Esta semana, George W. Bush volvió a la escena pública con una impúdica defensa de la tortura, explicando cómo ésta salva vidas, pero no diciendo nada acerca del hecho de que donde más se aplicó fue en Irak, país invadido, hoy se sabe, sin justificación y sin la más mínima conexión con la llamada “guerra contra el terrorismo”. Defendió, en particular, el waterboarding, una variante del submarino (ver imágenes) que le parecía suficientemente efectiva y a sus abogados, legal.
Hasta abril del año pasado, Barack Obama sugería que las órdenes de su antecesor serían investigadas y, aun más, judicialmente sancionadas.
Pues bien, Obama tuvo la oportunidad de cumplir con sus promesas, pero, una vez más, no lo hizo. La CIA destruyó videos de interrogatorios de sospechosos de terrorismo (realizados en 2002, tras el 11-S), en los que presuntamente se aplicaban torturas, pero el “Departamento de Justicia” decidió no presentar demandas contra los responsables.
¿Se podrá juzgar fuera de Estados Unidos lo que ese país encubre?