Javier Milei, así en 2023 como en 2027.
A falta de buenas noticias económicas, el Presidente apela a las recetas que le rindieron en 2023, cuando era un outsider. ¿Son aplicables desde la casta?
Atento a que el Gobierno no consigue «liquidar» la inflación ni logra que la economía arranque y a que no acierta en explicar por qué no cumple esas metas centrales, Javier Milei, ya lanzado a su campaña por la reelección, ya ensaya la reedición de la receta que le rindió 2023: la instigación de la rabia.
Tres rápidas citas bibliográficas serán de ayuda para lo que sigue.
- Como el populista de derecha que es, el Presidente vuelve a apelar a las categorías que María Esperanza Casullo despliega en su libro ¿Por qué funciona el populismo?, fenómeno que define por la existencia de un «mito», una cierta construcción de la idea de «pueblo», el señalamiento de enemigos, la traición a la patria por parte de quintas columnas, amenazas externas y un discurso divisivo en torno a «nosotros» y «ellos». Todo eso aparece en el nuevo-viejo Milei.
- Para desesperación de ciudadanos responsables, periodistas con estómago o profesionales del fact-checking, falta todavía algo más para que se consume el retorno: la mentira, la distorsión o el mero sinsentido como estrategia. Así, como explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, «tras el aparente disparate de las noticias falsas y las teorías conspirativas se oculta una lógica muy sólida. Desde el punto de vista de los líderes populistas, los hechos alternativos no son un mero instrumento propagandístico. A diferencia de la información fehaciente, son un formidable factor de cohesión».
- «‘El loco’, el apodo que se había ganado Milei en el primer año y que le iba a durar toda la secundaria, era toda una excentricidad dentro de la escuela» Copello, escribe, en su ya célebre libro, el periodista Juan Luis González.

De Regreso, El Loco
Todo lo mencionado apareció el domingo a la noche en una nueva entrevista que el Presidente le concedió a Luis Majul en La Nación +.
Es el líder que encabeza a un pueblo compuesto por «argentinos de bien», azote de «enemigos», traidores, amenazas externas e internas.
El francotirador de fake news y de conspiranoias tan sistemáticas que son el producto más verosímil de una estrategia que de una alucinación.
Por último, el excéntrico del Copello, aunque queda por verse si lo que le funcionó como outsider le servirá también ahora que es casta.
El zócalo de la entrevista, honesto, rezaba: «Reformas y economía, rumbo a las elecciones de 2027».
Divide y reinarás
El desgaste propio de la gestión ya causa una evidente fatiga de material, lo que por ahora tiene un efecto dual: por un lado, el mantenimiento de un núcleo duro fiel, pero insuficiente para conquistar la reelección; por el otro, un nivel de rechazo creciente, pero que mezcla voto irrecuperable y otro acaso susceptible de vuelta a la ultraderecha si se le agitara lo suficiente el espantajo del kirchnerismo. Eso explica la decisión de retomar el disruptivo libreto conocido. El libreto del Loco.
Según surge de la encuesta difundida el domingo por Zuban Córdoba, la adhesión sigue siendo –según el tipo de pregunta que se plantea– superior al 30% y cercana al tercio conocido, mientras que el rechazo supera el 60% y en algunos temas orilla peligrosamente los dos tercios. Si esas percepciones se transformaran en voto, Milei estaría en una cornisa: con un rechazo rotundo de más del 60%, la reelección se haría inviable tanto en primera como en segunda vuelta.

La pregunta, entonces, es si todo lo que habita ese espacio está definitivamente alejado del oficialismo. Los estrategas del mileísmo, con Santiago Caputo a la cabeza, descuentan que no y por eso se lanzan a la polarización extrema del guion de 2023.
Si, a ojo, Milei sigue contando con al menos un 30% de fidelidad y el peronismo –sea lo que sea que eso signifique a esta altura– con otro tanto, la verdad de las elecciones del año que viene se dirimirá en las conductas que primen en el 40% «del medio».
¿Cómo será abordado ese sector? ¿Con moderación? Para nada. Ese «medio», cabe recordar, es sólo geográfico, pragmáticamente materialista y para nada adscripto a centrismos que se siguen fecundando in vitro, sin que por ahora prendan.
El juego, entonces, es polarizar al extremo para hacerle fracking a ese 40%, de modo de sacar de allí petróleo y llevarlo hacia la derecha en una proporción suficiente para alcanzar el 40 o el 45% de los votos necesarios para vencer o, incluso, una mayoría si hiciera falta un ballottage.
Ahí aparece la entrevista con Majul como un compendio perfecto de mensajes.
Una melodía de notas sostenidas
Milei se vale de todo lo mencionado al principio de esta nota: la construcción populista, la división maniquea de la sociedad, la justificación de la violencia verbal como arma imprescindible de la lucha del líder, el enemigo externo del «comunismo» –ahora brasileño, que paga «campañas antiargentinas» y, divagó fuera del recipiente, supuestamente puso 1000 millones de dólares en la campaña de Sergio Massa–, el cuco del kirchnerismo que destruye a la nación y al que es lícito macartear, y hasta la acechanza –inquietante por lo invisible– de un presunto «terrorismo».
La campaña será una melodía en notas sostenidas.
Conviene rescatar algunos tramos textuales del viejo-nuevo Milei.
Desafiado, digamos, por el entrevistador respecto de la aspereza de sus modos, Milei replicó, exasperado, que «la verdad le gana a cualquier modo. ¡Vamos por las formas y que nos sigan robando! O sea, ¿usted prefiere que nos roben, que nos estafen, que nos maten?».
«Mire, yo tengo unas formas horribles, sí, pero ¿sabe qué? Tengo resultados», añadió, tratando de convertir, una vez más, un rasgo incivil en la marca de algo genuino.
El hombre ya avisó sobre cómo se conducirá. Con todo, vale una pregunta: ¿qué sería de él si una mayoría juzgara que no tiene la eficacia que se adjudica?
En busca de una ruptura
En una continuidad del tema anterior, Majul le mencionó sus recientes insultos contra Luiz Inácio Lula da Silva durante un acto de campaña de Flávio Bolsonaro en San Pablo. «Lo trató de ‘ladrón’ y de ‘presidiario'», fingió reprocharle. «La pregunta es: ¿mentí?», replicó el mandatario, ante lo cual el comunicador admitió estar de acuerdo, pero volvió a limitar la cuestión a un problema de formas.
«No, no, no, no, no, no. A ver. ¡Es ladrón. Es ladrón. Es un ladrón. Es un corrupto! Fue condenado por ladrón y corrupto. Estuvo preso, con lo cual también es cierto lo de presidiario, y no sólo eso: lo liberaron por una falla administrativa del procedimiento, no por ser inocente. Por lo tanto, ¡es ladrón y es un corrupto! ¿Qué más?», desafió Milei cometiendo un error jurídico: una persona es inocente si la Justicia, por la razón que fuera, no prueba su culpabilidad en el marco del debido proceso.
La curiosidad es doble.
Por un lado, decidió no aprovechar la decisión del gobierno de Brasil de desescalar la tensión y de volver a despachar al país a su embajador, Julio Bitelli. Si el Presidente insiste, es porque desea forzar una ruptura, confiado acaso en que polarizar ayude allí a su aliado de extrema derecha y acá, a él mismo.

Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva.
Por el otro, llama la atención el modo en que se refiere a lo que motivó la anulación de las causas de la operación Lava Jato contra Lula. A lo que le baja el precio como «falla administrativa» fue, según el Supremo Tribunal Federal, un abuso judicial masivo que incluyó una estrategia de Sergio Moro para quedarse con una causa de la que no era juez natural, una condena con pruebas insuficientes, declaraciones de delatores arrancadas con abuso de presiones y prisión preventiva, comprobada colusión impropia entre el juez –garante del proceso– y los fiscales –acusadores–, escuchas ilegales y otras inconductas.
Ética de la indiferencia
En otro tramo, apeló a ese nuevo macartismo que es el antikirchnerismo, versión 2.0 de un antiperonismo tan viejo como el propio peronismo.
Consultado sobre el récord de morosidad de las familias en el sistema financiero, se apegó a la Doctrina Toto Caputo del «problema entre privados», como si el Gobierno no tuviera nada que ver con el derrumbe inducido de los salarios, las jubilaciones y demás ingresos populares, con el nivel de las tasas de interés y con la debida –e incumplida– regulación del crédito. Además, aseveró que eso «es uno de los efectos colaterales del ataque del kirchnerismo», un complot que él cranea como ocurrido en la previa de las legislativas.
Ese universo de ya unos seis millones de deudores está compuesto, en una medida no menor, por votantes de Milei del segundo turno de 2023. Es probable que no les caiga bien la ética de la indiferencia contenida en la recomendación de que se arreglen solos, pero ocurre que el Presidente ya no les habla a ellos, sino a los otros –también miembros del 40% del medio– a los que les gusta la idea de que no es correcto que la sociedad pague por los presuntos errores de cálculo de quienes se endeudaron.
Con ir mordiendo partes podría alcanzar…
El fantasma del terrorismo
Más seria fue su reinterpretación del pensamiento de Antonio Gramsci, uno de los grandes teóricos marxistas del siglo XX, que sería reivindicado décadas más tarde por el eurocomunismo. Antes de morir en una cárcel del fascismo, el intelectual desarrolló la idea de que, en las sociedades occidentales, la revolución requeriría una prolongada disputa por la hegemonía en la sociedad civil y por el sentido común. Agustín Laje, entre otros extremistas de derecha, no hacen más que aplicar una lectura tosca e inversa del gramscismo, que es la que le llega digerida a Milei.
«La estrategia de Gramsci, digamos, de tomar la educación, de tomar los medios de comunicación, de tomar la cultura y de tomar el Estado pasó a una etapa 2.0. Los meten como estudiantes, como profesores, como investigadores… Eso hizo Cristina Fernández de Kirchner, ¿sí?, y abrió esta puerta. Entonces usted tiene terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores, terroristas disfrazados de investigadores», deliró.
«¿Usted dice que que vienen de Rusia, que es una conspiración internacional?», quiso saber, curioso, Majul. «No, no, no, no, no. Acá no hay conspiración, yo le estoy describiendo qué es lo que pasa», cerró la cuestión el Presidente.
El empeño en ahogar a las universidades, en empobrecer a los profesores, en hambrear a los investigadores y en odiar al 95% de los periodistas acaso responda a algo más que al simple oscurantismo o a la lógica de un ajuste ilógico.
Todo, aparte, cuando Milei se abraza a la doctrina «Donroe» por la que Donald Trump considera al continente, más que un «patio trasero», una simple propiedad inmueble que pretende hacer suya mediante con un Escudo de las Américas, concepto basado en la militarización de áreas sensibles de la seguridad interior.

Cuidado: habría «terroristas» entre nosotros. Acaso quien escribe y quienes leen estas líneas lo sean.
¿La advertencia es solo una estrategia o cabe la posibilidad de que el Presidente se la crea?
