y, esperablemente, ahora se declaran dispuestos a negociar con el Partido de los Trabajadores (PT) en pos del interés nacional.

«Brasil necesita un gobierno de coalición». «Necesitamos recorrer un camino menos traumático como país». «El nuevo gobierno encuentra un escenario de antagonismo, pero esperamos que actúe con madurez». «Los partidos del centro tienen la gobernabilidad en su ADN». Esas y otras frases por el estilo fueron lanzadas por legisladores del sector a O Globo para comenzar a preparar el terreno.

La Justicia come su plato frío

El candidato derrotado habló de fraude —sin motivos valederos—, pero, presionado por sus aliados y conciente de que la Justicia lo rechazaría, desistió de presentrar un pedido de nulidad; ahora dice qiue solicitará la descalificación de la fór,ula vencedora por presuntos abusos. Pura charlatanería.

Tanto el Tribunal Superior Electoral (TSE), autoridad en la materia, como la máxima corte del país, el Supremo Tribunal Federal (STF), ya habían filtrado su rechazo por entender que la prolongación del tiempo de votación por dos horas, el domingo por la tarde, benefició o perjudicó del mismo modo a las dos candidaturas, que la diferencia de 4,4 millones de votos a favor de Lula fue suficientemente grande como para ridiculizar los reclamos y que los propios apoderados de Bolsonaro habían pedido justamente esa medida en una serie larga de municipios.

Es más, el desconocimiento inicial del resultado fue considerado por algunos magistrados como una demostración más de la vocación golpista del bolsonarismo, por embestir contra una decisión de un poder independiente. Los antecedentes de 2022 y 2023 no le juegan precisamente a favor a la extrema derecha.

Javier Milei —el gran derrotado internacional del domingo— toma nota de la señal de Donald Trump —el otro vencido—, quien habló de unos comicios que «parecieron amañados» y en cualquier momento saldrá con los tapones de punta. Mientras, actuando más como presidentes que como virreyes al estilo del argentino, los presidentes derechistas Santiago Peña —Paraguay—, Rodrigo Paz —Bolivia—, Daniel Noboa —Ecuador—, José Raúl Mulino —Panamá— y hasta la Cancillería de Delcy Rodríguez ya felicitaron al vencedor. Ni hablar, claro, de la mexicana Claudia Sheinbaum.

Ayer fue hace tanto tiempo…

Con ese trasfondo espeso, hasta el PL dejó a Flávio B. solo en su patriada.

Según escribió la periodista Bela Megale en O Globo, «una parte significativa de los líderes del PL considera que la postura adoptada por Bolsonaro representa un error político y podría acarrear consecuencias negativas para el partido. El principal argumento de los dirigentes es la diferencia de 4,4 millones de votos obtenida por Lula, la que se considera lo suficientemente amplia como para desarticular cualquier intento de impugnar el resultado electoral».

Los amigos de ayer hacen suyos los argumentos de los tribunales.

Flávio Bolsonaro, el hombre radiactivo

Más significativo, el propio excandidato corre el riesgo de volverse radiactivo: por primera vez sin mandato legislativo ni fueros en 20 años, Flávio Bolsonaro queda inerme ante el escrutinio del Supremo. Tanto es así, que una declaración desafortunada —una más— de su hermano Eduardo en Estados Unidos, donde se encuentra prófugo de la Justicia, motivó que la Policía Federal, por orden del Supremo, le diera al presidenciable frustrado 24 horas de plazo para entregar su pasaporte.

Eduardo había sugerido que, en caso de perder, Flávio debía segiur sus pasos y refugiarse en Estados Unidos. Eso fue aprovechado por la bestia negra del bolsonarismo, el supremo Alexandre de Moraes, para ordenar la incautación de ese documento de modo de evitar que el actual senador eluda las múltiples investigaciones que se siguen en su contra, desde las correspondientes a lavado de dinero hasta recepción ilegal de aportes del banquero preso por fraude Daniel Vorcaro.

La pelea de los Bolsonaro con los ministros del alto tribunal explica en alguna medida la picardía del domingo.

Más allá de que los colectivos que no funcionaron con la frecuencia que debían en municipios de la derecha —el bolsonarismo también hizo de las suyas—, lo que motivó el pedido de extensión de la votación por parte del PT, y de las inclemencias climáticas que habían suscitado un reclamo equivalente del PL, alguien pudo haber metido la cuchara contra Flávio.

¿Fue prudente el retador al hacer pública y tomar como bandera de campaña la idea de deshacerse, juicios políticos mediante, de por lo menos tres miembros del Supremo?

El mencionado De Moraes, clave en la condena por golpismo contra Jair Bolsonaro y vinculado al mismo banquero que el político caído en desgracia, era un blanco seguro, pero no el único.

Entre otros apuntados se mencionaba a los presuntamente lulistas Flávio Dino y Dias Toffoli.

Cristiano Zanin, exabogado personal de Lula, también tenía motivos para no quedarse tranquilo esperando un triunfo de la extrema derecha. Tal vez por eso decidió exprimir al máximo su devoción por la voluntad popular extendiendo el domingo el horario de votación.

De Morales ya decidió que un ataque es la mejor defensa y Zanin parece tener poco que temer.

(Nota publicada en Letra P).