Dólar barato sale caro: quiénes seguirán perdiendo con el modelo al que se aferra Javier Milei.

Javier Milei se aferra al atraso de la divisa, que niega con piruetas técnicas y medias verdades. Quiénes pagan los platos rotos del operativo reelección.

Aun cuando faltan 13 meses para las elecciones presidenciales de 2027, el Banco Central viene de reforzar su posición de reservas y el mercado se mantiene estable –al menos en la superficie–, el valor del dólar vuelve a instalarse como el tema más ácido de la discusión pública.

Javier Milei afirma que no está más barato gracias a su gestión y Toto Caputo esgrime los datos del superávit comercial para descartar cualquier posibilidad de atraso, pero parte de los especialistas señala todo lo contrario y adjudica a ese problema un freno perceptible de la actividad.

¿Qué está detrás de esa involución, uno de los grandes talones de Aquiles de un modelo económico que será plebiscitado cuando Milei busque la reelección el año que viene? ¿Acaso ese karma nacional llamado «dólar»?

La realidad, un escollo insalvable

«Fenómeno barrial», volvió a postear, jactancioso, el Presidente al citar un artículo de The Economist, una de las biblias mundiales del liberalismo, sin que se sepa si no leyó o no entendió lo desdoroso que el texto le achacaba.

«‘Hay mucho más gasto para recortar y muchos más impuestos para bajar’, enfatiza el presidente de la Argentina en una entrevista. Sin embargo, con su índice de aprobación neta personal profundamente negativo, el experimento de libre mercado de Javier Milei pende de un hilo», inquietó la publicación.

«La mayoría de las políticas económicas de Javier Milei son las correctas. Pero hoy los argentinos se preocupan más por el empleo que por la inflación. Ha llegado el momento de que su presidente construya sobre las bases que ha establecido», urge el artículo, que reclama «menos gritos y más crecimiento».

The Economist se refirió así a lo que los datos del INDEC terminaron de confirmar este jueves: la contracción de la economía de 0,6% en el segundo semestre, probable anticipo de una nueva retracción en el tercero, cosa que consagraría el paso de la estanflación precedente –un régimen de estancamiento económico con alta inflación– hacia una recesión hecha y derecha.

Otro dato negativo de la jornada, también provisto por el INDEC, es un reflejo de lo anterior: el deterioro del empleo.

La desocupación abierta subió levemente entre el segundo trimestre del año pasado y el del actual, al pasar de 7,6% a 7,9%.

Con todo, lo más serio es que el trabajo informal pasó en un año del 43,2% al 45%.

Más allá de los porcentajes, el instituto oficial cifró en 348.000 personas de carne y hueso ese crecimiento en los 31 conglomerados poblacionales relevados, lo que elevó el universo del trabajo en negro a 6,1 millones de argentinos.

Hace poco más de un mes, el viceministro de Economía, José Luis Daza, se confesó en la Experiencia IDEA Rosario al aseverar que «el sector informal ha sido una salvación» para el plan de ajuste, ya que sin su «dinamismo» el desempleo habría trepado a más del 20%.

En algún momento habrá que evaluar las promesas fallidas de la reforma laboral.

¿El problema es el dólar?

Ignacio Olivera Doll y Manuela Tobías publicaron en Bloomberg –otro medio extremadamente influyente en la comunidad de negocios del país y del exterior– un interesante artículo titulado El peso fuerte de Milei está frenando el crecimiento económico de la Argentina.

¿De qué manera? El uso del tipo de cambio como un ancla para bajar la inflación afecta a la industria, el comercio minorista y la construcción, golpea a los sectores más útiles para la creación de empleo e impone tasas de interés que limitan el crédito y la inversión.

Caputo se aferra a los datos del comercio exterior para alegar que, en tanto hay superávit, no se puede hablar de atraso.

De hecho, entre enero y julio, las exportaciones crecieron 22,9% frente al mismo período de 2025 y treparon a 58.365 millones de dólares. Así y gracias también a la ralentización de importaciones, que se contrajeron por la propia retracción de la actividad, el superávit comercial llegó a 16.080 millones.

Medias verdades: lo que omitió es que las cotizaciones de los principales productos de exportación se volvieron muy favorables en el contexto de la guerra en el golfo Pérsico, y que sólo la novedad de Vaca Muerta aportó en ese período nada menos que 9.151 millones de dólares, un impresionante 26,6% más que un año atrás.

Milei, por su parte, aguantó los trapos con un argumento propio de la «fatal arrogancia» que tanto ha reprochado a sus enemigos.

En declaraciones que expusieron una vez más su creciente nerviosismo y violencia, les dictó unas cuentas sencillas a sus interlocutoras en el canal de streaming ultraderechista Neura para llegar a la conclusión de que 1071,7 pesos «debería ser el tipo de cambio si no hubiéramos comprado 15.000 millones de dólares (para las reservas del Banco Central). Vayan a decirles a los imbéciles (ese es uno de los dos insultos más usados por el Presidente, según reveló Sebastián Iñurrieta en Letra P) que el tipo de cambio está atrasado».

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Más medias verdades: el Central compró, sobre todo, en la temporada alta de la soja y ahora, cuando las coberturas cambiarias se aceleran respecto de los tiempos electorales habituales, ralentiza notablemente esas adquisiciones y apela a intervenciones fuertes con papeles dollar-linked –en pesos, pero pagaderos de acuerdo con el tipo de cambio al momento del vencimiento– y con operaciones de futuros.

Por otro lado, mantiene el cepo para las empresas, lo que le resta un volumen importante a la demanda.

¿Cuál sería el valor del dólar si se hiciera la cuenta completa?

El dólar, en un nuevo paradigma

Otro modo de ver la cuestión pasa por la evolución de la moneda estadounidense respecto del resto de los precios de la economía. El billete mayorista avanzó 3,6% en lo que va del año frente a una inflación acumulada –auanque subestimada– a fin de agosto del 21,3%.

Fuente: Rava Bursátil.

Fuente: Rava Bursátil.

Hay que reconocer que el argumento del comercio exterior tiene peso. De hecho, si el saldo de divisas le da bien al país y hasta mejora las chances de manejar la dolarización de carteras que se acelerará en la previa electoral, ¿para qué empobrecer a toda la población con una devaluación que resultaría inevitablemente inflacionaria?

Sin embargo, también tiene sentido el evidente atraso de la cotización respecto del resto de los precios. ¿Entonces?

Vaca Muerta, una bendición todavía no debatida a fondo en lo que hace al mejor modo de aprovecharla, modifica el paradigma económico conocido. Al sumar un motor exportador nuevo a la estructura productiva, impacta positivamente en las cuentas externas, sobre todo cuando los términos de intercambio resultan favorables en prácticamente todos los renglones.

Este dólar, con estos precios internacionales, puede ser adecuado para el petróleo, el gas, la soja, la carne, la minería y otras actividades primarias de sesgo exportador. Sin embargo, sumado a una apertura a las importaciones y al marasmo políticamente inducido de la demanda popular, destroza la industria nacional.

A la tribuna mileísta le gusta discutir este punto extremando las posturas. Plantear que el tipo de cambio efectivo actual, que incluye los aranceles a los productos importados, no resulta confortable para toda una economía que es más que extractivismo los anima a plantear un falso debate: apertura total o proteccionismo extremo. Ajena al modo en que el mundo discute estas cosas serias, se hace trampa jugando al solitario.

Otro motor de la actividad y del empleo es la construcción, atrapada por una tenaza: por un lado, la cancelación de la obra pública; por el otro, costos en dólares que vuelan por el mencionado descalce entre inflación y evolución del tipo de cambio.

Para el Gobierno, llegar a octubre de 2027 con una inflación perceptiblemente en baja es una carta electoral fundamental. Para eso, no duda en pisar el dólar, estimular las importaciones, deprimir los ingresos populares y romper lo que queda de industria nacional, toda ella, tanto en sus segmentos menos competitivos –textiles, calzados y otros intensivos en mano de obra y, por lo tanto, complicados para competir con Oriente– como en los que perfectamente podrían resultar viables.

El tsunami de la economía de milei está en plena progresión. Recién cuando el agua baje se verán verdaderamente los daños que habrá dejado a su paso.

(Nota publicada en Letra E).