La apuesta fuerte de Javier Milei por Malvinas no quedará sin respuesta del Reino Unido.
El Presidente confía en la banca de Estados Unidos, pero toma riesgos. ¿Hacia unas islas y un Atlántico sur más militarizados? Los caminos de la represalia.
Azuzado por la metamorfosis nacionalista de Javier Milei –amparada por Donald Trump–, el primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, resiste la presión de las oposiciones de derecha y ya prepara el vuelto para la Argentina: ¿refuerzo militar en Malvinas, sanciones o, acaso, la carta más dolorosa: una aceleración del plan para extraer petróleo?
La líder conservadora, Kemi Badenoc, envió dos mensajes fuertes. Uno, a Milei, a quien le recomendó que, ya que «admira a Margaret Thatcher«, aprenda la lección que le falta: que «Gran Bretaña no se rinde ante matones». Dos, al premier laborista le dijo que salga del «adormecimiento» y que entienda que «la locura» de su antecesor y compañero de partido, Keir Starmer, de haber entregado las islas Chagos a Mauricio [en 2024] es lo que ahora alienta a otros a «probar suerte».
En tanto, el ultranacionalista Nigel Farage, segundo detrás del laborista en las encuestas, acusó de debilidad a Burnham y lo puenteó al pedirle al rey Carlos que confronte a Trump.
La frase malhadada de Javier Milei
El tema Malvinas está presente en la sociedad británica solamente en la generación que vivió la guerra, esto es en la población de alrededor de 50 años o más. Para los jóvenes, la cuestión no existe. Sin embargo, que un extravagante político sudamericano desafíe al viejo imperio es una ofensa grave, especialmente para el electorado de derecha, pero no sólo para este.
Esto explica que el tramo de la cadena nacional que peor cayó allí sea el que aludió al Reino Unido como una potencia «en declive», contrastante con una Argentina presuntamente «floreciente». Todo un atrevimiento.
Sin demasiado margen, pero con la posibilidad de convertir la crisis en oportunidad, el jefe de Gobierno advirtió que «nuestras Fuerzas Armadas están en alerta las 24 horas del día y los siete días de la semana para proteger al Reino Unido y nuestros intereses».

Andy Burnham, premier británico, prepara la respuesta a Javier Milei.
Después de las palabras, se le reclama un golpe de efecto real.
El «peligro Malvinas»
La prensa, tanto la de calidad como la amarillista, también reclama acción.

La prensa británica interpretó la cadena nacional de Javier Milei prácticamente como una amenaza de invasión a las Islas Malvinas.
Es notable que la cadena nacional del jueves a la noche haya sido interpretada en Londres casi como una amenaza de guerra. A eso contribuyó, sin dudas, el tono belicista que usó el Presidente.
Además, el propio mandatario estadounidense hizo lo suyo al referirse en una entrevista con un canal británico a la guerra de 1982 como «la primera» entre el Reino Unido y la Argentina. ¿Será que piensa en otra?
Las opciones de Burnham son variadas y, para su suerte, carentes de costo. De mínima, alguna visita de un funcionario de alto rango a las islas como gesto de compromiso y, de máxima, un refuerzo simbólico para la base militar que asegura la usurpación. Así, tras la proclama del jueves, el Atlántico sur podría terminar más militarizado que antes.
En medio de las especulaciones de guerra de la prensa, el prestigioso The Independent estimó que si bien «Argentina amenazó con apoderarse de las Malvinas, hay un problema: sus Fuerzas Armadas están en ruinas».
El talón de Aquiles de la energía
Otras alternativas del premier laborista pasan por medidas de represalia económica y, todavía más relevante, alguna acción para ayudar a la petrolera local Rockhopper y a su socia israelí Navitas a acelerar la extracción de crudo en la cuenca Sea Lion, ubicada en el mar 220 kilómetros al norte de las Malvinas.
Tras las tardías pero elogiables amenazas de sanciones de Milei, que afectarían incluso a compañías proveedoras de servicios de las mencionadas, además de a sus directivos y accionistas, las acciones de ambas empresas cayeron el viernes 6,41% 2,32%, respectivamente. Sin embargo, aunque la extracción de los primeros barriles de petróleo está prevista para 2028, algún resultado previo a las elecciones argentinas del año próximo podría suponer un golpe político para el desacatado Milei.

Las acciones de las petroleras que pretenden explotar el crudo de las aguas que circundan a las Islas Malvinas cayeron fuerte tras las medidas lanzadas por Javier Milei.
Eso sería un game changer en el conflicto: la administración kelper se enriquecería en una medida mucho mayor que lo que ya le aporta la pesca, se haría capaz de solventar por sí misma los costos de su defensa y le brindaría a la metrópoli una riqueza estratégica cuyo alcance todavía se investiga.
Más allá de la instrumentalización de la causa Malvinas realizada por Trump para dañar al Reino Unido –¿o sólo para disciplinarlo?– por su resistencia a ayudarlo a salir del entuerto de la guerra con Irán en el estrecho de Ormuz y a entregar más fondos para costear los gastos de la OTAN, en Londres consideran que la ofensiva del Presidente se explica en buena medida por la necesidad eludir responsabilidades ante una eventual noticia negativa sobre la cuestión petrolera durante la campaña, según supo Letra P.
Toto Caputo y la London Argentina Week
Si de torsiones financieras se trata, no se debe olvidar que el Banco Central transfirió su oro al exterior hace dos años, todo indica que a Londres.
Por lo pronto, pareciera que el staff de Cancillería respirará aliviado por la falta de contexto para la realización de una Argentina Week en esa ciudad, proyecto políticamente imprudente que empujan desde hace meses Toto Caputo y la embajadora Mariana Edith Plaza, y que tenía fanatizado a Milei hasta su repentino brote malvinero.
En la Secretaría de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur del Palacio San Martín también se festejó la adopción de medidas contra las empresas que depreden recursos naturales en aguas nacionales, objetivo por el que los funcionarios del área venían bregando.
El Gobierno le pone épica al asunto y asegura que la SIDE le elevó a Milei en diciembre del año pasado un informe de inteligencia sobre los avances en la explotación petrolera en torno a las islas. La verdad es que los planes de Rockhopper y Navitas eran ampliamente conocidos desde hace años y que el personal del Palacio San Martín se cansó de alertar sobre eso.
Tan evidente fue el asunto que dichas firmas anunciaron públicamente en ese mismo mes de 2025 su Decisión Final de Inversión (FID) para desarrollar la Fase Uno del yacimiento con un presupuesto consolidado de 1.800 millones de dólares.
Hasta informaron de ello oficialmente a la Bolsa de Londres…

El peligro de la Base Donald Trump
¿Estará Estados Unidos detrás del proyecto de construcción de la base naval integrada en Tierra del Fuego para hacer pie en el paso meridional entre los océanos Atlántico y Pacífico, además de agigantar su sombra sobre la Antártida?
Ese es el cálculo del Gobierno, aunque cabe dudar de la disposición del Congreso a aceptar semejante cosa. No vaya a ser que, al final del día, la Argentina se quede sin las Malvinas y con una base norteamericana enclavada en su territorio. En ese punto, la ganancia de relaciones públicas obtenida por el Gobierno desde el jueves a la noche podría resultar efímera.
Lo anterior no apunta a un nacionalismo vacío. Una presencia norteamericana en el extremo sur del continente convertiría a ese sitio –a la Argentina, en definitiva– en un objetivo cantado para los sistemas nucleares de China y Rusia. No por nada el recelo crece en el cuerpo diplomático y en las propias Fuerzas Armadas.
¿Cuánto vale Javier Milei?
El Reino Unido, claro, sabe todo eso y además no cree que la Argentina sea «el aliado confiable» de Estados Unidos que proclamó Milei, sobre todo cuando en 2027 podría ocurrir que el peronismo vuelva al poder y cuando las encuestas hasta registran un crecimiento de la izquierda trotskista. Este país es un albur.
Por otro lado, sabe que el jefe de la Casa Blanca dice hoy una cosa y mañana otra y que el «momento Trump» tiene fecha de vencimiento: por lo pronto, al final de su mandato final, el 20 de enero de 2029, pero posiblemente, en los hechos, antes, si las midterms de noviembre lo convierten en un temprano pato rengo.

Javier Milei se apoya en Donald Trump para elevar el tono del reclamo por Malvinas, pero el estadounidense es un presidente a plazo fijo.
En definitiva, la interdependencia entre los socios de la añeja «relación especial» es enorme y está blindada en el mediano plazo.
El Reino Unido es el séptimo socio comercial de los Estados Unidos, y este país es el principal para el anterior.
Además, ambas naciones constituyen el corazón de la alianza Five Eyes (Cinco Ojos, FVEY), vigente desde 1946, en la que comparten información de inteligencia global con Australia, Canadá y Nueva Zelanda.
Asimismo, la imbricación de los aparatos militares es enorme, sobre todo para el Reino Unido: su sistema nuclear descansa en misiles instalados al ciento por ciento en submarinos que funcionan en base a hardware, software y mantenimiento estadounidenses. Es decir que los límites de la rebeldía de Londres también son acotados.
La aporía de la diplomacia nacional
¿La Argentina está atada de manos, entonces? Más allá del objetivo de recuperar las Malvinas –que probablemente excede lo que puede esperarse en una generación, por lo menos–, ya que cuenta con apoyo de Estados Unidos podría, por caso, acudir a las Naciones Unidas para obtener una condena a la extracción de petróleo en un área en disputa y listada por el organismo como sujeta a descolonización.
El problema es que sin Washington eso no se puede, pero que con Washington no alcanza. En el fondo, la causa Malvinas requiere de una estructura de política exterior totalmente diferente del alineamiento automático actual, una que, por ejemplo, no enfurezca a China como lo ha hecho desde diciembre de 2023 y, especialmente, en los últimos días.
Malvinas puede resultar un tema explotable por el Gobierno en el corto plazo, pero a fin de cuentas le supone una aporía: en sus términos que lo plantea, el asunto no tiene solución posible.
(Nota publicada en Letra P).
